21-03-2026, 03:50 AM
[personajeinvalido=3367]
Los movimientos son densos, como si una capa viscosa y oscura lo hubiese recubierto por completo, ralentizando incluso la velocidad a la cual se manifiestan sus propios pensamientos. Lo último que recordaba era la pelea con Kael, sus palabras casi viscerales en referencia a lo que ocurrió aquel día, y la cicatriz que le mostró sólo a él. ¿Dónde estaba? ¿Y el resto? Incluso aunque quería apartar el velo lúgubre que lo abruma le resultaba imposible distinguir algo, o siquiera comprender qué es esa sensación de movimiento constante que lo inunda.
La escena se repite incluso en el mar negro que parece habitar, formándose la silueta de su amigo frente a él. Intenta responderle lo que en aquel momento no pudo por alejarse de la energía que él mismo provocó, pero de sus labios no sale ninguna palabra, las susodichas se arremolinan en su garganta, formando un nudo que lo lleva a sujetarse el cuello con ambas manos. Abre bien los ojos, ¿siquiera estaban abiertos? No entendía el espacio onírico que lo rodeaba, y Omuyaga había desaparecido repentinamente, su presencia se había convertido en algo prácticamente constante alrededor del centro que él ocupaba.
Frunció el ceño, su pecho comenzó a sentirse raro, como si una sensación punzante tirase del corazón hacia afuera. La oscuridad difusa se vio similar a una superficie líquida bajo lluvias intensas, creando tantas ondas de movimiento que la presión comenzaba a volverlo loco. En cada uno de esos espacios observaba un recuerdo diferente, palabras que se entremezclaban y le regalaban una cacofonía de sensaciones que intentaba olvidar. Por fin entendió que esconder los dolores bajo la alfombra tenía un límite, y ese llegó allí, en su propio universo interno.
—Shin... —de pronto la escuchó, era Himari pronunciando su nombre. Hacía años que no la percibía con tanta claridad, incluso sintiendo el aroma a cerezos que acompañaba sus exhalaciones, cada beso compartido, culpándose por haber sido capaz de olvidar su voz con la misma intensidad que lo envolvía en ese momento. Una flecha lo atravesó, todo su cuerpo pasó a sentirse bajo la opresión de un sangrado emocional intenso, tumbando cada una de sus máscaras y defensas. No poder devolverle el llamado lo quemaba por dentro, era justo como el día en que la luz escapó de sus ojos.
Se sentó de golpe e inhaló una bocanada intensa de aire, como si hubiese estado sumergido bajo litros y litros inenarrables de agua. Un sudor frío le recorría la espalda, y el sonido metálico en su cuello no consigue alertarlo tanto pues lo que lo rodea se roba todos los focos de su atención. Si no fue el último en despertar, habrá ocupado de los últimos lugares, sin embargo algo está claro, y eso es que pese a todo su amigo estaba ahí.
¿Entonces por qué no podía calmar la sensación asfixiante que lo estaba haciendo sucumbir? El corazón le latía rápido, aún escuchaba la melodiosa voz de Himari llamándolo en algunos de los momentos más especiales que pasaron juntos, su pérdida volvía a sentirse reciente, como si de pronto todo el tiempo que lo ayudó a sanar mínimamente hubiese desaparecido, colocado otra vez en el punto de partida donde cada partícula de su cuerpo se volcaba al sufrimiento, y por si fuera poco... recordó a la presencia encima de la roca, juzgándolos en silencio, imponiendo su voluntad y mostrándole un mundo para el cual indudablemente no estaba listo.
Temblaba. Nunca le pasó algo como eso, y cuando se llevó ambas manos al rostro se topó con uno de los motivos por los cuales veía más oscuro de lo que la habitación estaba realmente. Las extremidades del albino mueven todo, y quitarse las gafas de sol rotas representan una acción más difícil de lo que realmente debería haber sido, arrojándolas a un costado con saña.
