Sus palabras, controladas, medidas, aun cuando parece que acepta siempre deja una sensación de que ese autocontrol es el factor más dominante. No siento que pueda hacer algo respecto a ello. Nuestras miradas se cruzan en ese beso que demuestra aceptación, pero no parece entregada, siento su sabor, su presencia, pero está tan medida que me hace preguntarme si estoy degustando de manera correcta. Mi cabeza da un poco de vueltas, pero ya ha aprendido, sin dudar demasiado y sin acelerar demasiado. Un tango medido, seguro, centrado, para que ambos pudiéramos proponer y tener nuestra oportunidad de darle brillo.
La playa enmudeció, me hizo sonreír esa manera en la que ella me atrapa y me hace estar en un lugar físico, pero en otro plano. Sus palabras fueron más aprobadas aun y eso me hizo flotar sin mover mis alas. No debo acelerarme pero siempre es agradable disfrutar esa sensación tan bonita. Me muerdo el labio un instante corto.
Yo ahora mismo estoy atrapado entre ponerme una máscara o si quitarme la que ya llevaba puesta. Puesto que este control propio que ella me ha enseñado es una manera de caminar que se siente aún como un traje ajustado. ¿Puedo seguir el paso con esta indumentaria? Si, claro que puedo. Inconsciente y consciente he venido sumando poco a poco y ahora que estoy en el cambio de corriente solo debo ser más intrépido, pero sin olvidar lo anterior. —Cómo crees, si te he traído a esta playa especial no fue solo para esto.— Le fuí sincero, por una parte. —Pero eso no implica que me desbocaré ahora tan cerca.— Bueno en esto no es ta cierto, pero debía seguir con un perfil sólido y coherente.
Sus manos sobre mi piel se sienten cálidas, contrasta, invisible pero no imperceptible, constante, era como si una llamarada se hubiera encontrado con horno. Ambos están calientes, pero no de igual forma. No dudaría sujetando sus manos, pero solo estaban allí, difícil de entender. Le hizo una mirada directa, interrogante, no por dudas de su parte, por dudas de la de ella. Llevó aquella mano con la que hizo de nexo con la suya y besó el dorso, su muñeca, su antebrazo, sigo subiendo por aquella dirección hacia su hombro, hacia su cuello. Mi vista entrecerrada, no porque no quisiera verla, era para hallar mis propias emociones.
Cuando no hay nada que decir es mejor callar y en este momento sentía que mis palabras sobrarían. Como me gustaría ser un poco más alto para darle esta danza con un poco más de soltura, claro busqué tocar su piel con mi otra mano, por su abdomen subiendo hasta la parte alta del bikini, en un deslizar, ella una seda. Sin se imprudente seguí la silueta de su cuerpo para ir por su espalda.
Seguir mandando señales de proximidad. Sigue viniendo. —Podemos seguir aquí mismo, solo tenemos que recostarnos. — Invité por formalidad, en el aire libre, con el cielo y el mar atestiguando. Esperaba que no hubieran mas ojos, pero de haberlos no importaría. Pero así les daría un poco de espectaculos. Quería mi frente junto a la de ella y mirar directo sus ojos azules. Tan cerca como para que su respirar se cruce con el mío. Fui guiando hacia abajo, pero siendo el más bajito en un movimiento de mi propio peso y centro de gravedad era mucho más cómodo hacer y quedar debajo de ella.
No es la mejor manera más dominante para comenzar. Sonreí pues aun sentado en la arena más compacta sobre mi vista opacada por un instante, su busto sobre mis ojos, no lo odie, sonreí y lejos de forzar una transición mi rostro encontró regocijo en frotar mis mejillas contra ellas, oscilando lento, como una pequeña presión que sería de su mismo peso a una más rápida haciendo una onomatopeya parecida a la de un Denden Mushi.
