18-03-2026, 05:08 AM
(Última modificación: 18-03-2026, 05:25 AM por Ryota Miyamoto.)
[personajeinvalido=3367]
En capítulos anteriores…
Nuestros héroes, los Hanu Māhana, felicitaron en conjunto a su integrante mejor valorado tras el anuncio de los marines. Ya fueran palabras de ánimo, apoyo o incluso de envidia, todos mostraron una agradable hermandad al reconocer la valía de Barald y, acto seguido, emprendieron camino en dirección al buffet.
Ryota fue guiado por el tacto de la morena de ojos chocolate y simplemente se dejó llevar por ella, atento a los susurros que le dedicaba. Por su parte, el de ojos ambarinos también le devolvió unas suaves palabras al oído.
Al término de su secreto, la confiable y para nada interesada Cardan, envolvió su cuello atenta a la promesa del buffet. “Kekeke, yo igual las extrañé a ambas.” Correspondió al agarre de Runin para ir todos al lugar deseado. “Kekeke no te preocupes, Bro, Yuuki es quien invita hoy” respondió, alzando en su mano libre el dinero que ganó previamente en su apuesta con la peli rosa.
¿Acaso el Buffet existía o eran solo los amigos que hicimos en el camino? Quién sabe. Pero, de alguna forma, los piratas consiguieron llegar hasta el comedor del ferry. Un amplio espacio repleto de mesas y de un delicioso aroma a comida que invitaba a los comensales a acercarse, donde aperitivos, postres, carnes y bebidas los aguardaban, custodiados por profesionales de la cocina.
Ya en el lugar, nuestros héroes se dispusieron a tomar lo que quisieron a cuenta del dinero invertido por la peli rosa. Por su parte, Ryota tomó una charola de aluminio, colocando en ella toda clase de donas rellenas, chocolate, fresa, maní, crema, albaricoque, oreo, pistacho y para cuidarse, una limonada. Todo eso, paso a estar en frente suya sobre la gran mesa que eligieron para sentarse, siendo Cardan la mas feliz pues ya se alimentaba de una dona de fresa.
“Uhhhhh ¿vas a llamar a alguna noviecita Bro?” Acompaño a las palabras de Tezca sobre su llamada secreta. Solo con la intención de molestarlo, aunque sus palabras pasaron por alto ante la importancia del brindis. “Obsérvenlo, es todo un fornicador… queriendo guardar el secreto, este muchacho me llena de orgullo.” Pensó.
“Kekeke es una excelente idea, ¡Brindo por los Hanu Mahana y por disfrutar la mejor tarde en el mejor parque de atracciones de la vida!” Sonrió elevando su copa de limonada para chocarla junto al cristal de sus compañeros, o al menos para quienes quisieran compartir ese momento.
A continuación, los presentes se dispusieron a comer y disfrutar de los alimentos entre risas y un ambiente agradable. Ya fuera Ryota compartiendo sus donas con Runin, o diciéndole a Barald y Wyatt que probaran las de choco maní, ignoró por completo el ajetreo de la tripulación del ferry. Para los comensales, solo se trataba de una tarde más, disfrutando de sus amigos y de la comida… al menos hasta que un nuevo mensaje de megafonía fue emitido, ahora en el barco.

“¡¿QUUUUEEEEEEEEEEEEE?!”
El informe fue como un balde de agua fría para el de cabellos castaños. Alejarse del destino, solo significaba perder horas de viaje y llegar aún más tarde. ¿Acaso seguirían en funcionamiento todas las atracciones a esa hora? O estarían limitados a solo las tres atracciones más chafas… ¿tendría que contentarse solo con las tacitas giratorias? ¿o con los tronquitos de agua? “Maldita sea… que bajón…” Suspiro peinando con ambas manos sus cabellos hacia atrás, ahora solo podía esperar...
Ahora…
Un par de horas transcurrieron desde el brindis de los Hanu Māhana. El imponente ferry, que en su último aviso había cambiado de trayectoria, se aventuraba en aguas turbulentas que lo mecían de un lado a otro en un vaivén apenas perceptible para los tripulantes, gracias a la magnífica ingeniería del navío.
Ryota, se había separado de su tripulación para buscar alegrar su día tras el baldado de agua fría. Ahora, estaba en compañía de la confiable Cardan y la hermosa Runin.
Los tres se enfrentaban, sin saberlo, al momento más importante de sus vidas. Frente a ellos, tres sagaces viajeros con varios años de juego a sus espaldas, observaban las cartas en sus manos, esperando el momento para revelarlas.
Cada uno de los presentes en aquel cuarto de juegos se observaban, conscientes de que la confianza era un lujo que no podían permitirse. Sobre la mesa no solo reposaban las cartas que el repartidor colocaba, sino también una considerable suma de billetes: aproximadamente dos millones de berrys, que serían para quien tuviera la mejor mano.
El aire frío del espero clima de Kutsuku comenzaba a entrar por las ventanas.