Intentó ponerse de pie pese al flaqueo de sus piernas, y lo consiguió de milagro, apoyándose en la pared más cercana. Hasta ese momento, sólo percibió la presencia de Omuyaga en el lugar, y es a él a quien se referiría. —¿Por... qué no me despertaste antes? —refunfuñó la queja, percibiendo incluso la dificultad que tenía para hablar. A medida que se recuperaba, intentaba volver al mismo tono habitual en él, jocoso, divertido y carismático, pero negar que le costó una inmensa cantidad de esfuerzo sería mentir.
—Olvídalo, estaba teniendo un... muy buen sueño. —titubea. Su corazón no se calma ni haciendo ejercicios de respiración, pero fue en ese momento, tras quitarse la mano del pecho, que observa hacia otra dirección y entonces percibe a dos presencias que le sonaban de algo, especialmente el moreno. Piratas de los Hanu Mahana, y ese chico había sido mencionado en el anuncio que dio la marina cuando aún estaban en Baterilla.
—Tú, tenemos compañía. —incluso si todo su cuerpo lo obligaba a temblar, pese a que esa sensación disminuía gradualmente, se dirigió a Omuyaga, sonando todo lo firme que su voz le permitió. —¿Ahora somos esclavos? Podrían habernos traído alguna presencia femenina para que la energía del grupo sea más... tolerable. —dibujó una media sonrisa en sus labios, transmitiendo la misma confianza que lo identifica, en parte para hacerle entender a su compañero que todo estaba bien.
En ese momento las diferencias que tuvieron hace algunas horas habían sido enterradas, Kael era su único aliado conocido en aquella sala, el colgante ardiendo bajo el metal negro le recordaba las prioridades. —Tú... eres Barald Kane, ¿cierto? —lo señaló con el dedo, y luego pasó al chico rubio. —Y tú... tú debes ser... —sí, revisó los wanted hace no demasiado tiempo, sin embargo, el hecho de que no haya sido mencionado por su superior le creó ciertas ganas traviesas de picarlo, y de pronto, Hasegawa parecía haberse distorsionado, con un tono de voz infantilmente ofensivo, encogiéndose de hombros de una manera exagerada.
Y habría echado una carcajada de no ser porque su cuerpo aún estaba resentido por los efectos de aquella extraña presión. Su burla sólo se quedó en una pequeña risa, a medida que volvía a apoyarse en la pared intentando mantener en orden esas sensaciones tan constantes. Los más perceptivos podrían notar pequeñas gotas de sudor frío recorriendo las facciones del marine, muy a pesar de que en actitud estaba ocultando lo más que podía ese repentino terror.
Desde allí pudo ver la puerta acorazada, cerrada de manera total y sin aparentes signos de que se pueda abrir por ese lado, motivo que lo hizo girarse a Kael para observarlo directamente a los ojos y asentir, una manera de decirle que confíe en él. —Está claro que somos de bandos opuestos. Pero les confesaré algo, soy de los marines que cree en las buenas personas, independientemente de las causas que sus grupos defiendan. —Hasegawa no podía ocultar lo evidente, llevaba el uniforme, más no la gorra pues había quedado perdida en combate. —Estarán tan... —la presión de su cuerpo volvió a afectarle, cerrándole la garganta —...precavidos, como nosotros. Pero está claro que tenemos un enemigo en común, por eso propongo colaborar. —sonaba distinto a otras ocasiones donde Omuyaga pudiese indicar imprudencia, desacato o acciones mal pensadas. Quizás era por el collar negro que encerraba su cuello, o su instinto realmente le decía que fuera de esa puerta había algo mucho peor que esos dos piratas, mismo sitio por donde se colaban los pocos hilos de luz que iluminaban la sala. —Y no hay nada mejor que empezar con... —se abrió el suspenso, durando varios segundos, hasta que finalmente se enderezó, alzó ambos brazos a la altura de su frente y cerró los ojos, con un tono confianzudo.
