04-03-2026, 10:29 PM
El claro queda sumido en un silencio extraño tras la caída colectiva de los dinosaurios. Aquellas criaturas que unos instantes antes habían sido una marea de colmillos y garras ahora yacen esparcidas por el suelo de la jungla, enormes cuerpos respirando pesadamente entre hojas aplastadas y tierra removida, como gigantes derribados por una fuerza invisible. El eco del rugido de Maki aún parece vibrar en el aire, mezclándose con el sonido de su respiración agitada y el lejano murmullo del bosque que, poco a poco, intenta recuperar su ritmo natural.
Brunn tarda varios segundos en reaccionar. Sus ojos parpadean lentamente, todavía vidriosos por el golpe, y su cabeza se mueve con dificultad mientras intenta enfocar la escena que tiene delante. La sangre seca bajo su nariz le mancha los labios y el mentón, y cuando intenta hablar al principio solo logra expulsar un sonido áspero, como si su garganta hubiera olvidado cómo formar palabras.
Finalmente, con un gemido bajo, levanta la vista hacia Hyakinthos. La amenaza del médico, tan directa y tan tranquila al mismo tiempo, parece atravesar la neblina que cubre su mente. Sus hombros caen ligeramente, y durante un momento parece que toda la obstinación que lo había mantenido peleando se derrumba junto con la adrenalina.
-No… no eran drogas para matarlos…- murmura con la voz rota, intentando recomponer la respiración. -Era… para hacerlos más fuertes…-
Se traga la saliva con dificultad y vuelve a hablar, esta vez con un tono resignado, como si el simple hecho de explicarlo lo agotara más que los golpes.
-Nos dieron la misión… hace unos meses… en un laboratorio… en Arabasta…- sus palabras salen entrecortadas, obligándolo a detenerse varias veces para recuperar aire. -No nos dijeron demasiado… solo que era una fórmula experimental… algo para… potenciar criaturas grandes… hacerlas más resistentes… más agresivas… que pudieran sobrevivir a cualquier cosa…-
Sus ojos se mueven brevemente hacia los dinosaurios inconscientes que cubren el claro, y por un instante parece que la duda atraviesa su expresión.
-Nos prometieron que… que solo era temporal… que los animales estarían bien después… que ayudaríamos a… estudiar sus límites…- deja escapar una pequeña risa amarga que termina convirtiéndose en tos. -Dijeron que Little Garden era perfecto… que aquí nadie notaría nada.
Brunn sacude ligeramente la cabeza, como si intentara aclarar recuerdos confusos.
-Nos dieron cajas… frascos… instrucciones simples…- continúa, señalando débilmente el bolsillo donde antes estaba el mando. -Mezclarlo en comida… en agua… seguir observando… si algo salía mal… usar el mando… el dispositivo manda una señal… los vuelve agresivos… los despierta aunque estén debilitados…-
Sus ojos vuelven a clavarse en Hyakinthos.
-No tengo más muestras… se acabaron hace días…- dice con un hilo de voz. -Si tienen problemas con los dinosaurios… usen el mando… eso es todo lo que nos dijeron…-
Su mirada se vuelve más tensa, como si estuviera a punto de decir algo importante, algo que pesa sobre su conciencia desde el principio.
-Nos mandó… fue él… fue-
El sonido rompe el aire antes de que pueda terminar la frase. Un disparo seco. Luego otro. Y otros dos más, casi en el mismo latido.
Las balas atraviesan el claro con una velocidad invisible, silbando peligrosamente junto a los rostros de Maki y Hyakinthos, tan cerca que ambos sienten el desplazamiento del aire cortándoles la piel. El eco de los disparos se pierde entre los árboles mientras las trayectorias encuentran su verdadero destino.
Garruk ni siquiera tiene tiempo de reaccionar. El impacto abre un pequeño agujero limpio en su frente y su cuerpo, que apenas había conseguido mantenerse erguido, pierde toda tensión de golpe, desplomándose sobre la tierra con un sonido pesado.
