14-03-2026, 01:35 AM
El comentario sobre los marines y los piratas del médico no trajo paz a la mente de Uker, todo lo contrario. ¿Qué importaba si lo ocultabas o no? No dejabas de ser actor de crímenes horribles. Que sean marines no es más que un añadido, pero la gente capaz de hacer eso debería ser juzgada y…
No, no podía mentir de esa manera, no a sí mismo.
Poco le importaba el crimen, o si cometieron alguno o no, la verdad era que su odio hacia quienes portaban ese uniforme iba mucho más al fondo. Sean honestos o mentirosos, asesinos o defensores, simples soldados rasos o almirantes, todos eran igual de culpables. Todos habían visto lo que ocurrió en Flevance, todos habían portado ese uniforme con orgullo mientras oían los gritos de dolor y pedidos de auxilio de las personas que Uker conocía, nadie levantó un dedo, nadie se puso en contra, simplemente accionaron y buscaron eliminar todas las pruebas. Aquellos más jóvenes incluso deben conocer todo lo que el gobierno hace, lo que la marina provoca bajo la excusa de ser “héroes”, y aún así los siguen y anhelan ser como ellos.
Ya no se trataba de si estuvieron en su pueblo esa noche o no, pues incluso quienes los defienden y admiran tienen la misma culpa que aquel que incendió el hospital donde vio a sus padres por última vez.
Pero el otro hombre lo despertó, hablando sobre esconderse, ocultar su identidad y nombre. - No pienso esconderme -. Pese a no sonar agresivo al hablar, la idea de seguir ese consejo le asqueaba tanto que podría simplemente levantarse e irse del lugar sin decir ni una palabra. - De igual manera tengo que llegar a la inmortalidad y forjar mi nombre en la historia para conseguir mi objetivo, así que ocultarme al completo no ayudaría en eso -.
No era idiota, sabía que lo mejor era ocultarse en las situaciones donde su reputación no hiciera más que traerle problemas, y era seguro que en cuanto llegue a una ciudad o isla con bastantes habitantes buscaría ocultar su rostro. Aún así, también entendía que su meta era algo imposible, y conseguirla no le iba a ser posible si no era más que un cocinero don nadie.
Y así el tema pasó al ámbito científico.
La posibilidad de apalear los efectos generados por las frutas usando otros métodos era algo que se había propuesto, incluso los marines tenían esas esposas y cadenas de material marino. Era posible, las akumas no cambiaban las reglas básicas del mundo, al menos no las que había visto, por lo que sus efectos podían combatirse con diversos sistemas. Solo había un fallo en esa ecuación.
- Si quisieras crear algo así… -. Comenzó a hablar, levantando su dedo índice para indicarle que había una variable importante. - La reacción que contrarreste el efecto debería ser de igual, similar o mayor potencia -. Tal vez su punto no se entendiera, y lo más probable es que Hyak no pudiera visualizarlo al no haber estado frente a algo así, por lo que procedió a explicarse. - Cuando cocinas, buscas equilibrar los ingredientes y que la receta siga en lo posible unos pasos específicos. Si fuera a agregar más sal, quedaría muy salado, pero si no pongo la suficiente la comida solo será sosa y sin sabor suficiente -. Lo llevó a un terreno que dominaba, para darle a entender que entendía de lo que hablaba.
- Lo que Sohem hizo no fue solo el calor que sientes un día de verano en mediodía, diría que ni siquiera era comparable al calor que se puede sentir en el desierto bajo los rayos del sol -. Sus manos se unieron, entrelazando sus dedos y presionando entre sí, para luego para formar lo más parecido a una esfera que podía. - En menos de un segundo, en un gran área alrededor de él, extinguió el oxígeno y dejó a todos sin respirar. Ni siquiera un fogón preparado para un gigante sería capaz de algo así, pero el calor era tanto que estoy seguro de que estuvo a solo una decena de grados de poder cocinarnos ahí mismo -. Sacó su mirada de sus manos y sus ojos ahora se enfocaron en los del pelirosa. - Sabiendo eso, dime… -.
A su ver, era imposible crear algo tan específico y potente como para contrarrestar semejante cosa. Podían haber medicinas, suplementos, incluso había oído de comidas para combatir el calor o el frío, pero las akumas le permitían a su usuario llevar esas capacidades naturales a otros niveles.
La oferta de ayuda del médico fue agradecida por Rackham, pero lastimosamente tuvo que rechazarla. - Gracias por eso, pero seguiré despierto -. Levantó su mano para indicarle que rechazaba la ayuda. - Si intento dormir ahora no tendré más que pesadillas de nuevo. Además, quiero que Maki despierte y deje de estar drogada, si fueran a atacarnos estando yo dormido y ella en ese estado… -. Mucho peor que esa misma mañana seguro. - Estaremos bien, si sucede algo mandaré a Maki aquí en sigilo -. No, probablemente tampoco haría caso a esa orden, pero algo debía decir.
- No creo que debas ser tú quien me ofrezca eso de igual manera -. Dicho así, parecía una reprimenda al mismo doctor, por lo que rápidamente mencionó al objetivo de su enojo. - ¿Dónde está Ashveil? No lo vi desde que llegué. ¿Espera algo para tratar a su compañera? -. Dijo refiriéndose a Odeth, y al desaparecido capitán de los Dead Man’s Hand. - Podría al menos hacer acto de presencia, luego de obligarme a tomar el liderazgo de una tripulación que no me escucha -.
Esto ya se había convertido en algo personal, y era evidente hasta para él que el enojo le estaba afectando en gran medida. - Lo siento, no… -. Volvió a llevar su mano a la cara, a masajear la zona que unía sus dos cejas y sus parpados para despertarse. - No debía decir eso, lo siento -.