—¡Mi nombre es Hasegawa Shin! ¡Seré el mejor marine de la historia! ¡Me gusta el jugo de fresa! ¡Y odio el pan, porque engorda! —las manos aún le temblaban, pero los movimientos rápidos que se obligaba a hacer camuflaban ese leve efecto a medida que seguía haciendo el payaso, mirándolos por fin con sus ojos cerúleos, desde el punto inicial en donde estaba antes aunque sin apoyarse en la pared. —¡Y él es mi segundo al mando! Se llama... esto... ¿cómo te llamabas tú? —se giró hacia Omuyaga, ladeando la cabeza y haciéndose el idiota mientras se rascaba la frente. —Si se te ocurre como tumbar la puerta, prometo acordarme de tu nombre para siempre. —y asintió, como un niño feliz.
En su voz aparecieron leves cambios de tono con tendencia a lo agudo, sutiles, simbolizando el terror que afectaba su cuerpo, pero la payasada fue completada con éxito, y quedaba ver lo que responderían tanto los piratas como su fiel amigo y compañero de profesión ante semejante... espectáculo. Sí, quedémonos con ese término.
Los movimientos son densos, como si una capa viscosa y oscura lo hubiese recubierto por completo, ralentizando incluso la velocidad a la cual se manifiestan sus propios pensamientos. Lo último que recordaba era la pelea con Kael, sus palabras casi viscerales en referencia a lo que ocurrió aquel día, y la cicatriz que le mostró sólo a él. ¿Dónde estaba? ¿Y el resto? Incluso aunque quería apartar el velo lúgubre que lo abruma le resultaba imposible distinguir algo, o siquiera comprender qué es esa sensación de movimiento constante que lo inunda.
—Me da igual que te creas, parezcas o directamente seas invencible.
La escena se repite incluso en el mar negro que parece habitar, formándose la silueta de su amigo frente a él. Intenta responderle lo que en aquel momento no pudo por alejarse de la energía que él mismo provocó, pero de sus labios no sale ninguna palabra, las susodichas se arremolinan en su garganta, formando un nudo que lo lleva a sujetarse el cuello con ambas manos. Abre bien los ojos, ¿siquiera estaban abiertos? No entendía el espacio onírico que lo rodeaba, y Omuyaga había desaparecido repentinamente, su presencia se había convertido en algo prácticamente constante alrededor del centro que él ocupaba.
—El resto del mundo no lo somos.
Frunció el ceño, su pecho comenzó a sentirse raro, como si una sensación punzante tirase del corazón hacia afuera. La oscuridad difusa se vio similar a una superficie líquida bajo lluvias intensas, creando tantas ondas de movimiento que la presión comenzaba a volverlo loco. En cada uno de esos espacios observaba un recuerdo diferente, palabras que se entremezclaban y le regalaban una cacofonía de sensaciones que intentaba olvidar. Por fin entendió que esconder los dolores bajo la alfombra tenía un límite, y ese llegó allí, en su propio universo interno.
—Shin... —de pronto la escuchó, era Himari pronunciando su nombre. Hacía años que no la percibía con tanta claridad, incluso sintiendo el aroma a cerezos que acompañaba sus exhalaciones, cada beso compartido, culpándose por haber sido capaz de olvidar su voz con la misma intensidad que lo envolvía en ese momento. Una flecha lo atravesó, todo su cuerpo pasó a sentirse bajo la opresión de un sangrado emocional intenso, tumbando cada una de sus máscaras y defensas. No poder devolverle el llamado lo quemaba por dentro, era justo como el día en que la luz escapó de sus ojos.
'¡Shin!'
'Ignora al clan, sólo sigue el camino que indique tu corazón...'
'¿Qué es esa energía? ¡Brilla, Shin! ¡Brilla mucho!'