Brunn recibe el mismo destino apenas un segundo después. La bala atraviesa su frente con precisión quirúrgica, interrumpiendo sus palabras para siempre. Su mirada queda congelada en una expresión de sorpresa incompleta antes de que su cuerpo se derrumbe hacia atrás entre el follaje aplastado. El silencio vuelve a caer sobre el claro, ahora más denso que antes. Alguien ha estado observando. Y quienquiera que haya disparado… no quería que Brunn terminara esa frase.
Brunn tarda varios segundos en reaccionar. Sus ojos parpadean lentamente, todavía vidriosos por el golpe, y su cabeza se mueve con dificultad mientras intenta enfocar la escena que tiene delante. La sangre seca bajo su nariz le mancha los labios y el mentón, y cuando intenta hablar al principio solo logra expulsar un sonido áspero, como si su garganta hubiera olvidado cómo formar palabras.
Finalmente, con un gemido bajo, levanta la vista hacia Hyakinthos. La amenaza del médico, tan directa y tan tranquila al mismo tiempo, parece atravesar la neblina que cubre su mente. Sus hombros caen ligeramente, y durante un momento parece que toda la obstinación que lo había mantenido peleando se derrumba junto con la adrenalina.
-No… no eran drogas para matarlos…- murmura con la voz rota, intentando recomponer la respiración. -Era… para hacerlos más fuertes…-
Se traga la saliva con dificultad y vuelve a hablar, esta vez con un tono resignado, como si el simple hecho de explicarlo lo agotara más que los golpes.
-Nos dieron la misión… hace unos meses… en un laboratorio… en Arabasta…- sus palabras salen entrecortadas, obligándolo a detenerse varias veces para recuperar aire. -No nos dijeron demasiado… solo que era una fórmula experimental… algo para… potenciar criaturas grandes… hacerlas más resistentes… más agresivas… que pudieran sobrevivir a cualquier cosa…-
Sus ojos se mueven brevemente hacia los dinosaurios inconscientes que cubren el claro, y por un instante parece que la duda atraviesa su expresión.
-Nos prometieron que… que solo era temporal… que los animales estarían bien después… que ayudaríamos a… estudiar sus límites…- deja escapar una pequeña risa amarga que termina convirtiéndose en tos. -Dijeron que Little Garden era perfecto… que aquí nadie notaría nada.
Brunn sacude ligeramente la cabeza, como si intentara aclarar recuerdos confusos.
-Nos dieron cajas… frascos… instrucciones simples…- continúa, señalando débilmente el bolsillo donde antes estaba el mando. -Mezclarlo en comida… en agua… seguir observando… si algo salía mal… usar el mando… el dispositivo manda una señal… los vuelve agresivos… los despierta aunque estén debilitados…-
Sus ojos vuelven a clavarse en Hyakinthos.
-No tengo más muestras… se acabaron hace días…- dice con un hilo de voz. -Si tienen problemas con los dinosaurios… usen el mando… eso es todo lo que nos dijeron…-
Su mirada se vuelve más tensa, como si estuviera a punto de decir algo importante, algo que pesa sobre su conciencia desde el principio.
-Nos mandó… fue él… fue-
El sonido rompe el aire antes de que pueda terminar la frase. Un disparo seco. Luego otro. Y otros dos más, casi en el mismo latido.
Las balas atraviesan el claro con una velocidad invisible, silbando peligrosamente junto a los rostros de Maki y Hyakinthos, tan cerca que ambos sienten el desplazamiento del aire cortándoles la piel. El eco de los disparos se pierde entre los árboles mientras las trayectorias encuentran su verdadero destino.
Garruk ni siquiera tiene tiempo de reaccionar. El impacto abre un pequeño agujero limpio en su frente y su cuerpo, que apenas había conseguido mantenerse erguido, pierde toda tensión de golpe, desplomándose sobre la tierra con un sonido pesado.
Brunn recibe el mismo destino apenas un segundo después. La bala atraviesa su frente con precisión quirúrgica, interrumpiendo sus palabras para siempre. Su mirada queda congelada en una expresión de sorpresa incompleta antes de que su cuerpo se derrumbe hacia atrás entre el follaje aplastado. El silencio vuelve a caer sobre el claro, ahora más denso que antes. Alguien ha estado observando. Y quienquiera que haya disparado… no quería que Brunn terminara esa frase.
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*Pienso* -Hablo- Narro
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