20-02-2026, 05:57 AM
(Última modificación: 20-02-2026, 06:01 AM por Cill Blinton.)
Ya llevaba unas fechas en Sorbet, no era un lugar de ensueño, tampoco parecía una pesadilla... Simplemente las peripecias de un libre pirata con ansias de emocionantes sensaciones y que sigue lo que le dicte la gana y la tripa me habían llevado allí... En un principio, se puso divertido, Miyori me había acompañado, y su presencia hacía más amena cualquier aventura, algo había con ella que no dejaba de relajarme o hacerme sentir en paz, así que era justo decir que su compañía me alegraba... Alek había quedado en Samba, igualmente no planeaba quedarme mucho allí... Pronto debía volver a buscar al alado negro, mi intuición escuchó algunos rumores y ya sabía dónde quería ir... Kukkutsu, esa isla me llamaba... Algo en mi me gritaba que allí tenía que ir, y hasta ahora la intuición nunca me había fallado debo admitirles.
Sin embargo, ahora me encontraba solo, estaba en un derruido bar de mala muerte donde escaseaban rostros amigables, y las miradas hostiles y pajaros de mal agüero siempre estaban a la orden del día esperando su momento para actuar. Aún así, sería injusto decir que todo era malo o lúgubre, hasta en los más densos pantanos crecían las más hermosas flores. Quizás fueron los años más oscuros de mi vida los que me enseñaron que todo brilla, y que la superficie más opaca puede ser la más reluciente si era pulida correctamente, quizás por eso siempre sonreía, aún no lo sabía, pero mi ansia de libertad y divertirme, siempre me llevaba a lograr encontrar ese enfoque donde lo malo no era tan malo... Después de todo, todos tenemos una historia ¿No es así?
En esos lugares era donde encontraba aunque quizás no la mejor gente, si la más real, esa que no ocultaba su identidad, esa que se entregaba a ser tal cual eran, sin importar juicios, miradas u opiniones y eso me parecía respetable... Aprendí a sentirme comodo en aquel ruido y escándalo, entre risas, gritos, amenazas, peleas, botellas volando incluso, y no voy a mentirles... Amo el juego también, las cartas, los dados, o hasta una carrera de caracoles... Si que amo el juego... Una historia muy larga, para otro día quizás, pero le debo la vida podría decir, no puedo evitar sonreír al recordar eso, sentado en mi mesa al rincón del salón cubierto por mi capa roja, tapando mi blanca camisa abierta hasta el pecho, dejando brillar el único recuerdo de mi madre... Mi katana, ajustada a mi cintura, fiel compañera charlaba melancolicamente con el vaso de licor a medio tomar en mi mesa mientras el humo de mi cigarro danza alegremente escapándose de mí, esfumandose en su vuelo como quien ansía ser libre aunque el precio fuese su propia muerte... Esta vez, no estaba peleando por diversión, no estaba apostando, solo contemplaba el escenario pensando en lo recorrido, con una innegable sonrisa en mi rostro.
Suspiré en una risa.
Acomodé mis pies uno cruzado sobre el otro estirados sobre la mesa y me recliné hacia atrás.
Disfrutar el momento... Eso, sí.
Llevé el cigarro a mi boca, casi en trance, uno de paz, no introspectivo, absorto de todo aquel bullicio. Di una profunda calada para aguantar unos segundos el humo en mi pecho y dejarlo salir suavemente por la nariz. Me sentía tranquilo, ajeno, totalmente forastero, pero a su vez en casa, en donde quería estar en el momento preciso que debía estar.
Trataba de prestar atención a charlas ajenas mientras observaba todo el plano, contemplando cada ser, pensando si habría alguien interesante allí... Hubiera encontrado quizás una respuesta si no hubiera sido por aquella disruptiva voz...