—Brbrbrbrbrbr Brbrbrbrrb.— Dije antes de hacerme espacio para verla desde abajo. —Son aun más impresionantes a quemarropa.— Dije en un tono neutro un poco jocoso, a ese par de armas con las que me atrapé solo. No quería soltar su mano pero ella la necesitaba para acomodar su propio peso y yo con ambas manos abrazaba su cintura que ahora mismo también estaba sobre mi.
La playa enmudeció, me hizo sonreír esa manera en la que ella me atrapa y me hace estar en un lugar físico, pero en otro plano. Sus palabras fueron más aprobadas aun y eso me hizo flotar sin mover mis alas. No debo acelerarme pero siempre es agradable disfrutar esa sensación tan bonita. Me muerdo el labio un instante corto.
Yo ahora mismo estoy atrapado entre ponerme una máscara o si quitarme la que ya llevaba puesta. Puesto que este control propio que ella me ha enseñado es una manera de caminar que se siente aún como un traje ajustado. ¿Puedo seguir el paso con esta indumentaria? Si, claro que puedo. Inconsciente y consciente he venido sumando poco a poco y ahora que estoy en el cambio de corriente solo debo ser más intrépido, pero sin olvidar lo anterior. —Cómo crees, si te he traído a esta playa especial no fue solo para esto.— Le fuí sincero, por una parte. —Pero eso no implica que me desbocaré ahora tan cerca.— Bueno en esto no es ta cierto, pero debía seguir con un perfil sólido y coherente.
Sus manos sobre mi piel se sienten cálidas, contrasta, invisible pero no imperceptible, constante, era como si una llamarada se hubiera encontrado con horno. Ambos están calientes, pero no de igual forma. No dudaría sujetando sus manos, pero solo estaban allí, difícil de entender. Le hizo una mirada directa, interrogante, no por dudas de su parte, por dudas de la de ella. Llevó aquella mano con la que hizo de nexo con la suya y besó el dorso, su muñeca, su antebrazo, sigo subiendo por aquella dirección hacia su hombro, hacia su cuello. Mi vista entrecerrada, no porque no quisiera verla, era para hallar mis propias emociones.
Cuando no hay nada que decir es mejor callar y en este momento sentía que mis palabras sobrarían. Como me gustaría ser un poco más alto para darle esta danza con un poco más de soltura, claro busqué tocar su piel con mi otra mano, por su abdomen subiendo hasta la parte alta del bikini, en un deslizar, ella una seda. Sin se imprudente seguí la silueta de su cuerpo para ir por su espalda.
Seguir mandando señales de proximidad. Sigue viniendo. —Podemos seguir aquí mismo, solo tenemos que recostarnos. — Invité por formalidad, en el aire libre, con el cielo y el mar atestiguando. Esperaba que no hubieran mas ojos, pero de haberlos no importaría. Pero así les daría un poco de espectaculos. Quería mi frente junto a la de ella y mirar directo sus ojos azules. Tan cerca como para que su respirar se cruce con el mío. Fui guiando hacia abajo, pero siendo el más bajito en un movimiento de mi propio peso y centro de gravedad era mucho más cómodo hacer y quedar debajo de ella.
No es la mejor manera más dominante para comenzar. Sonreí pues aun sentado en la arena más compacta sobre mi vista opacada por un instante, su busto sobre mis ojos, no lo odie, sonreí y lejos de forzar una transición mi rostro encontró regocijo en frotar mis mejillas contra ellas, oscilando lento, como una pequeña presión que sería de su mismo peso a una más rápida haciendo una onomatopeya parecida a la de un Denden Mushi.
—Brbrbrbrbrbr Brbrbrbrrb.— Dije antes de hacerme espacio para verla desde abajo. —Son aun más impresionantes a quemarropa.— Dije en un tono neutro un poco jocoso, a ese par de armas con las que me atrapé solo. No quería soltar su mano pero ella la necesitaba para acomodar su propio peso y yo con ambas manos abrazaba su cintura que ahora mismo también estaba sobre mi.
