17-03-2026, 01:31 PM
[personajeinvalido=3367]
¿Desde cuando se había vuelto tan atrevida? Quizás siempre fue así, pero es que Kuroshiro se presentó en el subconsciente de Shin como una persona más bien inocente, y momentos como aquel, donde su sonrisa ganaba dejes traviesos e incluso no se intimidaba ante la cercanía física llegaban a descolocarlo de su siempre imperturbable línea de dominio social absoluto. El albino no se quedaría atrás, por supuesto, y contestaría con la misma moneda que acababa de pagarle la pequeña humink. —¡No jugamos a ser novios! Lo somos. Y estamos comprometidos, ¿vas a romperle el corazón a LinLin? —durante breves segundos se coloca cara a cara con la rubia, pero acto seguido se aleja, dándole la espalda y llevándose el dorso de su mano a la frente, haciéndose el dramático.
—¡Oh, LinLin! Cuánto la extraño, como me hubiese gustado que nos acompañase... —por supuesto, el más fiel del South Blues, incluso en un escenario ficticio como el que le planteaba a Nyra, quien se atrevió momentos más tarde a dudar sobre su victoria contra la Marea Azul.
—Es totalmente en serio. —afirmó, con las gafas lo suficientemente bajas sobre su nariz para hacer contacto visual con ella. —Peleamos en un embarcadero. Él es un gyojin, o algo así, y cuando se vio lo suficientemente acorralado se dejó llevar por el mar. —Kuroshiro sabía que Shin es usuario de una fruta del diablo, por ende con esa explicación debería bastar para justificar el no haberlo capturado, aquello habría significado su muerte.
Y fueron los últimos momentos de sana interacción antes del anuncio de la marina y por supuesto, el jaleo que le siguió después. Nyra lo detuvo durante breves instantes para brindarle algo de información bastante vital, y entonces se dirigió hacia la ubicación de Dimitri, seguido por el resto de la División, mientras mediante el Den Den Mushi Akira les recordaba las recompensas que daban por las cabezas de los piratas mencionados en los altavoces, reafirmar que el nombre de Dharma poseía el número más alto lo confirmaba como objetivo prioritario en la cabeza de Hasegawa, aunque como descubriría poco después, su querido amigo no pensaba lo mismo.
Su "orden" también se escuchó, y cuando lo tuvo delante se quitó las gafas de sol para engancharlas bajo el pañuelo azul, en el pliegue de su camisa, y encararlo directamente. —¿Quién te crees que eres para desautorizarme o darme órdenes? —la pregunta cargaba un contenido visceral, pero el tono y la sonrisa del albino producían puro egocentrismo —Esta será la última vez que lo hagas, Omu-chan, porque hasta donde sé, tienes el mismo rango que todos nosotros. Pero si quieres seguir el formato de las tripulaciones piratas entonces estás a tiempo de bajarte de este barco. —sentenció, señalándolo —Para nosotros, 'capitán' es un rango, no un título honorífico en un grupo de marines. ¿Tan aplicado y lo olvidaste? —manejar a Shin era complicado si no se ganaba su respeto antes, pues siempre decía lo que creía sin pelos en la lengua.
Y claro, respetaba la fortaleza antes que nada.
Se volteó a Dimitri y siguió hablando. —Te dicen en la cara sobre Dharma y prefieres seguir a Kazan, no pensé que nuestro navegante fuese a tener tan poco criterio... menos que considerase que un barco como el nuestro pudiera seguirle el ritmo a un ferry. ¡Pero claro, el loco soy yo! —entonces se encaró a la cubierta del navío, no sin antes escupir un poco más de bilis —Cuando llegue el momento, iré a por los Rakshasa. Pero no se preocupen, no necesito que una panda de débiles me acompañe, aquí estarán a salvo. —mirándolos de reojo, se volvió a colocar las gafas, alejándose del grupo.
Decirles para su juicio aquella verdad también formaba parte de protegerlos, porque también es cierto que Hasegawa consideraba la misión de luchar contra aquellos piratas como una de alto riesgo. No permitiría que ellos muriesen, incluso aunque tuviese que ser así de repelente y molesto, al final de todo se había acostumbrado a estar solo o a caer mal a quienes quería, repetir la historia no le pesaba, sabía en el fondo que nunca volvería a aparecer alguien como Himari a ponerle los pies sobre la tierra.
