17-03-2026, 02:58 PM
"Gracias, Bertram," dijo el Marine ante las palabras del cazador. No ahogaban su decepción consigo mismo, pero resultaban alentadoras. Stroud tomó una de las botellitas de la caja, examinándola con cautela, una de sus cejas arqueada. No parecía fiarse, ¿era otra treta de aquellos tipos? De alguna forma, Wasow no le pegaba como el tipo de persona que hubiera hecho algo así. Era un traidor, naturalmente, pero, si quisiera matarlos, probablemente podría haberlo hecho él mismo. Agitó el minúsculo frasco, viendo cómo burbujeaba el líquido lila en su interior, al tiempo que tomaba uno de los papeles adyacentes. "Tenemos un elixir por aquí," anunció, "en caso de que alguno de vosotros haya tocado algo de lo que no deb...," dijo, haciendo un ademán con la cabeza hacia sus compañeros, y fue entonces cuando se dio cuenta. Bajo la luz que se filtraba por la cueva, finalmente reparó en aquellas manchas moradas que se repartían por el pelaje de Kibai, visibles sobre su cara. Todo este tiempo, inmerso en el fragor de la misión que los ocupaba, había sido incapaz de darse cuenta. Suspiró, y decidió que no hacía falta comentar al respecto, lanzándole la botellita al mink. "Dale un tiento."
"Veamos si se han dejado algo más por aquí," dijo, colocando los brazos en jarra. Procedió a investigar el resto de la estancia a conciencia, buscando cualquier detalle que Wasow y los suyos hubieran podido dejarse. Sin embargo, fue en vano; en efecto, era como si, todo este tiempo, se hubieran olido que una incursión así podía llegar a tener lugar en cualquier momento, y se habían asegurado de no dejar nada al azar. Había cajones, restos de algún tipo de maquinaria aquí y allá, y aún quedaban algunas de las dichosas flores, pero poco más. El trabajo de limpieza antes de la huida había sido excepcional. Por no haber, ni siquiera habían dejado nada que los incriminase de forma demasiado directa, más allá del hecho de que los propios miembros de la División 60 los hubieran cazado in fraganti, o casi. Resultaba evidente que no estaban ante ninguna panda de aficionados; aquella gente era metódica, profesional, organizada. Wasow era, potencialmente, un enemigo a temer en el futuro. Pero, tal y como le había prometido a su División, no podrían dejarse amedrentar: aquel traidor acabaría en el cadalso.
La situación con Wasow lo hizo reflexionar, mientras examinaba distraídamente otro de los recovecos de aquella enorme cueva, en la que siempre había sido su obsesión personal: la corrupción presente en la Marina, aquel mal que se comía a la Justicia por dentro. Era una nueva iteración, una encarnación de la misma enfermedad, de aquel cáncer a extirpar. Wasow no solo se había corrompido, usando su poder y su posición para llevar a cabo sus propios planes, sino que había acabado con sus propios compañeros de división en aras de aquella misma corrupción. La conclusión era la habitual: la corrupción siempre, siempre costaba vidas. Vidas de inocentes, y vidas de aquellos que tenían que proteger a los inocentes. La corrupción era un tumor en el corazón de la Justicia misma.
Sentándose sobre uno de los cajones aún restantes en la cueva, descolgó su Den Den Mushi y llamó a la capitana Trixxie. Explicó toda la situación, con pelos y señales, y no pudo más que asentir ante las palabras de la capitana. En efecto, no quedaba otra: seguir adelante, continuar avanzando, mejorar. La División 60 tenía mucho trabajo por delante. "Bien hecho, muchachos," anunció, una vez hubo colgado el Den Den Mushi y la estridente voz de Trixxie se hubo apagado. "Buen trabajo, todos. Nos hemos encontrado ante un enemigo muy superior a nosotros, y vuestra actuación ha sido impecable. Cuando envíe mi informe, me aseguraré de incluir todos los detalles," pareció vacilar antes de continuar, "estoy muy satisfecho con vuestro desempeño. Si voy a seguir capitaneando esta División, me aseguraré de estar a la altura," dijo, extrayendo una pequeña hoja de papel del bolsillo de su abrigo y tomando nota de algo, la pluma rasgando audiblemente la superficie del papel. "Rumbo al Royal. Preparaos para zarpar en cualquier momento."
"Veamos si se han dejado algo más por aquí," dijo, colocando los brazos en jarra. Procedió a investigar el resto de la estancia a conciencia, buscando cualquier detalle que Wasow y los suyos hubieran podido dejarse. Sin embargo, fue en vano; en efecto, era como si, todo este tiempo, se hubieran olido que una incursión así podía llegar a tener lugar en cualquier momento, y se habían asegurado de no dejar nada al azar. Había cajones, restos de algún tipo de maquinaria aquí y allá, y aún quedaban algunas de las dichosas flores, pero poco más. El trabajo de limpieza antes de la huida había sido excepcional. Por no haber, ni siquiera habían dejado nada que los incriminase de forma demasiado directa, más allá del hecho de que los propios miembros de la División 60 los hubieran cazado in fraganti, o casi. Resultaba evidente que no estaban ante ninguna panda de aficionados; aquella gente era metódica, profesional, organizada. Wasow era, potencialmente, un enemigo a temer en el futuro. Pero, tal y como le había prometido a su División, no podrían dejarse amedrentar: aquel traidor acabaría en el cadalso.
La situación con Wasow lo hizo reflexionar, mientras examinaba distraídamente otro de los recovecos de aquella enorme cueva, en la que siempre había sido su obsesión personal: la corrupción presente en la Marina, aquel mal que se comía a la Justicia por dentro. Era una nueva iteración, una encarnación de la misma enfermedad, de aquel cáncer a extirpar. Wasow no solo se había corrompido, usando su poder y su posición para llevar a cabo sus propios planes, sino que había acabado con sus propios compañeros de división en aras de aquella misma corrupción. La conclusión era la habitual: la corrupción siempre, siempre costaba vidas. Vidas de inocentes, y vidas de aquellos que tenían que proteger a los inocentes. La corrupción era un tumor en el corazón de la Justicia misma.
Sentándose sobre uno de los cajones aún restantes en la cueva, descolgó su Den Den Mushi y llamó a la capitana Trixxie. Explicó toda la situación, con pelos y señales, y no pudo más que asentir ante las palabras de la capitana. En efecto, no quedaba otra: seguir adelante, continuar avanzando, mejorar. La División 60 tenía mucho trabajo por delante. "Bien hecho, muchachos," anunció, una vez hubo colgado el Den Den Mushi y la estridente voz de Trixxie se hubo apagado. "Buen trabajo, todos. Nos hemos encontrado ante un enemigo muy superior a nosotros, y vuestra actuación ha sido impecable. Cuando envíe mi informe, me aseguraré de incluir todos los detalles," pareció vacilar antes de continuar, "estoy muy satisfecho con vuestro desempeño. Si voy a seguir capitaneando esta División, me aseguraré de estar a la altura," dijo, extrayendo una pequeña hoja de papel del bolsillo de su abrigo y tomando nota de algo, la pluma rasgando audiblemente la superficie del papel. "Rumbo al Royal. Preparaos para zarpar en cualquier momento."
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