Cuando la evolución es forzada [Aventura T3][Presente Relativo]
#16
Kibai sintió cómo la atmósfera de la cámara se contraía bajo la presión de la masa muscular del Sujeto A-0. La inteligencia del espécimen albino no era solo académica; era una inteligencia marcial, fría y adaptativa que estaba diseccionando el estilo de combate del mink en tiempo real. Cuando la enorme mole se lanzó hacia adelante, renunciando a las cargas largas para buscar un abrazo de oso definitivo, Kibai supo que el margen de error se había reducido a cero.

El aire vibró con el destello azul del Electro. Aprovechando la sobreestimulación nerviosa que su propia electricidad le otorgaba, Kibai tensó los músculos de sus piernas y ejecutó un salto acrobático hacia atrás, intentando sobrevolar el agarre del simio. Sus reflejos eran más rápidos que nunca, pero el Albino ya había previsto la evasión. Mientras Kibai aún estaba en el aire, el brazo del simio cambió de trayectoria con una velocidad antinatural para su tamaño, lanzando un impacto directo hacia el torso del mink.

Fue un movimiento que Kibai no pudo prever a tiempo. Su cuerpo, suspendido en el aire, no tenía punto de apoyo para pivotar. La muerte parecía inevitable en forma de un golpe de fuerza bruta capaz de pulverizar costillas.

Sin embargo, Kibai no estaba solo.

El enjambre de ochenta avispas que cubría su espalda reaccionó con una lealtad instintiva que superaba cualquier orden mental. En una fracción de segundo, las avispas que formaban su escudo de retaguardia se lanzaron hacia adelante, entrelazándose en una masa densa y zumbante justo en la trayectoria del puño del simio, formando un escudo viviente para detener el ataque. El impacto fue seco y brutal; el puño del simio albino atravesó la nube de insectos, pero la resistencia colectiva de las avispas absorbió la inercia necesaria para desviar el golpe lo justo. Decenas de sus compañeras aladas cayeron al suelo volcánico, carbonizadas por el choque o aplastadas por la presión, dejando un rastro de pequeños cuerpos inertes sobre la roca caliente.

Kibai aterrizó al otro lado del simio, rodando sobre el hombro para recuperar la verticalidad. Sintió un pinchazo de dolor en el pecho por el roce del golpe desviado, pero el sacrificio de sus avispas le había salvado la vida. Las supervivientes, apenas una treintena de insectos aturdidos, regresaron rápidamente a su espalda, buscando refugio en su pelaje mientras emitían un zumbido débil y lastimero.

El mink apretó los dientes, sintiendo el sabor metálico de la sangre en su boca. Sus ojos se clavaron en los cadáveres de sus pequeñas aliadas y luego subieron hacia la figura del Albino, que ya estaba rotando sobre su pierna sana para reanudar el asalto.

Kibai no permitió que su rival dictara el ritmo de nuevo. Invocó cada gramo de energía que su herencia Mink y su entrenamiento le permitían. El Electro estalló a su alrededor con una intensidad cegadora, convirtiendo su silueta en un borrón de luz cian. Sus pupilas se dilataron hasta cubrir casi todo el iris, captando cada mota de polvo y cada fluctuación en la luz rojiza de la lava.

— ¡Se te acabó el aprendizaje, engendro!

Haciendo gala de una velocidad que desafiaba la percepción visual, Kibai comenzó a correr en círculos concéntricos alrededor del Sujeto A-0. Sus pies apenas tocaban el suelo volcánico, dejando tras de sí una estela de chispas azuladas. El simio intentaba seguirlo con la mirada, pero la fotofobia provocada por el brillo eléctrico le obligaba a entrecerrar los ojos y a mover la cabeza de forma errática. Kibai trataba de saturar los sentidos de su enemigo, creando una jaula de destellos de luz de la que no había escape.

El calor de la cueva parecía alimentar su electricidad. El vapor volcánico se ionizaba al paso del mink, creando pequeñas descargas estáticas que llenaban la estancia de un olor a ozono quemado. En el momento en que el Albino levantó los brazos en un gesto defensivo, intentando localizar la fuente del zumbido eléctrico, Kibai vio su apertura.

Usando la fuerza centrípeta de su carrera, Kibai pivotó sobre una roca y se lanzó verticalmente hacia arriba. Sus garras se hundieron momentáneamente en las tuberías del techo, flexionando sus piernas para acumular un impulso explosivo que haría palidecer a cualquier resorte metálico. Desde la altura máxima, con la cámara invertida a sus pies, Kibai se dejó caer como un meteorito de justicia hacia el rostro del Sujeto A-0, que había alzado al fin la cabeza localizando a su enemigo.

La electricidad se concentró en el filo de Raimei hasta que la espada dejó de parecer metal para convertirse en un rayo sólido.

¡¡GEKKO NO ISSEN!!

El Sujeto A-0 levantó la vista, sus ojos pálidos abiertos de par en par, cegados por la magnitud del resplandor que descendía sobre él. Intentó levantar un brazo para cubrirse, pero el tendón de Aquiles dañado le falló en el último milisegundo, retrasando su reacción lo justo para que el filo de Raimei encontrara su marca.

El impacto fue un estallido de luz y sangre. La hoja de Kibai cortó el aire, la carne y el hueso con una facilidad aterradora. El resplandor del Electro iluminó por un instante final el rostro del Sujeto A-0, capturando una expresión de una cruda y eterna comprensión terminal: la realidad de que, por mucho que trataase de imitar a los hombres, nunca podría superar la voluntad de un verdadero guerrero.

Kibai aterrizó rodando sobre su hombro derecho, desactivando el Electro a la vez que resollaba fuertemente, mientras chispas residuales aún recorrían su piel y gruesas gotas de sangre caían desde el filo de Raimei.

La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1653 + 0 = 1653
Energia: 851 - 469 = 382
Espiritu: 390 + 0 = 390


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RE: Cuando la evolución es forzada [Aventura T3][Presente Relativo] - por Kibai - 02-03-2026, 07:02 PM

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