Pero tampoco podía negar que su ego había reventado ante toda la situación propuesta por Omuyaga, incluso llamándolo con aquel apodo que recordaba a las épocas donde no dejaba de vencerlo en los duelos que tenían cuando peleaban a la par en sus entrenamientos, años que se sentían cada vez más lejos en Sorbet.
Sin embargo, y aún siendo un ferviente espectador de lo que ocurría, completamente atento a sus alrededores, tras horas de navegación comenzó a sentir un poder nuevo en los vientos, y no sólo eso, también se vislumbraban nubes en el horizonte. Tenía la suficiente experiencia navegando en barcos como para asumir que si seguían en esa dirección, se les venía una tormenta de las buenas encima, y aparentemente esa misma sensación tuvo la gente del ferry, pues el rumbo comenzaba a cambiar.
Observó entonces a la División Setentaicinco, con los tonos rojizos a su espalda tras voltearse hacia ellos, indicando pistas de cuánto tiempo llevaban en el mar, y sus gestos físicos aún y si eran prácticamente nulos gritaban algo que consideraba obvio.
Tenían que seguirlos.
El calor había quedado atrás, envolviendo a Baterilla, y mientras el Tempestad avanzaba, una nueva silueta se trazaba allá a donde sus ojos alcanzaban a ver. Había vuelto a la zona del timón junto a Dimitri, donde las vistas del panorama eran mejores, y posicionado al lado del más nuevo en la División no pudo evitar preguntar —¿Tienes idea de qué isla es esa? —comenzaba a arrepentirse de no haberse puesto nada más abrigado, y ya era algo tarde para ir a cambiarse considerando que por fin tenían tierra a la vista.
Los destellos lumínicos en el horizonte entretuvieron a Hasegawa, y las vistas ciertamente comenzaban a ensombrecerse. Por si no fuera poco, desde antes se habían presenciado los peñascos y las rocas que parecían proteger de manera natural a la nueva isla, poniendo en alerta al albino, quien observaba a St.George con cierta incertidumbre mientras se ajustaba las gafas negras.
La niebla, o polución por las altas cantidades de denso humo que veía empezaban a entorpecer con más énfasis la visibilidad, entre mega edificios, metales y una industrialización bastante evidente —Nunca tuve el privilegio de conocer este lugar. —junto al resto de la División confesó lo cierto, no recordaba haber estado en Kutsukku, y ni siquiera conocía la isla en realidad. —¿Podrás manejar una tormenta si terminamos saliendo pronto de aquí? —ver en los puertos otras embarcaciones en reparación le transmitía cierta tranquilidad —Aunque también puede ser el momento perfecto para ir a por esos piratas. —liquidarlos y sacarlos del ferry antes de llegar a los Cabos Gemelos sonaba bien.
Demasiado, si le preguntaban.
Un lago verde apareció durante súbitos segundos en el horizonte con la caída total del sol para dar paso a la noche, y considerando la cantidad de obstáculos a sortear alrededor de aquel lugar la idea más lógica y sensata, acompañada de las órdenes que recibieron por parte del Comandante gritaban a todas luces que debían parar junto al ferry e iniciar la redada. —Deberíamos atracar ya. No seremos los únicos en ir a buscar a esos criminales. —sugirió, prestando atención a la situación todo lo que podía, sus ojos cerúleos visibles por tener las gafas bajas moviéndose con una concentración de otro mundo.
—Espero que no se te ocurra contradecirme también en esto, Omu. —el estar utilizando un apodo con Kael daba pistas sobre su indignación, mantenida incluso tras tantas horas —Pero a la hora de pelear, tengo los argumentos suficientes para... sugerirles que me hagan caso. —su mano rebuscó debajo del pañuelo azul en su cuello, sujetando el collar con fuerzas como breve acto reflejo, y dejando que sus párpados se cierren.
Esa pequeña duda también iba repleta de ironía, desde luego Shin estaba en desacuerdo con la jerarquía que la División se armó sin estar él presente. —Así que... —no terminó la frase, ni tampoco llegó a comentar algún plan a seguir una vez el barco estuvo atracado, pues de entre las rocas más altas surgió una silueta extraña que, bajo el contexto que enfrentaban, parecía estar esperándolos.
