16-02-2026, 09:42 PM
(Última modificación: 16-02-2026, 10:11 PM por Saint Ethanbaron V. Nusjuro.)
Una fuerte brisa y polvareda fruto del despegue de Raida, que gritaba en la distancia el dolor de la pérdida de su amo, sacudieron el pavimento y levantaron el polvo del mismo y las virutas de hierro del área en el que estaban los supervivientes, agitando la ropa y los cabellos de los presentes. El zarandeo del ave hizo que la espada del capitán de los Mushoku cayese del cuerpo de Shinju y se precipitase hacia abajo, clavándose a sólo un metro de Ashura y del valiente Ben Power. El filo de la espada humeaba dada la baja temperatura de la misma y reflejaba en su filo la escena de los dos viejos compañeros, que estaban de rodillas uno frente al otro.
El claro en las nubes que había creado Raida en su ascenso propiciaba una tenue luz cálida sobre ellos, y el mísmo círculo del mismo diámetro se había creado en las esquirlas de metal del suelo, debido a la potencia de las alas de aquella bestia, haciendo parecer que un cilindro de luz estaba adueñándose de la escena de despedida de los dos primeros Mushoku.
No había silencio. Alrededor todo era gritos, jaleo, escándalos y cientos de hombres y mujeres luchando entre si, huyendo o reagrupándose. Muchos se marchaban en sus barcos, cargando consigo cajas de víveres y suministros con carnes, pescados, frutas, verduras, telas, metales, dinero, tesoros varios... el fin de Shinju era la oportunidad para escapar y vivir una nueva vida. Otros lo tomaban como el final de un líder y la oportunidad de establecer uno nuevo, no reconociendo a Ashura y los Mushoku pese a las palabras del capitán de estos. Y otros tantos, los que estaban ahí - y a quienes cada vez se les sumaba más gente - observaban el final del que había sido una de las calamidades de la historia reciente, y quienes habían sido los que habían acabado con él.
Reconocían que el conjunto de los Mushoku había logrado imponerse al tirano Shichibukai, y ahora, era mejor estar a sus órdenes que jugar a ser piratas y que la Marina acabase con ellos en alto mar. Era mejor servir a un nuevo señor, porque este era imposible que fuera peor que Shinju Kagayaku.
Ben Power expiraba su último aliento mientras chocaba su frente en el pecho de su capitán.
Años atrás, en la isla de Kyodaina, en el Grand Line, ese oni y ese mink, junto con un birkaniano llamado Zarek, se juntaron como grupo formando los Mushoku, tratando de escapar de ese lugar y comenzar una leyenda. Rapax llegó después, al igual que Korg y Artur, tras ellos Gaeru y Quetzalli fueron los últimos miembros de la banda. Los Mushoku crecieron en el Grand Line como un nombre poderoso y temido, y sus poderes eran dignos de ello. Ashura reunió bajo su bandera a poderosos personajes con poderosas habilidades de las frutas del diablo... pero lo perdió todo.
Zarek murió antes de comenzar esa aventura, Gaeru cayó en batalla, y Rapax y Artur perdían la vida hoy, así como Ben Power. Cinco miembros a las espaldas en el camino de los Mushoku, cinco cadáveres que alzaban a Ashura encima de los demás, y no por su mano, si no por sus decisiones, dejándole ahora sólo con la compañía de Korg y Quetzalli como únicos amigos. Si es que podían llamarse amigos.
¿Acaso el oni no dudaría en sacrificarlos llegado el momento? ¿No sería capaz de mirar hacia otro lado con su muerte cuando esta sucediese, solo para poder seguir avanzando? ¿Eso es lo que se hacía con los amigos?
Ahora tenían el territorio ansiado, uno que les había costado tres vidas, pero ¿merecía la pena?
¿Qué haría ahora Ashura, debilitado, herido y marcado para siempre sin su ojo derecho, con sólo dos amigos a su lado?
Los hombres y mujeres que habían cargado junto con Ben Power caminaron y rodearon a Ashura y Ben, mientras otros tantos se esparcían por el terreno recuperando sus armas y con ellas encontrando a Korg, también rescatando a Quetzalli, y incluso al ajeno a esta banda, Bartolomeow. Todos formaron un círculo alrededor de Ashura y entonces los que estaban más cerca de él comenzaron a arrodillarse, siguiendo este ejemplo todos los círculos concéntricos a este, acabando por terminar todos de rodillas ante el nuevo soberano de Hachinosu, cargando con los cuerpos de sus compañeros y los participantes en esta batalla y poniéndolos a salvo.