'Lo harás bien, Shin. Confío en ti.'
Un silencio abrupto invadió por completo aquel tifón de recuerdos.
Nuevamente estaban caídos, el uno frente al otro. Ella muriendo, él recordando ese asesinato para siempre.
'Me da igual...'
Su voz se fragmenta.
'...invencible'
La interferencia en su cabeza no cesa.
'El resto del mundo no lo somos'
Era hora de despertar.
Se sentó de golpe e inhaló una bocanada intensa de aire, como si hubiese estado sumergido bajo litros y litros inenarrables de agua. Un sudor frío le recorría la espalda, y el sonido metálico en su cuello no consigue alertarlo tanto pues lo que lo rodea se roba todos los focos de su atención. Si no fue el último en despertar, habrá ocupado de los últimos lugares, sin embargo algo está claro, y eso es que pese a todo su amigo estaba ahí.
¿Entonces por qué no podía calmar la sensación asfixiante que lo estaba haciendo sucumbir? El corazón le latía rápido, aún escuchaba la melodiosa voz de Himari llamándolo en algunos de los momentos más especiales que pasaron juntos, su pérdida volvía a sentirse reciente, como si de pronto todo el tiempo que lo ayudó a sanar mínimamente hubiese desaparecido, colocado otra vez en el punto de partida donde cada partícula de su cuerpo se volcaba al sufrimiento, y por si fuera poco... recordó a la presencia encima de la roca, juzgándolos en silencio, imponiendo su voluntad y mostrándole un mundo para el cual indudablemente no estaba listo.
Temblaba. Nunca le pasó algo como eso, y cuando se llevó ambas manos al rostro se topó con uno de los motivos por los cuales veía más oscuro de lo que la habitación estaba realmente. Las extremidades del albino mueven todo, y quitarse las gafas de sol rotas representan una acción más difícil de lo que realmente debería haber sido, arrojándolas a un costado con saña.
Intentó ponerse de pie pese al flaqueo de sus piernas, y lo consiguió de milagro, apoyándose en la pared más cercana. Hasta ese momento, sólo percibió la presencia de Omuyaga en el lugar, y es a él a quien se referiría. —¿Por... qué no me despertaste antes? —refunfuñó la queja, percibiendo incluso la dificultad que tenía para hablar. A medida que se recuperaba, intentaba volver al mismo tono habitual en él, jocoso, divertido y carismático, pero negar que le costó una inmensa cantidad de esfuerzo sería mentir.
—Olvídalo, estaba teniendo un... muy buen sueño. —titubea. Su corazón no se calma ni haciendo ejercicios de respiración, pero fue en ese momento, tras quitarse la mano del pecho, que observa hacia otra dirección y entonces percibe a dos presencias que le sonaban de algo, especialmente el moreno. Piratas de los Hanu Mahana, y ese chico había sido mencionado en el anuncio que dio la marina cuando aún estaban en Baterilla.
—Tú, tenemos compañía. —incluso si todo su cuerpo lo obligaba a temblar, pese a que esa sensación disminuía gradualmente, se dirigió a Omuyaga, sonando todo lo firme que su voz le permitió. —¿Ahora somos esclavos? Podrían habernos traído alguna presencia femenina para que la energía del grupo sea más... tolerable. —dibujó una media sonrisa en sus labios, transmitiendo la misma confianza que lo identifica, en parte para hacerle entender a su compañero que todo estaba bien.
En ese momento las diferencias que tuvieron hace algunas horas habían sido enterradas, Kael era su único aliado conocido en aquella sala, el colgante ardiendo bajo el metal negro le recordaba las prioridades. —Tú... eres Barald Kane, ¿cierto? —lo señaló con el dedo, y luego pasó al chico rubio. —Y tú... tú debes ser... —sí, revisó los wanted hace no demasiado tiempo, sin embargo, el hecho de que no haya sido mencionado por su superior le creó ciertas ganas traviesas de picarlo, y de pronto, Hasegawa parecía haberse distorsionado, con un tono de voz infantilmente ofensivo, encogiéndose de hombros de una manera exagerada.
