19-03-2026, 08:35 PM
La situación había tomado un rumbo inesperado, claramente lo que había sido una peripecia en busca de diversión, quizás dinero, intentando encontrar algo de emoción se había tornado en algo por demás de fuera de lo común. Sin darse cuenta el pelinegro se había colado en un trasfondo más grande, donde habían movidas y parecía que la olla a presión, podía estallar en cualquier momento. En medio de todo eso, se encontraba con aquella peliverde compañera, que al darse cuenta estaban en aquel baño en tal acalorada situación. Sus cuerpos exudaban calor propio de lo que ocurría, sus manos se recorrían, y todo en aquel pequeño baño de utilería, en medio de la incursión al convento… Sin dudas era un trabajo de lo más peculiar.
Había un contraste total entre el movimiento dentro del baño aquel y lo que ocurría fuera, dentro, todo más pasional, llevado por el impulso, por fuera, se movían las piezas para finalmente comenzar a tomar acción. Aunque parecía que la intrépida peliverde no tenía prisa. Era entendible, fuera de aquel pequeño y reducido espacio, aquellos dos no sabían a ciencia cierta con cuantos guardias o enemigos se podrían encontrar, después del todo, aguardar tiempo allí era sensato, y lo demás que ocurría, un aditivo tentador.
Todo parecía indicar que aquellos dos, en aquella situación se entregarían a los impulsos más primitivos del humano, dejando escapar el lado más salvaje que puede alguien tener guardado para dejar salir en los momentos más privados, esos momentos guardados donde solo son dos personas ajenas a cualquier ávido ojo que pueda ver, para dejarse caer en lo profundo del deseo. El tacto de ambos, así como su respiración, sus latidos, todo aumentaba, todo se hacía más intenso, y se transformaba en un campo de guerra donde no había lugar para la piedad y solo eran protegidos por la ropa puesta y la cordura de no olvidar que estaban en medio de aquella misión. Las manos de ella se aferraban al miembro de él, capturando su virilidad para adueñarse completamente con una autoridad tácita que marcaba claras intenciones de dominancia, como si quisiera imponer su voluntad y presencia. Y claro, se hacía notar, la sangre fluía, el calor aumentaba. La respiración entre ellos dejando al oído sentir el aumento de los instintos como sus manos, dejar interpretar a los cuerpos que no había lugar a la decencia.
No fue él, tampoco fué ella, lo único que había logrado frenar lo inevitable fué el mismo contexto. Por azar del destino, había comenzado la movilización por parte de los guardias y la gente fuera del baño, y esa había sido la campana que frenó la lujuria y quiso cortar la calentura de ambos en aquel instante. Ella se detuvo en seco, pidiendo esperar, acto que Cill comprendió y acompañó, después de todo, no eran animales… En el silencio, ambos pudieron escuchar el sello de la ironía, el pequeño sonar metálico, inequívocamente les habían encerrado sin saber de su presencia allí. Cill no quiso alarmarse, después del todo, gracias a sus habilidades abrir una puerta no era algo que le fuera una dificultad, pero ella no había dado tiempo a nada, se limitó a observarla en silencio, entendió lo que ella pretendía y se limitó a acompañarle con ayuda a subir, vista en alto, vió el momento exacto donde aquella paloma la agarró desprevenida, lo que le agarró desprevenido a él fue como ella había caído encima suyo, refregando su parte más noble en su rostro, y a cada intento de moverse, solo frotarla más contra su rostro.
~¿Justo ahora?~ pensó el pirata que había cambiado de chip también y más que disfrutar o aprovechar la ocasión intentó al igual que ella, ayudarle a incorporarse, sin poder evitar tener sus labios sobre los de ella, aunque no los de su rostro, siendo separados solo por aquel pantalón. Sus manos ayudaron a la inercia de ella por levantarse, apoyándose en el trasero de ésta, empujando suave pero firme para que se levante.
No demoró en dar la vuelta, en el momento que ella se encontró del otro lado, Cill aprovechó a prender un cigarro, dió una buena pitada y acomodó sus ropas nuevamente. Al abrir la puerta por fuera ella, él salió, sin mucha idea de que hacer, puesto que ella no había revelado información. Vió una caja fuerte, no le dió mucha importancia, aquello era lo obvio, más bien, se dirigió a una de las ventanas que daban al exterior, y cuidándose al asomar la vista, podía ver como se alejaba un grupo de guardias junto a unas monjas. Volteó ahora para encarar un pasillo, que daba a una escalera que descendía… Su compañera, registrando la sala estaba ocupada en ello, por lo cuál el fué a asegurar el área. Cuidándose de no levantar la atención, o hacer ruido, descendió para encontrar uno de los guardias… Sencillo para alguien como él, un movimiento rápido desenvainando para atacar directo, pero no con el filo, sino con el mismo mango de la katana, justo en la nuca de éste. Cayó en el acto.
Allí mismo lo revisó, y encontró un juego de llaves, y una llave que parecía pertenecer a una caja fuerte. Tomó todo, y lo arrastró arriba, para dejarlo atado con una cuerda que estaba por allí, igualmente pasarían horas hasta que despierte… Y no parecía quedar más nadie, quizás era el sereno… Se arrepentía ahora de no haberle sacado información pero descansó en la posibilidad de encontrar documentos o algo que indicara que ocurría o a donde se fueron. Lo mismo al final el destino de aquel guardia fue yacer inconsciente encerrado en el baño donde hacía minutos los encontró a los dos piratas enredados en lujuria casi a sucumbir ante ésta.