El principio de una nueva era, que era fotografiada por uno de los que pasaban de largo hacia los barcos del puerto, acababa de ver la luz en este día, en esta isla.
Los Mushoku, capitaneados por Ashura "el Mata Héroes", habían derrotado a Shinju Kagayaku y la tripulación de Mittsuami.
El claro en las nubes que había creado Raida en su ascenso propiciaba una tenue luz cálida sobre ellos, y el mísmo círculo del mismo diámetro se había creado en las esquirlas de metal del suelo, debido a la potencia de las alas de aquella bestia, haciendo parecer que un cilindro de luz estaba adueñándose de la escena de despedida de los dos primeros Mushoku.
No había silencio. Alrededor todo era gritos, jaleo, escándalos y cientos de hombres y mujeres luchando entre si, huyendo o reagrupándose. Muchos se marchaban en sus barcos, cargando consigo cajas de víveres y suministros con carnes, pescados, frutas, verduras, telas, metales, dinero, tesoros varios... el fin de Shinju era la oportunidad para escapar y vivir una nueva vida. Otros lo tomaban como el final de un líder y la oportunidad de establecer uno nuevo, no reconociendo a Ashura y los Mushoku pese a las palabras del capitán de estos. Y otros tantos, los que estaban ahí - y a quienes cada vez se les sumaba más gente - observaban el final del que había sido una de las calamidades de la historia reciente, y quienes habían sido los que habían acabado con él.
Reconocían que el conjunto de los Mushoku había logrado imponerse al tirano Shichibukai, y ahora, era mejor estar a sus órdenes que jugar a ser piratas y que la Marina acabase con ellos en alto mar. Era mejor servir a un nuevo señor, porque este era imposible que fuera peor que Shinju Kagayaku.
Ben Power expiraba su último aliento mientras chocaba su frente en el pecho de su capitán.
Años atrás, en la isla de Kyodaina, en el Grand Line, ese oni y ese mink, junto con un birkaniano llamado Zarek, se juntaron como grupo formando los Mushoku, tratando de escapar de ese lugar y comenzar una leyenda. Rapax llegó después, al igual que Korg y Artur, tras ellos Gaeru y Quetzalli fueron los últimos miembros de la banda. Los Mushoku crecieron en el Grand Line como un nombre poderoso y temido, y sus poderes eran dignos de ello. Ashura reunió bajo su bandera a poderosos personajes con poderosas habilidades de las frutas del diablo... pero lo perdió todo.
Zarek murió antes de comenzar esa aventura, Gaeru cayó en batalla, y Rapax y Artur perdían la vida hoy, así como Ben Power. Cinco miembros a las espaldas en el camino de los Mushoku, cinco cadáveres que alzaban a Ashura encima de los demás, y no por su mano, si no por sus decisiones, dejándole ahora sólo con la compañía de Korg y Quetzalli como únicos amigos. Si es que podían llamarse amigos.
¿Acaso el oni no dudaría en sacrificarlos llegado el momento? ¿No sería capaz de mirar hacia otro lado con su muerte cuando esta sucediese, solo para poder seguir avanzando? ¿Eso es lo que se hacía con los amigos?
Ahora tenían el territorio ansiado, uno que les había costado tres vidas, pero ¿merecía la pena?
¿Qué haría ahora Ashura, debilitado, herido y marcado para siempre sin su ojo derecho, con sólo dos amigos a su lado?
Los hombres y mujeres que habían cargado junto con Ben Power caminaron y rodearon a Ashura y Ben, mientras otros tantos se esparcían por el terreno recuperando sus armas y con ellas encontrando a Korg, también rescatando a Quetzalli, y incluso al ajeno a esta banda, Bartolomeow. Todos formaron un círculo alrededor de Ashura y entonces los que estaban más cerca de él comenzaron a arrodillarse, siguiendo este ejemplo todos los círculos concéntricos a este, acabando por terminar todos de rodillas ante el nuevo soberano de Hachinosu, cargando con los cuerpos de sus compañeros y los participantes en esta batalla y poniéndolos a salvo.
El principio de una nueva era, que era fotografiada por uno de los que pasaban de largo hacia los barcos del puerto, acababa de ver la luz en este día, en esta isla.
Los Mushoku, capitaneados por Ashura "el Mata Héroes", habían derrotado a Shinju Kagayaku y la tripulación de Mittsuami.
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