14-02-2026, 08:05 AM
El cansancio comenzaba a pasar factura sobre mi cuerpo. Al terminar, solo pude verme aún más cansado, respirando con pereza mientras liberaba el pulgar de mi mordida, me comenzaba a costumbrar a la sensación que el mayor me generaba cuando tomaba la decisión de terminar en mi interior y al escuchar sus palabras solo pude soltar una risita ¿Era de verdad? No solo esa sonrisa me encantaba sino la forma en la que sonaban sus palabras también tenía su encanto ¿O es que era lo absurdo de la disculpa? Después de tantas veces me parecía ilógico. —¿En serio acabas de disculparte por eso? Creí que era nuestra nueva normativa ¿me entiendes? Así que no te disculpes por una tontería así. — Hablé con cierta dulzura en la voz, mierda, el cansancio me hacía mucho más vulnerable, aunque… ¿No era esto también parte de la nueva normalidad?

Recibí sus besos moviendo la cabeza a un costado para darle más espacio, soltando un suspiro con lo mucho que disfrutaba el tacto del más alto y simplemente dejé un pequeño beso sobre su pulgar para retirar su mano de mis labios. Por más que me tentara sabía que tendríamos que parar: Aunque teníamos un par de horas era verdad que ambos necesitábamos una buena noche de sueño y descanso antes de enfrentarnos al viejo malicioso…. Nada más faltaba que fuera gyojin. Alejé con cautela al hombre, separando su rostro de mi cuello todavía con una sonrisa en el rostro que no tardó en convertirse en una expresión de cansancio. —No creo poder resistirla, Jin... Al menos no sin desmayarme o ser un flojo de mierda. —

Me estiré en la cama, empujando al hombre de encima mío para que pudiera sentarme y finalmente levantarme. Estaba exhausto, por supuesto, pero me negaba a mantenerme así. Necesitaba una ducha urgente. — Voy a ducharme, no tardaré. Sé lo que piensas y ni se te ocurra. No otra vez. — No sabía ni dónde estaban las toallas, pero eso era un problema para después; algo encontraría en el baño, siempre se encuentra. Cerré la puerta tras de mí y, casi por inercia, giré la llave del agua caliente. El vapor comenzó a levantarse de inmediato, llenando el espacio con una neblina tibia que empañó el espejo y suavizó los contornos del lugar, como si el mundo se volviera menos nítido a propósito.
Me deslicé bajo el chorro con calma, dejando que el agua recorriera mi cuello y mis hombros, llevándose consigo el polvo del día, la tensión acumulada, incluso los pensamientos que no habían dejado de girar desde que todo había empezado. Cerré los ojos un momento, apoyando la frente contra los azulejos, y solté un suspiro largo, casi agradecido. El calor me envolvía de una forma peligrosamente reconfortante.
Con cada segundo que pasaba, el cansancio comenzaba a hacerse notar con más claridad. Sentía los músculos pesados, las piernas menos firmes, producto de los sucesos recientes. Un bostezo se me escapó sin que pudiera evitarlo, amplio y lento, acompañado de ese extraño vacío agradable que anuncia que el sueño está ganando terreno.

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