Tras cerrar el pestillo, se acercó a la peliverde. — Toma, se las quité al guardia que cuidaba el lugar parece, no queda nadie aquí, el está apresado y encerrado en el baño, no creo que despierte. — le dijo mientras le entregaba el manojo de llaves, junto a la de la caja fuerte. Siguiente a ello se puso a registrar cajones, buscar información y objetos de valor también. — Este no es un convento común… ¿Quién es ésta gente? — preguntó mientras continuaba su labor
Había un contraste total entre el movimiento dentro del baño aquel y lo que ocurría fuera, dentro, todo más pasional, llevado por el impulso, por fuera, se movían las piezas para finalmente comenzar a tomar acción. Aunque parecía que la intrépida peliverde no tenía prisa. Era entendible, fuera de aquel pequeño y reducido espacio, aquellos dos no sabían a ciencia cierta con cuantos guardias o enemigos se podrían encontrar, después del todo, aguardar tiempo allí era sensato, y lo demás que ocurría, un aditivo tentador.
Todo parecía indicar que aquellos dos, en aquella situación se entregarían a los impulsos más primitivos del humano, dejando escapar el lado más salvaje que puede alguien tener guardado para dejar salir en los momentos más privados, esos momentos guardados donde solo son dos personas ajenas a cualquier ávido ojo que pueda ver, para dejarse caer en lo profundo del deseo. El tacto de ambos, así como su respiración, sus latidos, todo aumentaba, todo se hacía más intenso, y se transformaba en un campo de guerra donde no había lugar para la piedad y solo eran protegidos por la ropa puesta y la cordura de no olvidar que estaban en medio de aquella misión. Las manos de ella se aferraban al miembro de él, capturando su virilidad para adueñarse completamente con una autoridad tácita que marcaba claras intenciones de dominancia, como si quisiera imponer su voluntad y presencia. Y claro, se hacía notar, la sangre fluía, el calor aumentaba. La respiración entre ellos dejando al oído sentir el aumento de los instintos como sus manos, dejar interpretar a los cuerpos que no había lugar a la decencia.
No fue él, tampoco fué ella, lo único que había logrado frenar lo inevitable fué el mismo contexto. Por azar del destino, había comenzado la movilización por parte de los guardias y la gente fuera del baño, y esa había sido la campana que frenó la lujuria y quiso cortar la calentura de ambos en aquel instante. Ella se detuvo en seco, pidiendo esperar, acto que Cill comprendió y acompañó, después de todo, no eran animales… En el silencio, ambos pudieron escuchar el sello de la ironía, el pequeño sonar metálico, inequívocamente les habían encerrado sin saber de su presencia allí. Cill no quiso alarmarse, después del todo, gracias a sus habilidades abrir una puerta no era algo que le fuera una dificultad, pero ella no había dado tiempo a nada, se limitó a observarla en silencio, entendió lo que ella pretendía y se limitó a acompañarle con ayuda a subir, vista en alto, vió el momento exacto donde aquella paloma la agarró desprevenida, lo que le agarró desprevenido a él fue como ella había caído encima suyo, refregando su parte más noble en su rostro, y a cada intento de moverse, solo frotarla más contra su rostro.
~¿Justo ahora?~ pensó el pirata que había cambiado de chip también y más que disfrutar o aprovechar la ocasión intentó al igual que ella, ayudarle a incorporarse, sin poder evitar tener sus labios sobre los de ella, aunque no los de su rostro, siendo separados solo por aquel pantalón. Sus manos ayudaron a la inercia de ella por levantarse, apoyándose en el trasero de ésta, empujando suave pero firme para que se levante.
No demoró en dar la vuelta, en el momento que ella se encontró del otro lado, Cill aprovechó a prender un cigarro, dió una buena pitada y acomodó sus ropas nuevamente. Al abrir la puerta por fuera ella, él salió, sin mucha idea de que hacer, puesto que ella no había revelado información. Vió una caja fuerte, no le dió mucha importancia, aquello era lo obvio, más bien, se dirigió a una de las ventanas que daban al exterior, y cuidándose al asomar la vista, podía ver como se alejaba un grupo de guardias junto a unas monjas. Volteó ahora para encarar un pasillo, que daba a una escalera que descendía… Su compañera, registrando la sala estaba ocupada en ello, por lo cuál el fué a asegurar el área. Cuidándose de no levantar la atención, o hacer ruido, descendió para encontrar uno de los guardias… Sencillo para alguien como él, un movimiento rápido desenvainando para atacar directo, pero no con el filo, sino con el mismo mango de la katana, justo en la nuca de éste. Cayó en el acto.
Allí mismo lo revisó, y encontró un juego de llaves, y una llave que parecía pertenecer a una caja fuerte. Tomó todo, y lo arrastró arriba, para dejarlo atado con una cuerda que estaba por allí, igualmente pasarían horas hasta que despierte… Y no parecía quedar más nadie, quizás era el sereno… Se arrepentía ahora de no haberle sacado información pero descansó en la posibilidad de encontrar documentos o algo que indicara que ocurría o a donde se fueron. Lo mismo al final el destino de aquel guardia fue yacer inconsciente encerrado en el baño donde hacía minutos los encontró a los dos piratas enredados en lujuria casi a sucumbir ante ésta.
Tras cerrar el pestillo, se acercó a la peliverde. — Toma, se las quité al guardia que cuidaba el lugar parece, no queda nadie aquí, el está apresado y encerrado en el baño, no creo que despierte. — le dijo mientras le entregaba el manojo de llaves, junto a la de la caja fuerte. Siguiente a ello se puso a registrar cajones, buscar información y objetos de valor también. — Este no es un convento común… ¿Quién es ésta gente? — preguntó mientras continuaba su labor
