02-03-2026, 04:33 PM
El don de la palabra le fue adjudicado, o al menos, el don para saber cómo saturar de tonterías a las personas en tiempo récord, y claro, aunque el juego de lujuria y timidez que proponía Elara era tomado a broma por Hasegawa, pronto vería entre las hendiduras de su comportamiento una verdad inesperada, pero que tenía lógica en relación al mundo lleno de peligros que habitan.
El camino a esa confesión se vio envuelto en plumas volando a lo loco gracias a los nervios de Elara y por supuesto, sus palabras algo torpes, confesando sin hacerlo, y mirándolo entre los dedos de las manos que le tapaban el rostro. Shin no pudo evitar reír, al fin y al cabo, esa excusa de la curiosidad científica plantó la semilla perfecta para preguntarle su profesión instantes después.
Cuando menciona que es demasiado atrevido, el albino se cruzó de brazos y asintió varias veces, orgulloso de que utilice esa etiqueta con lo que le dijo, mientras por dentro le veía la gracia al concepto que propuso, ya que estaba claro que no iba a llevarlo a cabo, al menos en un principio...
Entonces llegó el momento, la pregunta de Hasegawa sobre su profesión, ocasionando un tipo de nervios diferente en la pobre Vangrim, quien comenzó a juguetear con los botones de su túnica a medida que parecía estar dando con una respuesta acorde a la pregunta. Eso fue lo que pensó Shin, llevados a la realidad, predecir que sería una revolucionaria y que además, confesaría esa "profesión" sin más le hizo abrir los ojos con una absoluta muestra de sorpresa.
Aún así, seguía ofreciéndose a ser su mascota, como si estuviesen protagonizando una de esas lujuriosas novelas para adultos que venden en algunos sitios. Sin embargo, había algo que no podía negar, esa mirada suplicante, los muslos a la vista en la pequeña Elara y todo en su actitud tan complaciente lo hacían sentir... intrigado, curioso de hasta qué punto se podía llevar aquella situación, como si un sadismo oculto en su interior se manifestara de pronto, basado en la naturaleza carnal más instintiva del ser humano.
Por ello, y de un movimiento veloz, Shin se colocó detrás de la revolucionaria y aprovechándose de su altura, sujetó al mismo tiempo con su mano izquierda las dos muñecas de la chica, elevándolas hasta el máximo de su capacidad y dejándola atrapada, con ambos brazos elevados mientras el rostro del marine se colocaba a la altura del contrario, casi que en su oído, observando desde esa privilegiada posición el cuerpo de Elara, y obvio, su rostro, totalmente inmovilizada gracias a la pose que forzó.
—Así que revolucionaria, me lo ocultaste bien todo este rato... —el tono de Shin pasó a ser más dominante, como si estuviese reclamando la autoridad que su posición como marine le obliga a ejercer —Tendré que comprobar si no tienes armas entre tu ropa. —se veía tentado, realmente creía que Vangrim era inofensiva y eso capaba su sentido justiciero, llevándolo a terrenos más atrevidos, como ella misma había dicho. Y guiado por esa sensación, empezó a palpar entre los ropajes de la joven revolucionaria, sin tocar (aún) ninguna zona comprometida.
—Y aún así querías ser mi mascota, que cosas... —suspiró, justo en el oído de Elara, antes de soltar algunas palabras adicionales, con su diestra en la cintura ajena —¿Qué debería hacer contigo, Ela-chan? —susurró, entrecerrando los ojos y relamiéndose, disfrutando cada segundo, pues ese nivel de obediencia y predisposición le terminaron gustando bastante.
El camino a esa confesión se vio envuelto en plumas volando a lo loco gracias a los nervios de Elara y por supuesto, sus palabras algo torpes, confesando sin hacerlo, y mirándolo entre los dedos de las manos que le tapaban el rostro. Shin no pudo evitar reír, al fin y al cabo, esa excusa de la curiosidad científica plantó la semilla perfecta para preguntarle su profesión instantes después.
Cuando menciona que es demasiado atrevido, el albino se cruzó de brazos y asintió varias veces, orgulloso de que utilice esa etiqueta con lo que le dijo, mientras por dentro le veía la gracia al concepto que propuso, ya que estaba claro que no iba a llevarlo a cabo, al menos en un principio...
Entonces llegó el momento, la pregunta de Hasegawa sobre su profesión, ocasionando un tipo de nervios diferente en la pobre Vangrim, quien comenzó a juguetear con los botones de su túnica a medida que parecía estar dando con una respuesta acorde a la pregunta. Eso fue lo que pensó Shin, llevados a la realidad, predecir que sería una revolucionaria y que además, confesaría esa "profesión" sin más le hizo abrir los ojos con una absoluta muestra de sorpresa.
Aún así, seguía ofreciéndose a ser su mascota, como si estuviesen protagonizando una de esas lujuriosas novelas para adultos que venden en algunos sitios. Sin embargo, había algo que no podía negar, esa mirada suplicante, los muslos a la vista en la pequeña Elara y todo en su actitud tan complaciente lo hacían sentir... intrigado, curioso de hasta qué punto se podía llevar aquella situación, como si un sadismo oculto en su interior se manifestara de pronto, basado en la naturaleza carnal más instintiva del ser humano.
Por ello, y de un movimiento veloz, Shin se colocó detrás de la revolucionaria y aprovechándose de su altura, sujetó al mismo tiempo con su mano izquierda las dos muñecas de la chica, elevándolas hasta el máximo de su capacidad y dejándola atrapada, con ambos brazos elevados mientras el rostro del marine se colocaba a la altura del contrario, casi que en su oído, observando desde esa privilegiada posición el cuerpo de Elara, y obvio, su rostro, totalmente inmovilizada gracias a la pose que forzó.
—Así que revolucionaria, me lo ocultaste bien todo este rato... —el tono de Shin pasó a ser más dominante, como si estuviese reclamando la autoridad que su posición como marine le obliga a ejercer —Tendré que comprobar si no tienes armas entre tu ropa. —se veía tentado, realmente creía que Vangrim era inofensiva y eso capaba su sentido justiciero, llevándolo a terrenos más atrevidos, como ella misma había dicho. Y guiado por esa sensación, empezó a palpar entre los ropajes de la joven revolucionaria, sin tocar (aún) ninguna zona comprometida.
—Y aún así querías ser mi mascota, que cosas... —suspiró, justo en el oído de Elara, antes de soltar algunas palabras adicionales, con su diestra en la cintura ajena —¿Qué debería hacer contigo, Ela-chan? —susurró, entrecerrando los ojos y relamiéndose, disfrutando cada segundo, pues ese nivel de obediencia y predisposición le terminaron gustando bastante.
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
