[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 2
#25
[personajeinvalido=3367]

Sigrid terminó de subir a cubierta con el ceño apenas fruncido, pero esa incomodidad le duró poco, pero bastó con que sintiera el viento del mar en el rostro y el vaivén del barco bajo sus pies para que su expresión volviera a la normalidad, su alabarda no estaba, sí, era cierto, pero tampoco era el fin del mundo. La vikinga flexionó los dedos lentamente, cerrando los puños con un leve crujido de nudillos, como si se recordara a sí misma algo importante. —Neh, no es para tanto.— soltó con una sonrisa ladeada, encogiéndose de hombros. —Era un plus.— Miró sus propias manos un segundo, grandes, firmes, marcadas por entrenamiento y combate. Luego golpeó un puño contra la palma abierta, probando la fuerza como quien comprueba que sigue siendo quien es.
 
—Con esto me basta.— añadió, alzando el mentón con orgullo mirando a su compañero Juan Sebastian porque si algo tenía claro Sigrid, era que su fuerza no dependía de un arma. La alabarda era especial, sí, casi parte de su familia, pero no era lo que la hacía peligrosa, su tamaño, su resistencia y esa brutalidad natural que llevaba en la sangre vikinga eran más que suficientes para enfrentarse a cualquier enemigo que tuviera la mala idea de acercarse demasiado u luego estaba eso otro.
 
Su sonrisa se ensanchó apenas, mostrando los dientes con cierta emoción contenida. —Además— murmuró, bajando un poco la voz mientras el barco se preparaba para el posible enfrentamiento. —No estoy sola.— No hablaba solo de sus compañeros, aunque confiaba plenamente en ellos. Hablaba de ese poder extraño, ese regalo que había cambiado la forma en la que peleaba desde que lo obtuvo, su Akuma no Mi, un poder que hacía todo más sencillo y al mismo tiempo más divertido.
 
Sigrid se adelantó unos pasos hacia el borde de la cubierta, observando el horizonte donde la amenaza comenzaba a tomar forma. —Si vienen— dijo con una energía renovada, plantando los pies con firmeza. —Que vengan.— Giró ligeramente el cuello, relajando los hombros como si se preparara para un entrenamiento más. —Hoy no necesito alabarda para repartir justicia.— Y entonces, como si todo aquello fuera simplemente otro día más en el mar, dejó escapar su risa estruendosa, firme, imposible de ignorar.
 
Las horas pasaron sin que ninguna amenaza llegara a materializarse. La alarma quedó atrás como un eco lejano y, poco a poco, la tensión en cubierta se transformó en rutina. El sol comenzó a descender, tiñendo el mar de tonos anaranjados y dorados, y fue entonces cuando una silueta apareció en el horizonte, difusa al principio, como una sombra recortada contra la luz del atardecer. Los marines comenzaron a murmurar entre ellos. La División 80 se arremolinó cerca de la borda, intentando descifrar qué era exactamente aquello que se alzaba a la distancia. Sigrid entrecerró los ojos, llevando una mano a la frente para cubrirse del sol, intentando enfocar mejor.
 
—¿Esa es la isla?— murmuró, ladeando la cabeza, pero no tuvo mucho tiempo para pensar más en ello, porque al momento siguiente sintió el peso familiar sobre sus hombros. Akira ya estaba allí, acomodándose con naturalidad, como si ese fuera su sitio habitual. Sigrid soltó una pequeña risa por la nariz, ajustando ligeramente su postura para que el equilibrio fuera perfecto, firme como una roca incluso con alguien encima. —A que se ve bien desde arriba, ¿no, Akira-chi?— comentó con una sonrisa amplia, señalando hacia el horizonte.
 
Pero en ese momento algo invisible y abrumador, cayó sobre ella como una montaña entera desplomándose desde el cielo. No fue un golpe físico, pero su cuerpo reaccionó como si lo fuera, sus músculos se tensaron, el aire se le escapó de los pulmones y su visión se fragmentó en un instante, Sigrid no entendió qué era, pero lo sintió, un peso imposible, una voluntad aplastante que no dejaba espacio para nada más. Sus rodillas cedieron sin previo aviso. Sus manos intentaron reaccionar, buscar apoyo, pero no hubo tiempo. El mundo se inclinó hacia adelante mientras su cuerpo, enorme e imponente, se desplomaba contra la cubierta con un golpe seco.
 
Akira dejó de ser un peso en sus hombros, el sonido de su risa desapareció, sus ojos, abiertos un segundo ante, perdieron el enfoque por completo y en cuestión de un instante, la vikinga cayó inconsciente, tendida sobre la madera del barco, inmóvil, como si toda su fuerza, toda su energía, hubiera sido arrancada de golpe por algo que ni siquiera pudo ver.

Cosas Vikingas
[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 2 - por Sigrid Birkisson - 18-03-2026, 10:53 PM

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