05-03-2026, 04:40 AM
Día 36 de Verano | Año 17
Amanecía en Isla del Kárate y Yuuki bebía su té, que había logrado hacer por su cuenta en la pequeña posada donde se había estado quedando los últimos días. Había preparado ya su equipaje y estaba lista para dejar la isla. Pero la ceremonia del té no se la iba a dejar pasar. Normalmente, era el momento en el que la birkaniana aprovechaba para pensar y trazar los planes del día. Pero no ese específico día. No. Ese día Yuuki había decidido que iba a volver a Baterilla. ¿Y porqué allí? Allí era donde estaba su clan y ellos no iban a estar feliz de verla... pero claro, no tienen por qué saber que ella estaba viajando de vuelta a la isla.
Terminó el té, pagó la estadía con algo del dinero que ganó estando allí en la isla y luego se encaminó hacia el puerto. En el camino miró muchos sitios que sabía que le habría gustado conocer un poco más. Pero algo le decía que no iba a volver a ver la Isla del Kárate durante un largo, largo rato. Se despidió de manera silenciosa y personal de todo lo que no pudo disfrutar de la isla, pero agradeció a ese lugar por serle su campo de entrenamiento personal. Iba a usar mucho las habilidades nuevas aprendidas.
Al llegar al puerto, preguntó en el muelle por uno de los barcos crucero que partían de la isla, logrando conseguir puesto -esta vez de forma legal- en uno de los barcos que zarpaba hacia Baterilla. Trató de regatear el precio, pero la persona que atendía no quiso hacerle ningún descuento o darle una tarifa especial. Y como era el único barco que podía tomar en un buen tiempo, Yuuki simplemente lo tomó. Era una apuesta que quiso hacer, pero que no llegó a dar ningún fruto.
Pasó por el puente de abordaje y pidió que la llevaran a su camarote, donde iba a pasar el tiempo que durara el viaje hasta Baterilla.
Y una vez estuvo todo listo y la tripulación del barco terminó de cargar todo, empezaron a dar las órdenes para soltar los amarres. Después de eso, una pequeña revisión se llevó a cabo para comprobar que no había ningún polizón y sin más dilaciones, el barco desplegó las velas y emprendió la travesía hacia Baterilla. Sobre su cama, los dedos de Yuuki tamborileaban mientras ella sostenía aún la copia del periódico que había conseguido antes y que había leído. Tenía la página de los buscados frente a ella, con algunas anotaciones sobre las caras de aquellos a quienes conocía.
—Ciertamente...
Dijo para sí misma y luego se recostó, esperando a que el tiempo hiciera lo suyo.
Viajecito chill

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