11-11-2023, 09:55 PM
[personajeinvalido=537]
Durante más de tres extenuantes horas, el barbudo Marine y yo, cruzamos los yermos parajes y siseantes senderos hasta que alcanzamos el objetivo del viaje: Pueblo Goruden. Durante el camino, Joe me contó que conoció a los cazadores y que, de alguna manera, habían confrontado y había aprendido de ellos, por lo que mis suposiciones iniciales sobre que eran fuertes de verdad no debían estar erradas. Daba la sensación de que, sea más o menos, hablar de ello molestaba Joe. El hombre, sin parar ni un segundo de caminar, encendió un cigarro y me ofreció uno alargando su mano con el paquete de cigarrillos, ofrecimiento que decliné con un gesto de mano en forma de stop, mientras continuaba escuchando. Se ve que era la primera vez que trabajaba con un cazador. Curioso. - Es fácil. Yo corto y tú golpeas. Yo cobro y tú asciendes. No tiene pérdida. - dije sonriendo con sorna, confiado. Y sin perder mucho más tiempo en habladurías, llegamos al pueblo. El paraje era desolador.
Una única calle enorme con edificios a los lados que, por alguna extraña razón, estaban cerrados a cal y canto. Cuando llegamos a la entrada de la calle, caminando a la derecha de Joe, utilicé a Shimei Kaeru para frenar su paso colocándola a la altura de su pecho mientras yo mismo me detenía. - Esto no me cuadra. - Las ventanas estaban cerradas como si de noche se tratara y procuraran evitar la entrada de la arena en las habitaciones, mientras que las puertas parecían robustos muros imposibles de abrir. El silencio sepulcral que solo se rompía por la suave brisa y algún animal en la lejanía eran el sello de identidad de la fantasmagórica población que, por razones que desconocía, a plena hora punta, estaba totalmente desprovisto de rastro humano. Y hablando de rastro, el único que podía verse era una retahíla de pisadas de distintos tipos en el suelo, esparciéndose en múltiples direcciones y lugares. Yo no era un experto en rastreo y difícilmente podía interpretar las pisadas, pero sí conocía el pueblo y no tenía nada que ver con lo que había visto en otras ocasiones. -La oficina del Sheriff parece abierta y... no sé por qué, la campana está fijada con una cuerda. - Daba la sensación de que entrar en el pueblo era una enorme trampa mortal. - La oficina es buena opción para guardar los suministros que te pidieron, podríamos probar allí. - dije, pasando por detrás de él, sin dejar de mirar hacia el pueblo y colocándome a su izquierda, despejando así el camino de mi mano hacia mi espada. Quedé en guardia aguardando que Joe hiciera su movimiento y seguirle muy de cerca. Entramos en la boca del Lobo.
Durante más de tres extenuantes horas, el barbudo Marine y yo, cruzamos los yermos parajes y siseantes senderos hasta que alcanzamos el objetivo del viaje: Pueblo Goruden. Durante el camino, Joe me contó que conoció a los cazadores y que, de alguna manera, habían confrontado y había aprendido de ellos, por lo que mis suposiciones iniciales sobre que eran fuertes de verdad no debían estar erradas. Daba la sensación de que, sea más o menos, hablar de ello molestaba Joe. El hombre, sin parar ni un segundo de caminar, encendió un cigarro y me ofreció uno alargando su mano con el paquete de cigarrillos, ofrecimiento que decliné con un gesto de mano en forma de stop, mientras continuaba escuchando. Se ve que era la primera vez que trabajaba con un cazador. Curioso. - Es fácil. Yo corto y tú golpeas. Yo cobro y tú asciendes. No tiene pérdida. - dije sonriendo con sorna, confiado. Y sin perder mucho más tiempo en habladurías, llegamos al pueblo. El paraje era desolador.
Una única calle enorme con edificios a los lados que, por alguna extraña razón, estaban cerrados a cal y canto. Cuando llegamos a la entrada de la calle, caminando a la derecha de Joe, utilicé a Shimei Kaeru para frenar su paso colocándola a la altura de su pecho mientras yo mismo me detenía. - Esto no me cuadra. - Las ventanas estaban cerradas como si de noche se tratara y procuraran evitar la entrada de la arena en las habitaciones, mientras que las puertas parecían robustos muros imposibles de abrir. El silencio sepulcral que solo se rompía por la suave brisa y algún animal en la lejanía eran el sello de identidad de la fantasmagórica población que, por razones que desconocía, a plena hora punta, estaba totalmente desprovisto de rastro humano. Y hablando de rastro, el único que podía verse era una retahíla de pisadas de distintos tipos en el suelo, esparciéndose en múltiples direcciones y lugares. Yo no era un experto en rastreo y difícilmente podía interpretar las pisadas, pero sí conocía el pueblo y no tenía nada que ver con lo que había visto en otras ocasiones. -La oficina del Sheriff parece abierta y... no sé por qué, la campana está fijada con una cuerda. - Daba la sensación de que entrar en el pueblo era una enorme trampa mortal. - La oficina es buena opción para guardar los suministros que te pidieron, podríamos probar allí. - dije, pasando por detrás de él, sin dejar de mirar hacia el pueblo y colocándome a su izquierda, despejando así el camino de mi mano hacia mi espada. Quedé en guardia aguardando que Joe hiciera su movimiento y seguirle muy de cerca. Entramos en la boca del Lobo.
Resumen

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