16-03-2026, 09:12 AM
El nombre llega completo, el gigante azul lo deja suspendido en el aire pensándolo. -Kelvin... Einstein... Nagumo.- Tres palabras que pronuncia despacio, separando cada una con la misma pausa deliberada con que carga la pipa antes de prenderla. Kelvin y Nagumo encajan de una manera que reconoce nombres que suenan a mar. Pero el Einstein en el medio tiene algo que no termina de cuadrar con el resto, como una pieza que no debería entrar en el hueco. -Einstein. Eso no es un nombre que se hereda sin más. Es uno que se gana en algún momento o que se carga desde antes de poder elegirlo.- No pregunta cuál de las dos. Da una calada larga, la primera desde que Kelvin habló del compañero desaparecido.
-Por las profundidades. Corriente Libre.- La repite él también a pesar de haberla dicho justo ahora. Antes era una propuesta. Ahora tiene otra consistencia. -Salió hace tres noches. Estaba sentado en el muelle mirando el río, solo, con la pipa casi fría y el ruido de los tablones del barrio llegando desde el oeste. Pensé en cómo se mueve el agua cuando no hay nada que la fuerce sin cauce excavado por otros sin dique construido para que vaya donde conviene a alguien. Va donde hace falta que vaya y se abre paso por donde encuentra la rendija.- Los dedos de la mano izquierda aprietan levemente el cuenco de la pipa. -Eso es lo que quiero construir. Una división que funcione así, que llegue donde haga falta sin esperar que nadie le abra la puerta, que no deje rastro cuando no conviene dejarlo y que cuando golpee lo haga en el sitio exacto donde más duele, no donde más ruido hace.- Los bailarines siguen. El ritmo no ha cambiado en toda la conversación, ni cuando llegó Kelvin, ni cuando retumbaron las dos risas de gigante contra las paredes del callejón. -¿Cuántos somos? Tú me preguntas como si ya contaras, y eso me dice más de ti que todo lo que dijiste antes.- Hay algo cercano a la satisfacción en la voz aunque no llega a mostrarse del todo en la cara, contenida como siempre detrás de los ojos entrecerrados y la barba negra que no deja leer la comisura. -En Samba, por ahora, tres. Tú, yo, y pululando por el mar probablemente otra, que seguramente conociéndola haya encapsulado a alguien mas con ella, Seraphine Ex-esclava, lleva las marcas en las muñecas y no las esconde. Muda de voz pero se comunica perfectamente cuando quiere y mejor todavía cuando no quiere. Tiene criterio más afilado que la mayoría de gente que habla sin parar, y no le tiembla el pulso ante lo que hace falta hacer.-
La mención no llega solo en palabras. Su mano va a parar al collar, sentando los pies en la tierra -Seraphine. Cuando la conozcas entenderás por qué la cuento sin dudarlo.- Exhala el último resto de humo de la calada anterior. -Tres es poco, cuatro es algo mas. Toda marea empieza siendo agua que se mueve en una dirección antes de que nadie la llame marea todavía. Ga-ha-ha-ha-ha.- La risa retumba contra las paredes del callejón, se cuela entre las casas del barrio ribereño y se pierde hacia el río, el mismo río que separa la madera de la piedra en esta isla como una línea trazada con cuchillo hace demasiados años. -Bienvenido a Corriente Libre, Kelvin Einstein Nagumo. Einstein incluido.-
-Por las profundidades. Corriente Libre.- La repite él también a pesar de haberla dicho justo ahora. Antes era una propuesta. Ahora tiene otra consistencia. -Salió hace tres noches. Estaba sentado en el muelle mirando el río, solo, con la pipa casi fría y el ruido de los tablones del barrio llegando desde el oeste. Pensé en cómo se mueve el agua cuando no hay nada que la fuerce sin cauce excavado por otros sin dique construido para que vaya donde conviene a alguien. Va donde hace falta que vaya y se abre paso por donde encuentra la rendija.- Los dedos de la mano izquierda aprietan levemente el cuenco de la pipa. -Eso es lo que quiero construir. Una división que funcione así, que llegue donde haga falta sin esperar que nadie le abra la puerta, que no deje rastro cuando no conviene dejarlo y que cuando golpee lo haga en el sitio exacto donde más duele, no donde más ruido hace.- Los bailarines siguen. El ritmo no ha cambiado en toda la conversación, ni cuando llegó Kelvin, ni cuando retumbaron las dos risas de gigante contra las paredes del callejón. -¿Cuántos somos? Tú me preguntas como si ya contaras, y eso me dice más de ti que todo lo que dijiste antes.- Hay algo cercano a la satisfacción en la voz aunque no llega a mostrarse del todo en la cara, contenida como siempre detrás de los ojos entrecerrados y la barba negra que no deja leer la comisura. -En Samba, por ahora, tres. Tú, yo, y pululando por el mar probablemente otra, que seguramente conociéndola haya encapsulado a alguien mas con ella, Seraphine Ex-esclava, lleva las marcas en las muñecas y no las esconde. Muda de voz pero se comunica perfectamente cuando quiere y mejor todavía cuando no quiere. Tiene criterio más afilado que la mayoría de gente que habla sin parar, y no le tiembla el pulso ante lo que hace falta hacer.-
La mención no llega solo en palabras. Su mano va a parar al collar, sentando los pies en la tierra -Seraphine. Cuando la conozcas entenderás por qué la cuento sin dudarlo.- Exhala el último resto de humo de la calada anterior. -Tres es poco, cuatro es algo mas. Toda marea empieza siendo agua que se mueve en una dirección antes de que nadie la llame marea todavía. Ga-ha-ha-ha-ha.- La risa retumba contra las paredes del callejón, se cuela entre las casas del barrio ribereño y se pierde hacia el río, el mismo río que separa la madera de la piedra en esta isla como una línea trazada con cuchillo hace demasiados años. -Bienvenido a Corriente Libre, Kelvin Einstein Nagumo. Einstein incluido.-
