15-02-2026, 08:26 AM
(Última modificación: 15-02-2026, 08:29 AM por Ryota Miyamoto.)
Las voces en la habitación pronto se cruzan una con la otra animando un ambiente antes apagado, y desencadenan una conversación fluida e informal.
Ryota sonrió a las burlas, no le molestan sin importar de quién vengan, pero las de Runin suelen hacerle gracia. La comisura de sus labios entonces se realza evidenciando su agrado, le gusta contar con el apoyo de la morena tanto para lo bueno, como para lo malo y en esta ocasión, si ambos podían odiar al mismo enano barrigón era algo bueno.

“Kekeke, si tres tipos son capaces de hacerte eso. Yo no tendría ni la mínima oportunidad contra ellos.”
Respondió entre sonrisas, siendo consciente de la diferencia de fuerzas entre ambos. “Pero prometo hacerte porras desde una distancia segura.” Culminó sus palabras ya sin sus vestiduras y en el interior del hermoso cuarto de baño. Ryota sentía que no hacía falta hacer una promesa o un juramento, Runin sabía lo que era capaz de dar por ella o al menos eso esperaba. “Después de todo, confío en ti.” Palabras que tenían más significado del que otros pudieran imaginar, y solo ella sabía a lo que se referían. Eran el recuerdo a aquel pacto que ambos alcanzaron cuando llegaron a esa isla. Una petición de la dueña de peligrosas curvas, que fue escuchada y contestada.
El suave tacto de la piel ajena pronto lo acarició desde la espalda hasta su hombro. “Me encantaría, siempre me siento rígido después de convertirme en eso…” Siente un escalofrió recorrer su cuerpo después de adentrarse en los recuerdos de su maldito poder del diablo.
Por suerte, es rescatado por el suave tacto de las nubes desde su espalda. Se siente reconfortado, tranquilo y a gusto.

“Gracias, por tanto, perdón por tan poco.”
Agradeció en silencio el tener a Runin, casi al mismo tiempo que la escuchaba ofrecer tentadoras soluciones, antes de sentir la mordida sobre su cuello. “Auch.” Se quejó sin malestar verdadero, para verla adelantarse hasta la bañera y retarlo con la belleza que la caracterizaba.

“Voy hasta el fin del mundo si quieres.”
La confirmación dio paso al precio de sus deseos.
Como únicos testigos de aquel instante quedaron el sonido del agua, sus cuerpos y las miradas que compartían. Todo se desató en una mezcla impredecible de caricias, caprichos, arrebatos y deseos que agitaron sus cuerpos al punto de sentirse en una esfera, alejados de toda preocupación, malestar o peligro. Así pasaron de la lujuria inquieta a una completa serenidad, arropados por la tibia sensación que deja el punto máximo de unión entre dos almas.
Pasado el tiempo, ambos terminaron en la tina, con sus cuerpos sumergidos bajo la reconfortante sensación del agua tibia. Ryota descansaba tras un reparador esfuerzo y, sobre él, Runin permanecía recostada, flotando con suavidad entre las ondulaciones del agua.
“Ya olvidé por qué estaba molesto…” Expreso Ryota con una sonrisa tontorrona. “Ah sí, el enano… bueno, al menos sirvió para que me diera cuenta de que mis ataques no hacen ningún daño.” Expreso sin ningún malestar en su tono, no podía siquiera dejar de sentirse cómodo en ese momento, así que solo hablaba con honestidad. “Ninguno de mis ataques hizo daño real en ellos, eso me preocupa…”