![[Imagen: b41bfbcb9fb1a84fabf650998133c1f3.jpg]](https://i.ibb.co/Gv5y0gFq/b41bfbcb9fb1a84fabf650998133c1f3.jpg)
—¡No! ¡Definitivamente no tengo idea de quién eres!
Y habría echado una carcajada de no ser porque su cuerpo aún estaba resentido por los efectos de aquella extraña presión. Su burla sólo se quedó en una pequeña risa, a medida que volvía a apoyarse en la pared intentando mantener en orden esas sensaciones tan constantes. Los más perceptivos podrían notar pequeñas gotas de sudor frío recorriendo las facciones del marine, muy a pesar de que en actitud estaba ocultando lo más que podía ese repentino terror.
Desde allí pudo ver la puerta acorazada, cerrada de manera total y sin aparentes signos de que se pueda abrir por ese lado, motivo que lo hizo girarse a Kael para observarlo directamente a los ojos y asentir, una manera de decirle que confíe en él. —Está claro que somos de bandos opuestos. Pero les confesaré algo, soy de los marines que cree en las buenas personas, independientemente de las causas que sus grupos defiendan. —Hasegawa no podía ocultar lo evidente, llevaba el uniforme, más no la gorra pues había quedado perdida en combate. —Estarán tan... —la presión de su cuerpo volvió a afectarle, cerrándole la garganta —...precavidos, como nosotros. Pero está claro que tenemos un enemigo en común, por eso propongo colaborar. —sonaba distinto a otras ocasiones donde Omuyaga pudiese indicar imprudencia, desacato o acciones mal pensadas. Quizás era por el collar negro que encerraba su cuello, o su instinto realmente le decía que fuera de esa puerta había algo mucho peor que esos dos piratas, mismo sitio por donde se colaban los pocos hilos de luz que iluminaban la sala. —Y no hay nada mejor que empezar con... —se abrió el suspenso, durando varios segundos, hasta que finalmente se enderezó, alzó ambos brazos a la altura de su frente y cerró los ojos, con un tono confianzudo.
![[Imagen: 2bf47be9969f2fb9e523c73e6f680069.jpg]](https://i.ibb.co/5hgpQH2f/2bf47be9969f2fb9e523c73e6f680069.jpg)
—¡Conocernos mejor!
Otro movimiento jocoso, rozando lo ridículo, y el mismo tono cantarín alegre.
![[Imagen: 43c09070521686a88d905b83614acbb5.jpg]](https://i.ibb.co/F44mPhsc/43c09070521686a88d905b83614acbb5.jpg)
—¡Mi nombre es Hasegawa Shin! ¡Seré el mejor marine de la historia! ¡Me gusta el jugo de fresa! ¡Y odio el pan, porque engorda! —las manos aún le temblaban, pero los movimientos rápidos que se obligaba a hacer camuflaban ese leve efecto a medida que seguía haciendo el payaso, mirándolos por fin con sus ojos cerúleos, desde el punto inicial en donde estaba antes aunque sin apoyarse en la pared. —¡Y él es mi segundo al mando! Se llama... esto... ¿cómo te llamabas tú? —se giró hacia Omuyaga, ladeando la cabeza y haciéndose el idiota mientras se rascaba la frente. —Si se te ocurre como tumbar la puerta, prometo acordarme de tu nombre para siempre. —y asintió, como un niño feliz.
En su voz aparecieron leves cambios de tono con tendencia a lo agudo, sutiles, simbolizando el terror que afectaba su cuerpo, pero la payasada fue completada con éxito, y quedaba ver lo que responderían tanto los piratas como su fiel amigo y compañero de profesión ante semejante... espectáculo. Sí, quedémonos con ese término.
Info
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
