12-03-2026, 09:38 PM
¿Perder dinero? Es lo más insignificante que la amazona de oscuro mirar podría perder. En cambio, la idea de verse superada en algo nunca le había resultado tan tentadora. Jamás se ha imaginado sonriendo por perder una apuesta, aceptando de buena gana desprenderse de todo cuanto tiene con tal de ver una sonrisa en el rostro de aquel que une sus labios en un gesto dulce e íntimo, capaz de decir todo aún sin emitir palabra alguna. Algo que les pertenece; su forma de entenderse.
Runin entiende que Ryota no necesita extenderse en justificantes, exhalar excusas o mostrar dudas, porque ella las entenderá con un par de miradas, con esa cercanía que los caracteriza. ¿Por qué con él? ¿Por qué a pesar de haber huido en el pasado, la idea de alejarse otra vez ya no le produce desconfianza o enfado? Podría fruncir el entrecejo, tomar las mejillas del contrario y apretarlas con fuerza, lanzar una diatriba de causas y consecuencias, juzgar, atacar o cruzar los brazos en negativas respuestas; pero no, no lo hace.
Lo que realmente hace es reír con suavidad ante el recuerdo de casi haberlo dejado sin descendencia. El abrazo se rompe y las caricias delinean su abdomen, llenándola de una sensación revoloteante en su ser.
—¿Prometes llamarme esta vez? No te pediré que siempre, pero, de vez en cuando, hazme saber que no has dejado a tu amuleto de la suerte atrás… —Las palabras podrían dar pie a algún tipo de incertidumbre, aunque la realidad es diferente: No existe peso alguno sobre los hombros de la fémina. —...cuidando de una tripulación llena de piratas egoístas. Si me sale alguna cana verde por el estrés, ahí sí buscaré vengarme. —Bromea con suavidad mientras su rostro acaricia el del ajeno, deposita un par de besos cortos en el mentón y mejilla del castaño.

—Prometo no enfadarme, Ryota.
Sentencia, observándolo con honestidad, esa que solo muestra cuando la certeza embriaga su ser. —Sé que esta vez no desaparecerás sin dar señales de vida, sé que volveremos a vernos y estaremos juntos. —La melosa voz se escucha amena, su estómago se siente ligero y su pecho está acompañado por un latir pausado, constante, cálido.
No puede evitar centrarse en cada facción del castaño para darse cuenta que si se va, lo extrañará, que su compañía ha vuelto a parecerle entrañable, que en sus labios perduran más sonrisas sinceras de las que hace mucho emite en solitud, que sus sentidos se vuelven más ingenuos y en su pecho siempre navega la calidez de su nombre. La idea le parece tan irrisoria, no quiere admitir nada, ni siquiera desea pensar en todas las ideas contrapuestas que podrían inundar su mente, no. En vez de ello vuelve a unir sus labios en un beso lento y profundo que sabe a recuerdos y al presente, que sabe a él, a ellos. Al separarse está segura del siguiente paso.
—Me haré cargo de todo aquí, cariño. —Asiente, convencida de sus propias palabras, sabe que Ryota confía en ella. —Supongo que partirías pronto, ¿No? —Susurra, acariciando el cuerpo del ajeno, sintiendo los músculos de sus hombros, bajando su diestra con deliberada lentitud, transmitiendo tanto deseo como cariño, todo lo que puede ofrecer, se lo entrega.

—No deberíamos desperdiciar el tiempo juntos, cariño...