~¿Huh?...~ intenté observar quien había dado tal bizarra, loca y genial invitación para darle un rostro a la voz, aunque no me enderecé ni mucho menos, apenas erguí mi rostro para dar con aquella acuatica figura. ~¿Gyojin?~ pensaba tratando de asociar su apariencia a alguna raza aunque en realidad me daba completamente igual, nunca me había guiado por especies... Pero eché a reír a carcajadas por la ocurrencia. —¡Señorita! No debería precipitarse de tal manera si no conoce los peligros que hay detrás de sus palabras— le respondí a viva voz luego de reír para finalmente sonreír ampliamente. —Nunca se sabe que tanto pueda beber una persona, ni mucho menos que tan fuerte sea peleando... Siempre hay un pez más grande en el agua...— concluí para echarme a reír erguiendo mi rostro ahora para verle fijamente.
Sin embargo, ahora me encontraba solo, estaba en un derruido bar de mala muerte donde escaseaban rostros amigables, y las miradas hostiles y pajaros de mal agüero siempre estaban a la orden del día esperando su momento para actuar. Aún así, sería injusto decir que todo era malo o lúgubre, hasta en los más densos pantanos crecían las más hermosas flores. Quizás fueron los años más oscuros de mi vida los que me enseñaron que todo brilla, y que la superficie más opaca puede ser la más reluciente si era pulida correctamente, quizás por eso siempre sonreía, aún no lo sabía, pero mi ansia de libertad y divertirme, siempre me llevaba a lograr encontrar ese enfoque donde lo malo no era tan malo... Después de todo, todos tenemos una historia ¿No es así?
En esos lugares era donde encontraba aunque quizás no la mejor gente, si la más real, esa que no ocultaba su identidad, esa que se entregaba a ser tal cual eran, sin importar juicios, miradas u opiniones y eso me parecía respetable... Aprendí a sentirme comodo en aquel ruido y escándalo, entre risas, gritos, amenazas, peleas, botellas volando incluso, y no voy a mentirles... Amo el juego también, las cartas, los dados, o hasta una carrera de caracoles... Si que amo el juego... Una historia muy larga, para otro día quizás, pero le debo la vida podría decir, no puedo evitar sonreír al recordar eso, sentado en mi mesa al rincón del salón cubierto por mi capa roja, tapando mi blanca camisa abierta hasta el pecho, dejando brillar el único recuerdo de mi madre... Mi katana, ajustada a mi cintura, fiel compañera charlaba melancolicamente con el vaso de licor a medio tomar en mi mesa mientras el humo de mi cigarro danza alegremente escapándose de mí, esfumandose en su vuelo como quien ansía ser libre aunque el precio fuese su propia muerte... Esta vez, no estaba peleando por diversión, no estaba apostando, solo contemplaba el escenario pensando en lo recorrido, con una innegable sonrisa en mi rostro.
Suspiré en una risa.
Acomodé mis pies uno cruzado sobre el otro estirados sobre la mesa y me recliné hacia atrás.
Disfrutar el momento... Eso, sí.
Llevé el cigarro a mi boca, casi en trance, uno de paz, no introspectivo, absorto de todo aquel bullicio. Di una profunda calada para aguantar unos segundos el humo en mi pecho y dejarlo salir suavemente por la nariz. Me sentía tranquilo, ajeno, totalmente forastero, pero a su vez en casa, en donde quería estar en el momento preciso que debía estar.
Trataba de prestar atención a charlas ajenas mientras observaba todo el plano, contemplando cada ser, pensando si habría alguien interesante allí... Hubiera encontrado quizás una respuesta si no hubiera sido por aquella disruptiva voz...
~¿Huh?...~ intenté observar quien había dado tal bizarra, loca y genial invitación para darle un rostro a la voz, aunque no me enderecé ni mucho menos, apenas erguí mi rostro para dar con aquella acuatica figura. ~¿Gyojin?~ pensaba tratando de asociar su apariencia a alguna raza aunque en realidad me daba completamente igual, nunca me había guiado por especies... Pero eché a reír a carcajadas por la ocurrencia. —¡Señorita! No debería precipitarse de tal manera si no conoce los peligros que hay detrás de sus palabras— le respondí a viva voz luego de reír para finalmente sonreír ampliamente. —Nunca se sabe que tanto pueda beber una persona, ni mucho menos que tan fuerte sea peleando... Siempre hay un pez más grande en el agua...— concluí para echarme a reír erguiendo mi rostro ahora para verle fijamente.