“¿Qué les parece si elevamos la apuesta, Bros?”
La bomba de chicle en sus labios se reventó haciendo un ligero eco en la habitación de juego y la serpiente enroscada en su cuello siseó imitando su expresión desafiante. “Quien gane se lleva el dinero y sus abrigos…” No solo quería quitarles el capital; Ryota también deseaba para el y Runin, los confortables abrigos que dos de los presentes llevaban puestos, después de todo el ambiente se volvía cada vez más gélido con el ocaso en el firmamento.
La respuesta positiva llevó a la revelación, ninguno se veía perdiendo en ese momento, pero el veredicto final fue solo uno.
Las cartas se invirtieron, todos con increíbles manos, pero ninguna como la del trío de jugadores.

“¡Escalera real desgraciados Kekekeke! ¡Se quedaron sin suerte esta noche kekekeke! ¡Mejor suerte la próxima Kekekeke!”
Ryota no pudo seguir conteniendo su felicidad. Ver tanto dinero reunido y ganárselo de golpe, en una apuesta tan arriesgada, junto a la serpiente en su cuello y su aliada a su lado, lo hacía sentirse en el cielo. “¡Somos ricos maldita sea! ¡Al fin compraremos un barco Kekeke!” Continuó sonriendo y fantaseando sobre lo que gastaría su dinero, abrazando a Runin, al mismo tiempo que los hombres se quitaban sus abrigos y los colocaban sobre la mesa con una expresión de derrota en sus rostros.
“Kekeke, ya quiero ver la cara de Barald y los demás kekeke, voy a vivir como un rey los próximos… dos días de mi vida.” Solía gastar mucho cuando podía.
Rápido tomó los abrigos y se lo ofreció uno a la pelinegra; luego se lo colocó el restante. “Bueno Bros, fue un placer desplumarlos, cuando tengan más dinero por favor saben dónde ubicarme kekeke” No podía ser más feliz, llevo sus manos a los fajos de billetes y los abrazo como quien acaba de conocer el amor más grande de su vida.
Añoraba comprar un barco, hacer una gran fiesta y disfrutar con muchas chicas… sin embargo, el mundo frente a él se desvaneció.
Si, todo el dinero al igual que su cuerpo solo cayó al suelo tras el terrible estruendo de un trueno. No lo vio venir, no pudo hacer nada para contrarrestarlo, tan solo sintió cómo su voluntad fue doblegada al punto en que perdió las ganas de tan siquiera estar de pie.
Los ojos color miel se tornaron completamente blancos, conforme su cuerpo se desplomó en aquella habitación junto al de los demás jugadores, el repartidor de cartas, Runin y Cardan.
El dinero se convertiría en la nada misma, siendo imposible recuperarlo y la noche apenas iniciaba.
¿Sería este el fin del hombre araña?
En capítulos anteriores…
Nuestros héroes, los Hanu Māhana, felicitaron en conjunto a su integrante mejor valorado tras el anuncio de los marines. Ya fueran palabras de ánimo, apoyo o incluso de envidia, todos mostraron una agradable hermandad al reconocer la valía de Barald y, acto seguido, emprendieron camino en dirección al buffet.
Ryota fue guiado por el tacto de la morena de ojos chocolate y simplemente se dejó llevar por ella, atento a los susurros que le dedicaba. Por su parte, el de ojos ambarinos también le devolvió unas suaves palabras al oído.
Contenido Oculto
Al término de su secreto, la confiable y para nada interesada Cardan, envolvió su cuello atenta a la promesa del buffet. “Kekeke, yo igual las extrañé a ambas.” Correspondió al agarre de Runin para ir todos al lugar deseado. “Kekeke no te preocupes, Bro, Yuuki es quien invita hoy” respondió, alzando en su mano libre el dinero que ganó previamente en su apuesta con la peli rosa.
¿Acaso el Buffet existía o eran solo los amigos que hicimos en el camino? Quién sabe. Pero, de alguna forma, los piratas consiguieron llegar hasta el comedor del ferry. Un amplio espacio repleto de mesas y de un delicioso aroma a comida que invitaba a los comensales a acercarse, donde aperitivos, postres, carnes y bebidas los aguardaban, custodiados por profesionales de la cocina.
Ya en el lugar, nuestros héroes se dispusieron a tomar lo que quisieron a cuenta del dinero invertido por la peli rosa. Por su parte, Ryota tomó una charola de aluminio, colocando en ella toda clase de donas rellenas, chocolate, fresa, maní, crema, albaricoque, oreo, pistacho y para cuidarse, una limonada. Todo eso, paso a estar en frente suya sobre la gran mesa que eligieron para sentarse, siendo Cardan la mas feliz pues ya se alimentaba de una dona de fresa.
“Uhhhhh ¿vas a llamar a alguna noviecita Bro?” Acompaño a las palabras de Tezca sobre su llamada secreta. Solo con la intención de molestarlo, aunque sus palabras pasaron por alto ante la importancia del brindis. “Obsérvenlo, es todo un fornicador… queriendo guardar el secreto, este muchacho me llena de orgullo.” Pensó.
“Kekeke es una excelente idea, ¡Brindo por los Hanu Mahana y por disfrutar la mejor tarde en el mejor parque de atracciones de la vida!” Sonrió elevando su copa de limonada para chocarla junto al cristal de sus compañeros, o al menos para quienes quisieran compartir ese momento.
A continuación, los presentes se dispusieron a comer y disfrutar de los alimentos entre risas y un ambiente agradable. Ya fuera Ryota compartiendo sus donas con Runin, o diciéndole a Barald y Wyatt que probaran las de choco maní, ignoró por completo el ajetreo de la tripulación del ferry. Para los comensales, solo se trataba de una tarde más, disfrutando de sus amigos y de la comida… al menos hasta que un nuevo mensaje de megafonía fue emitido, ahora en el barco.