—¿Quién demonios es ese? —frunció el ceño, algo no estaba bien, pero no llegó a concretar el desarrollo de ninguna hipótesis. Un estruendo escabroso inundó todos sus sentidos, pese a que no se había visto ningún rayo desde hace rato, y una presión impresionante apareció en su cabeza.
Era extraño, jamás había sentido algo similar. No era miedo ni nada parecido, aquella repentina sensación se presentó como un hecho, todos sus sentidos gritándole que la sombra sobre la roca estaba a otro nivel, que su sola presencia era suficiente para entender que incluso aunque se creía fuerte, no podría hacer nada para ganar, mermando cualquier voluntad de lucha hasta colapsar.
Las piernas flaquearon, incluso aunque quiso, no pudo hablar y su visión se oscureció desde los bordes. Sentía su propia aura aplastada, sin opción alguna de resistirse. No habían reflejos, ni la velocidad que acostumbraba a manejar pues todo su mundo cognitivo se apagaba a una velocidad alta, pero que en aquel mar de sensaciones nuevas se sintió como una breve eternidad, y entonces llegó, un silencio absoluto acompañado de oscuridad total.
Su cuerpo cayó sin opción a réplica, sin poseer siquiera la capacidad de entender lo que ocurrió. El rostro de Shin impactó contra el suelo, su gorra voló algunos metros alejada de su cabeza y uno de los cristales de las gafas, aún puestas, se rasgó, sin lastimar los ojos del marine pero representando una molestia para la visión, pese a que eso en estos momentos no importaba demasiado.
Quedó completamente inconsciente, perdido en un negro absoluto, un vacío que jamás había experimentado incluso y si alguna vez llegó a desmayarse del cansancio. Esto era diferente, no tuvo ni una sola oportunidad de entenderlo antes de verse a las puertas de ese estado.
Lo último que recordaba era el sabor amargo de la frustración invadiéndolo, un pequeño recordatorio de que el mundo aún era demasiado grande para sus escasos conocimientos.
Y quería descubrirlo, todo.
¿Desde cuando se había vuelto tan atrevida? Quizás siempre fue así, pero es que Kuroshiro se presentó en el subconsciente de Shin como una persona más bien inocente, y momentos como aquel, donde su sonrisa ganaba dejes traviesos e incluso no se intimidaba ante la cercanía física llegaban a descolocarlo de su siempre imperturbable línea de dominio social absoluto. El albino no se quedaría atrás, por supuesto, y contestaría con la misma moneda que acababa de pagarle la pequeña humink. —¡No jugamos a ser novios! Lo somos. Y estamos comprometidos, ¿vas a romperle el corazón a LinLin? —durante breves segundos se coloca cara a cara con la rubia, pero acto seguido se aleja, dándole la espalda y llevándose el dorso de su mano a la frente, haciéndose el dramático.
—¡Oh, LinLin! Cuánto la extraño, como me hubiese gustado que nos acompañase... —por supuesto, el más fiel del South Blues, incluso en un escenario ficticio como el que le planteaba a Nyra, quien se atrevió momentos más tarde a dudar sobre su victoria contra la Marea Azul.
—Es totalmente en serio. —afirmó, con las gafas lo suficientemente bajas sobre su nariz para hacer contacto visual con ella. —Peleamos en un embarcadero. Él es un gyojin, o algo así, y cuando se vio lo suficientemente acorralado se dejó llevar por el mar. —Kuroshiro sabía que Shin es usuario de una fruta del diablo, por ende con esa explicación debería bastar para justificar el no haberlo capturado, aquello habría significado su muerte.
Y fueron los últimos momentos de sana interacción antes del anuncio de la marina y por supuesto, el jaleo que le siguió después. Nyra lo detuvo durante breves instantes para brindarle algo de información bastante vital, y entonces se dirigió hacia la ubicación de Dimitri, seguido por el resto de la División, mientras mediante el Den Den Mushi Akira les recordaba las recompensas que daban por las cabezas de los piratas mencionados en los altavoces, reafirmar que el nombre de Dharma poseía el número más alto lo confirmaba como objetivo prioritario en la cabeza de Hasegawa, aunque como descubriría poco después, su querido amigo no pensaba lo mismo.
