[T3, P.A.] La isla que se negaba a morir
#19
Sonreí de oreja a oreja mientras veía las reacciones del lobo perro.
"Ah."
"Entonces su tarea tiene que ver con los huevos o tal vez algo que está en este mismo lugar." Pensé, sacando mis propias conclusiones mientras daba un golpecito con la planta del pie en el piso.
Lo miré, dandome cuenta de como evitaba la pregunta y casi fingía demencia, vi cómo sus subordinados a la espera de órdenes lo observaban.
Mis pupilas casi demostraron asco junto a la comisura de mis labios, no por ellos, sino por sus comportamientos; y ese sentimiento era algo nuevo para mi. Tal vez solo tenia mucho la mente.
Se me apretó un poco el pecho.

Mi sonrisa de oreja a oreja se transformó en una mueca lobuna. “Es incluso un poco tierno”, pensé, colocando en mi semblante algo de sorna, dando una calada a la pipa entre mis dientes y soltando después el humo de las hierbas mágicas mientras cambiaba mi peso entre mis piernas.
El perro lobo se desesperó; disparó una bala al cielo que me hizo cambiar el semblante, se acabó la diplomacia. Bai no fue indulgente.

Mis ojos se abrieron de par en par al ver la sangre sobre su espada. Mi giré hacia el lobo perro, pero entonces en sus fauces abiertas, no encontré enojo por lo que mi amiga había hecho. No.
"¿Los amedrentó?", me pregunté, pero ese no era el caso.

A mi oeste, una respiración, un ligero sonido de movimiento. Me petrifiqué.
El crujir de la roca que estaba ahora frente a mí terminó por revelar algo más. La miré directamente al ojo; ella me estaba viendo y yo la veía a ella. Pero en ese momento, solo me pasó un pensamiento por la cabeza:

“Qué animal más hermoso”.

Pero mi instinto no me permitió quedarme allí parada. Y mucho menos me dejó lo que seguiría:
El grito del hombre al ser desmembrado me despertó del trance. El grito de Bai y el rugido que vino después se quedarían clavados en mi memoria durante muchos días y muchas noches.

Di un salto hacia el nido con huevos, cubriendo los tres metros que me separaban de él al mismo tiempo en el que Bai lanzaba aquel retazo de humano a la madre dinosaurio. No podía sentir mi corazón de lo rápido que iba.

Aterricé a un lado del nido, casi derrapando, mientras tomaba uno de los huevos con la mano derecha y activaba mi akuma no mi en mis extremidades. Salí disparada de allí, corriendo a toda la velocidad que me daban las piernas, manteniendo el lado derecho de mi torso con la temperatura baja para asegurarme de que el huevo estuviera a salvo por algún tiempo.

La adrenalina se hizo una con mi ser y una carcajada se me escapó por fin:
—HUHUHYHUHAYHUAHYAHUHYAHUHAYAA—
Llevando el huevo como un balón debajo de mi brazo, corrí hacia la dirección por la que se habían ido los revolucionarios, prendiendo mis piernas en fuego y mi brazo izquierdo convertido en magma, dejando un rastro de quemado en la vegetación a mis pies con cada zancada que daba, desprendiendo rocas incandecentes hacia atrás, dejando un camino que tenía mi nombre y firma. 

Traté de ubicar a Bai con la vista, aunque mi mente estaba concentrada solo en escapar del radar de aquella madre furiosa.

Off
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RE: [T3, P.A.] La isla que se negaba a morir - por Lan Caihe - 02-03-2026, 08:55 AM

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