No, no podía mentir de esa manera, no a sí mismo.
Poco le importaba el crimen, o si cometieron alguno o no, la verdad era que su odio hacia quienes portaban ese uniforme iba mucho más al fondo. Sean honestos o mentirosos, asesinos o defensores, simples soldados rasos o almirantes, todos eran igual de culpables. Todos habían visto lo que ocurrió en Flevance, todos habían portado ese uniforme con orgullo mientras oían los gritos de dolor y pedidos de auxilio de las personas que Uker conocía, nadie levantó un dedo, nadie se puso en contra, simplemente accionaron y buscaron eliminar todas las pruebas. Aquellos más jóvenes incluso deben conocer todo lo que el gobierno hace, lo que la marina provoca bajo la excusa de ser “héroes”, y aún así los siguen y anhelan ser como ellos.
Ya no se trataba de si estuvieron en su pueblo esa noche o no, pues incluso quienes los defienden y admiran tienen la misma culpa que aquel que incendió el hospital donde vio a sus padres por última vez.
Pero el otro hombre lo despertó, hablando sobre esconderse, ocultar su identidad y nombre. - No pienso esconderme -. Pese a no sonar agresivo al hablar, la idea de seguir ese consejo le asqueaba tanto que podría simplemente levantarse e irse del lugar sin decir ni una palabra. - De igual manera tengo que llegar a la inmortalidad y forjar mi nombre en la historia para conseguir mi objetivo, así que ocultarme al completo no ayudaría en eso -.
No era idiota, sabía que lo mejor era ocultarse en las situaciones donde su reputación no hiciera más que traerle problemas, y era seguro que en cuanto llegue a una ciudad o isla con bastantes habitantes buscaría ocultar su rostro. Aún así, también entendía que su meta era algo imposible, y conseguirla no le iba a ser posible si no era más que un cocinero don nadie.
Y así el tema pasó al ámbito científico.
La posibilidad de apalear los efectos generados por las frutas usando otros métodos era algo que se había propuesto, incluso los marines tenían esas esposas y cadenas de material marino. Era posible, las akumas no cambiaban las reglas básicas del mundo, al menos no las que había visto, por lo que sus efectos podían combatirse con diversos sistemas. Solo había un fallo en esa ecuación.
- Si quisieras crear algo así… -. Comenzó a hablar, levantando su dedo índice para indicarle que había una variable importante. - La reacción que contrarreste el efecto debería ser de igual, similar o mayor potencia -. Tal vez su punto no se entendiera, y lo más probable es que Hyak no pudiera visualizarlo al no haber estado frente a algo así, por lo que procedió a explicarse. - Cuando cocinas, buscas equilibrar los ingredientes y que la receta siga en lo posible unos pasos específicos. Si fuera a agregar más sal, quedaría muy salado, pero si no pongo la suficiente la comida solo será sosa y sin sabor suficiente -. Lo llevó a un terreno que dominaba, para darle a entender que entendía de lo que hablaba.
- Lo que Sohem hizo no fue solo el calor que sientes un día de verano en mediodía, diría que ni siquiera era comparable al calor que se puede sentir en el desierto bajo los rayos del sol -. Sus manos se unieron, entrelazando sus dedos y presionando entre sí, para luego para formar lo más parecido a una esfera que podía. - En menos de un segundo, en un gran área alrededor de él, extinguió el oxígeno y dejó a todos sin respirar. Ni siquiera un fogón preparado para un gigante sería capaz de algo así, pero el calor era tanto que estoy seguro de que estuvo a solo una decena de grados de poder cocinarnos ahí mismo -. Sacó su mirada de sus manos y sus ojos ahora se enfocaron en los del pelirosa. - Sabiendo eso, dime… -.
- ¿Cómo negarías eso sin congelar el cuerpo de la persona en el camino? -
A su ver, era imposible crear algo tan específico y potente como para contrarrestar semejante cosa. Podían haber medicinas, suplementos, incluso había oído de comidas para combatir el calor o el frío, pero las akumas le permitían a su usuario llevar esas capacidades naturales a otros niveles.
La oferta de ayuda del médico fue agradecida por Rackham, pero lastimosamente tuvo que rechazarla. - Gracias por eso, pero seguiré despierto -. Levantó su mano para indicarle que rechazaba la ayuda. - Si intento dormir ahora no tendré más que pesadillas de nuevo. Además, quiero que Maki despierte y deje de estar drogada, si fueran a atacarnos estando yo dormido y ella en ese estado… -. Mucho peor que esa misma mañana seguro. - Estaremos bien, si sucede algo mandaré a Maki aquí en sigilo -. No, probablemente tampoco haría caso a esa orden, pero algo debía decir.
- No creo que debas ser tú quien me ofrezca eso de igual manera -. Dicho así, parecía una reprimenda al mismo doctor, por lo que rápidamente mencionó al objetivo de su enojo. - ¿Dónde está Ashveil? No lo vi desde que llegué. ¿Espera algo para tratar a su compañera? -. Dijo refiriéndose a Odeth, y al desaparecido capitán de los Dead Man’s Hand. - Podría al menos hacer acto de presencia, luego de obligarme a tomar el liderazgo de una tripulación que no me escucha -.
Esto ya se había convertido en algo personal, y era evidente hasta para él que el enojo le estaba afectando en gran medida. - Lo siento, no… -. Volvió a llevar su mano a la cara, a masajear la zona que unía sus dos cejas y sus parpados para despertarse. - No debía decir eso, lo siento -.