Su "orden" también se escuchó, y cuando lo tuvo delante se quitó las gafas de sol para engancharlas bajo el pañuelo azul, en el pliegue de su camisa, y encararlo directamente. —¿Quién te crees que eres para desautorizarme o darme órdenes? —la pregunta cargaba un contenido visceral, pero el tono y la sonrisa del albino producían puro egocentrismo —Esta será la última vez que lo hagas, Omu-chan, porque hasta donde sé, tienes el mismo rango que todos nosotros. Pero si quieres seguir el formato de las tripulaciones piratas entonces estás a tiempo de bajarte de este barco. —sentenció, señalándolo —Para nosotros, 'capitán' es un rango, no un título honorífico en un grupo de marines. ¿Tan aplicado y lo olvidaste? —manejar a Shin era complicado si no se ganaba su respeto antes, pues siempre decía lo que creía sin pelos en la lengua.
Y claro, respetaba la fortaleza antes que nada.
Se volteó a Dimitri y siguió hablando. —Te dicen en la cara sobre Dharma y prefieres seguir a Kazan, no pensé que nuestro navegante fuese a tener tan poco criterio... menos que considerase que un barco como el nuestro pudiera seguirle el ritmo a un ferry. ¡Pero claro, el loco soy yo! —entonces se encaró a la cubierta del navío, no sin antes escupir un poco más de bilis —Cuando llegue el momento, iré a por los Rakshasa. Pero no se preocupen, no necesito que una panda de débiles me acompañe, aquí estarán a salvo. —mirándolos de reojo, se volvió a colocar las gafas, alejándose del grupo.
Decirles para su juicio aquella verdad también formaba parte de protegerlos, porque también es cierto que Hasegawa consideraba la misión de luchar contra aquellos piratas como una de alto riesgo. No permitiría que ellos muriesen, incluso aunque tuviese que ser así de repelente y molesto, al final de todo se había acostumbrado a estar solo o a caer mal a quienes quería, repetir la historia no le pesaba, sabía en el fondo que nunca volvería a aparecer alguien como Himari a ponerle los pies sobre la tierra.
Pero tampoco podía negar que su ego había reventado ante toda la situación propuesta por Omuyaga, incluso llamándolo con aquel apodo que recordaba a las épocas donde no dejaba de vencerlo en los duelos que tenían cuando peleaban a la par en sus entrenamientos, años que se sentían cada vez más lejos en Sorbet.
Sin embargo, y aún siendo un ferviente espectador de lo que ocurría, completamente atento a sus alrededores, tras horas de navegación comenzó a sentir un poder nuevo en los vientos, y no sólo eso, también se vislumbraban nubes en el horizonte. Tenía la suficiente experiencia navegando en barcos como para asumir que si seguían en esa dirección, se les venía una tormenta de las buenas encima, y aparentemente esa misma sensación tuvo la gente del ferry, pues el rumbo comenzaba a cambiar.
Observó entonces a la División Setentaicinco, con los tonos rojizos a su espalda tras voltearse hacia ellos, indicando pistas de cuánto tiempo llevaban en el mar, y sus gestos físicos aún y si eran prácticamente nulos gritaban algo que consideraba obvio.
Tenían que seguirlos.
El calor había quedado atrás, envolviendo a Baterilla, y mientras el Tempestad avanzaba, una nueva silueta se trazaba allá a donde sus ojos alcanzaban a ver. Había vuelto a la zona del timón junto a Dimitri, donde las vistas del panorama eran mejores, y posicionado al lado del más nuevo en la División no pudo evitar preguntar —¿Tienes idea de qué isla es esa? —comenzaba a arrepentirse de no haberse puesto nada más abrigado, y ya era algo tarde para ir a cambiarse considerando que por fin tenían tierra a la vista.
Los destellos lumínicos en el horizonte entretuvieron a Hasegawa, y las vistas ciertamente comenzaban a ensombrecerse. Por si no fuera poco, desde antes se habían presenciado los peñascos y las rocas que parecían proteger de manera natural a la nueva isla, poniendo en alerta al albino, quien observaba a St.George con cierta incertidumbre mientras se ajustaba las gafas negras.