“¡¿QUUUUEEEEEEEEEEEEE?!”
El informe fue como un balde de agua fría para el de cabellos castaños. Alejarse del destino, solo significaba perder horas de viaje y llegar aún más tarde. ¿Acaso seguirían en funcionamiento todas las atracciones a esa hora? O estarían limitados a solo las tres atracciones más chafas… ¿tendría que contentarse solo con las tacitas giratorias? ¿o con los tronquitos de agua? “Maldita sea… que bajón…” Suspiro peinando con ambas manos sus cabellos hacia atrás, ahora solo podía esperar...
Ahora…
Un par de horas transcurrieron desde el brindis de los Hanu Māhana. El imponente ferry, que en su último aviso había cambiado de trayectoria, se aventuraba en aguas turbulentas que lo mecían de un lado a otro en un vaivén apenas perceptible para los tripulantes, gracias a la magnífica ingeniería del navío.
Ryota, se había separado de su tripulación para buscar alegrar su día tras el baldado de agua fría. Ahora, estaba en compañía de la confiable Cardan y la hermosa Runin.
Los tres se enfrentaban, sin saberlo, al momento más importante de sus vidas. Frente a ellos, tres sagaces viajeros con varios años de juego a sus espaldas, observaban las cartas en sus manos, esperando el momento para revelarlas.
Cada uno de los presentes en aquel cuarto de juegos se observaban, conscientes de que la confianza era un lujo que no podían permitirse. Sobre la mesa no solo reposaban las cartas que el repartidor colocaba, sino también una considerable suma de billetes: aproximadamente dos millones de berrys, que serían para quien tuviera la mejor mano.
El aire frío del espero clima de Kutsuku comenzaba a entrar por las ventanas.

“¿Qué les parece si elevamos la apuesta, Bros?”
La bomba de chicle en sus labios se reventó haciendo un ligero eco en la habitación de juego y la serpiente enroscada en su cuello siseó imitando su expresión desafiante. “Quien gane se lleva el dinero y sus abrigos…” No solo quería quitarles el capital; Ryota también deseaba para el y Runin, los confortables abrigos que dos de los presentes llevaban puestos, después de todo el ambiente se volvía cada vez más gélido con el ocaso en el firmamento.
La respuesta positiva llevó a la revelación, ninguno se veía perdiendo en ese momento, pero el veredicto final fue solo uno.
Las cartas se invirtieron, todos con increíbles manos, pero ninguna como la del trío de jugadores.

“¡Escalera real desgraciados Kekekeke! ¡Se quedaron sin suerte esta noche kekekeke! ¡Mejor suerte la próxima Kekekeke!”
Ryota no pudo seguir conteniendo su felicidad. Ver tanto dinero reunido y ganárselo de golpe, en una apuesta tan arriesgada, junto a la serpiente en su cuello y su aliada a su lado, lo hacía sentirse en el cielo. “¡Somos ricos maldita sea! ¡Al fin compraremos un barco Kekeke!” Continuó sonriendo y fantaseando sobre lo que gastaría su dinero, abrazando a Runin, al mismo tiempo que los hombres se quitaban sus abrigos y los colocaban sobre la mesa con una expresión de derrota en sus rostros.
“Kekeke, ya quiero ver la cara de Barald y los demás kekeke, voy a vivir como un rey los próximos… dos días de mi vida.” Solía gastar mucho cuando podía.
Rápido tomó los abrigos y se lo ofreció uno a la pelinegra; luego se lo colocó el restante. “Bueno Bros, fue un placer desplumarlos, cuando tengan más dinero por favor saben dónde ubicarme kekeke” No podía ser más feliz, llevo sus manos a los fajos de billetes y los abrazo como quien acaba de conocer el amor más grande de su vida.
Añoraba comprar un barco, hacer una gran fiesta y disfrutar con muchas chicas… sin embargo, el mundo frente a él se desvaneció.
Si, todo el dinero al igual que su cuerpo solo cayó al suelo tras el terrible estruendo de un trueno. No lo vio venir, no pudo hacer nada para contrarrestarlo, tan solo sintió cómo su voluntad fue doblegada al punto en que perdió las ganas de tan siquiera estar de pie.
Los ojos color miel se tornaron completamente blancos, conforme su cuerpo se desplomó en aquella habitación junto al de los demás jugadores, el repartidor de cartas, Runin y Cardan.
El dinero se convertiría en la nada misma, siendo imposible recuperarlo y la noche apenas iniciaba.
¿Sería este el fin del hombre araña?
iNFO
