18-02-2026, 07:47 AM
Vaya, que curiosa.
Kyo mantendría la calma ante el pequeño nerviosismo que mostraba la fémina, quién desde ahora sería su nueva superior. Era evidente que la chica era una mina de oro para alguien con su talento; ingenua, poderosa y, a juzgar por cómo se ponía roja, extremadamente fácil de manipular.
Pero, una parte de él realmente creía que esa ingenuidad podría ser hasta divertida. Digo, ¿qué es lo peor que podría pasar? Por ahora, justo ahora, buscaría la forma de conocerla un poco más. Al menos para determinar qué tan factible sería continuar con su labor dentro de la revolución.
—Oh, oh. Tranquila. No hace falta que seas tan modesta, Elara. Hasta yo puedo notar que eres alguien muchísimo capaz de lo que crees. Inclusive por tu alitas puedo deducir que eres casi una ángel descendida del mismísimo cielo, ¿a qué si? —buscaba ganarse su aprobación, acomodándose los lentes morados para ocultar cualquier rastro de burla en su expresión.
No negaba que no le gustará demasiado ver cómo sacarle provecho a esa relación que estaba por formarse. En este punto, sí. Kyo deseaba ser capaz de seguir conociéndola un poco, un poquito más. —En los cuarteles se rumoreaba que me asignarían con alguien capaz de invocar tormentas con un estornudo, y veo que no exageraban en absoluto. —mentiría. Obviamente nadie le había dicho tal información de la electrizante Elara, pero, como era un total mentiroso, Kyo siempre debía buscar alguna forma de llamar la atención, ¿no?
Pobre de él. No sabía ser honesto.
En esa conversación, mientras Kyo se limitaba a analizar la presencia de la fémina, el rugido del estómago de está rompería momentáneamente el silencio, provocando que Kyo soltara una carcajada suave que no llegaba a ser una burla, sino más bien una notable expresión de gracia.
Sí, le hacía gracia.
—Un estómago ruidoso es la señal de buena salud, mi querida Nee-chan. Ya sabes lo que dicen, antes de planear algo siempre se debe tener la panza llena, ¿no crees? —comentaría con naturalidad, haciendo un gesto con la mano para invitarla a guiar el camino. Después de todo si podía comer gratis, entonces bien por él. —Acepto la invitación, por supuesto. Un hombre de mi posición no puede permitirse rechazar el banquete de bienvenida de una dama tan atenta y hermosa como usted. —guiñándole un ojo, prosiguió.
Mientras empezaban a caminar hacia el pueblo, Kyo sacaría una pequeña moneda de su bolsillo, jugueteando con ella entre sus dedos con una habilidad que delataba sus años en las calles.
Sin saber que le depararía el destino, quería creer que mantenerse al lado de Elara no haría más que traerle buenas fortunas. —Dime una cosa, antes de que lleguemos a ese manjar. ¿Hay más personas en el pequeño grupo de la revolución que estará bajo tu mando? —preguntaría, principalmente por la genuina curiosidad que sentía. —Ya sabes, tengo interés en saber que nos depara. —ni él sabía que tan difícil sería el seguir trabajando como revolucionario, pero, por ahora, Kyo prefería no pensar en ello.
Kyo mantendría la calma ante el pequeño nerviosismo que mostraba la fémina, quién desde ahora sería su nueva superior. Era evidente que la chica era una mina de oro para alguien con su talento; ingenua, poderosa y, a juzgar por cómo se ponía roja, extremadamente fácil de manipular.
Pero, una parte de él realmente creía que esa ingenuidad podría ser hasta divertida. Digo, ¿qué es lo peor que podría pasar? Por ahora, justo ahora, buscaría la forma de conocerla un poco más. Al menos para determinar qué tan factible sería continuar con su labor dentro de la revolución.
—Oh, oh. Tranquila. No hace falta que seas tan modesta, Elara. Hasta yo puedo notar que eres alguien muchísimo capaz de lo que crees. Inclusive por tu alitas puedo deducir que eres casi una ángel descendida del mismísimo cielo, ¿a qué si? —buscaba ganarse su aprobación, acomodándose los lentes morados para ocultar cualquier rastro de burla en su expresión.
No negaba que no le gustará demasiado ver cómo sacarle provecho a esa relación que estaba por formarse. En este punto, sí. Kyo deseaba ser capaz de seguir conociéndola un poco, un poquito más. —En los cuarteles se rumoreaba que me asignarían con alguien capaz de invocar tormentas con un estornudo, y veo que no exageraban en absoluto. —mentiría. Obviamente nadie le había dicho tal información de la electrizante Elara, pero, como era un total mentiroso, Kyo siempre debía buscar alguna forma de llamar la atención, ¿no?
Pobre de él. No sabía ser honesto.
En esa conversación, mientras Kyo se limitaba a analizar la presencia de la fémina, el rugido del estómago de está rompería momentáneamente el silencio, provocando que Kyo soltara una carcajada suave que no llegaba a ser una burla, sino más bien una notable expresión de gracia.
Sí, le hacía gracia.
—Un estómago ruidoso es la señal de buena salud, mi querida Nee-chan. Ya sabes lo que dicen, antes de planear algo siempre se debe tener la panza llena, ¿no crees? —comentaría con naturalidad, haciendo un gesto con la mano para invitarla a guiar el camino. Después de todo si podía comer gratis, entonces bien por él. —Acepto la invitación, por supuesto. Un hombre de mi posición no puede permitirse rechazar el banquete de bienvenida de una dama tan atenta y hermosa como usted. —guiñándole un ojo, prosiguió.
Mientras empezaban a caminar hacia el pueblo, Kyo sacaría una pequeña moneda de su bolsillo, jugueteando con ella entre sus dedos con una habilidad que delataba sus años en las calles.
Sin saber que le depararía el destino, quería creer que mantenerse al lado de Elara no haría más que traerle buenas fortunas. —Dime una cosa, antes de que lleguemos a ese manjar. ¿Hay más personas en el pequeño grupo de la revolución que estará bajo tu mando? —preguntaría, principalmente por la genuina curiosidad que sentía. —Ya sabes, tengo interés en saber que nos depara. —ni él sabía que tan difícil sería el seguir trabajando como revolucionario, pero, por ahora, Kyo prefería no pensar en ello.