La niebla, o polución por las altas cantidades de denso humo que veía empezaban a entorpecer con más énfasis la visibilidad, entre mega edificios, metales y una industrialización bastante evidente —Nunca tuve el privilegio de conocer este lugar. —junto al resto de la División confesó lo cierto, no recordaba haber estado en Kutsukku, y ni siquiera conocía la isla en realidad. —¿Podrás manejar una tormenta si terminamos saliendo pronto de aquí? —ver en los puertos otras embarcaciones en reparación le transmitía cierta tranquilidad —Aunque también puede ser el momento perfecto para ir a por esos piratas. —liquidarlos y sacarlos del ferry antes de llegar a los Cabos Gemelos sonaba bien.
Demasiado, si le preguntaban.
Un lago verde apareció durante súbitos segundos en el horizonte con la caída total del sol para dar paso a la noche, y considerando la cantidad de obstáculos a sortear alrededor de aquel lugar la idea más lógica y sensata, acompañada de las órdenes que recibieron por parte del Comandante gritaban a todas luces que debían parar junto al ferry e iniciar la redada. —Deberíamos atracar ya. No seremos los únicos en ir a buscar a esos criminales. —sugirió, prestando atención a la situación todo lo que podía, sus ojos cerúleos visibles por tener las gafas bajas moviéndose con una concentración de otro mundo.
—Espero que no se te ocurra contradecirme también en esto, Omu. —el estar utilizando un apodo con Kael daba pistas sobre su indignación, mantenida incluso tras tantas horas —Pero a la hora de pelear, tengo los argumentos suficientes para... sugerirles que me hagan caso. —su mano rebuscó debajo del pañuelo azul en su cuello, sujetando el collar con fuerzas como breve acto reflejo, y dejando que sus párpados se cierren.
Esa pequeña duda también iba repleta de ironía, desde luego Shin estaba en desacuerdo con la jerarquía que la División se armó sin estar él presente. —Así que... —no terminó la frase, ni tampoco llegó a comentar algún plan a seguir una vez el barco estuvo atracado, pues de entre las rocas más altas surgió una silueta extraña que, bajo el contexto que enfrentaban, parecía estar esperándolos.
—¿Quién demonios es ese? —frunció el ceño, algo no estaba bien, pero no llegó a concretar el desarrollo de ninguna hipótesis. Un estruendo escabroso inundó todos sus sentidos, pese a que no se había visto ningún rayo desde hace rato, y una presión impresionante apareció en su cabeza.
Era extraño, jamás había sentido algo similar. No era miedo ni nada parecido, aquella repentina sensación se presentó como un hecho, todos sus sentidos gritándole que la sombra sobre la roca estaba a otro nivel, que su sola presencia era suficiente para entender que incluso aunque se creía fuerte, no podría hacer nada para ganar, mermando cualquier voluntad de lucha hasta colapsar.
Las piernas flaquearon, incluso aunque quiso, no pudo hablar y su visión se oscureció desde los bordes. Sentía su propia aura aplastada, sin opción alguna de resistirse. No habían reflejos, ni la velocidad que acostumbraba a manejar pues todo su mundo cognitivo se apagaba a una velocidad alta, pero que en aquel mar de sensaciones nuevas se sintió como una breve eternidad, y entonces llegó, un silencio absoluto acompañado de oscuridad total.
Su cuerpo cayó sin opción a réplica, sin poseer siquiera la capacidad de entender lo que ocurrió. El rostro de Shin impactó contra el suelo, su gorra voló algunos metros alejada de su cabeza y uno de los cristales de las gafas, aún puestas, se rasgó, sin lastimar los ojos del marine pero representando una molestia para la visión, pese a que eso en estos momentos no importaba demasiado.
Quedó completamente inconsciente, perdido en un negro absoluto, un vacío que jamás había experimentado incluso y si alguna vez llegó a desmayarse del cansancio. Esto era diferente, no tuvo ni una sola oportunidad de entenderlo antes de verse a las puertas de ese estado.
Lo último que recordaba era el sabor amargo de la frustración invadiéndolo, un pequeño recordatorio de que el mundo aún era demasiado grande para sus escasos conocimientos.
Y quería descubrirlo, todo.
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