14-02-2026, 04:08 AM
Me quedé sentado en el suelo, con los codos apoyados sobre las rodillas y las manos colgando entre ellas, sintiendo todavía el calor del entrenamiento vibrándome en los músculos. La noche en el manglar era densa y húmeda, las raíces gigantes dibujaban sombras caprichosas sobre el césped y pequeñas burbujas ascendían en silencio, como si el aire mismo estuviera soñando. Entonces Triana soltó la cifra. Cuatrocientos millones de berries. Durante un segundo pensé que había oído mal. Parpadeé. No. 400.000.000. Sentí que se me escapaba una risa incrédula por la nariz antes de abrir bien los ojos. -Wow, Triana. Eso es mucho dinero.- No era solo dinero. Era peligro. Era fama. Era poder. Era historia escrita a cañonazos en los mares del Grand Line. Mi corazón dio un pequeño salto eléctrico. -Algún día tendré esa recompensa. O incluso más que Theodor Tempesta. ¡Shajajajajajajaja!- Solté la carcajada, breve pero sincera, imaginando mi propio cartel ondeando en cada puerto. No por vanidad vacía, sino porque una recompensa alta significa que estás dejando huella. Que el mundo te teme lo suficiente como para ponerte precio. Y si el mundo me teme, entonces estoy avanzando. Pero no dejé pasar lo otro que dijo. Que no dudara en golpear a su hermano si podía. La miré con una media sonrisa desafiante. -¡Pues claro que podré! ¡Soy mucho más fuerte de lo que parece!- Sentí cómo el orgullo me inflamaba el pecho, juvenil y ardiente. -¡Estoy seguro de que podría ganarte a un pulso a ti o a cualquiera que se me presente!-
Asentí despacio mientras Triana hablaba de Kumatetsu, y algo dentro de mi pecho, que llevaba un rato tenso como cuerda de arco, empezó a aflojarse. La luz tenue de las burbujas flotando entre las raíces del manglar dibujaba reflejos suaves en su rostro, y sus palabras tenían ese tono firme que no deja espacio para el pánico. Dijo que estaría bien. Que lo encontraríamos. Que el mar es inmenso, sí, pero nosotros también cruzamos islas sin detenernos, que el mar no es infinito si uno tiene rumbo. Me quedé mirándola unos segundos más de lo normal, sintiendo cómo la seguridad que proyectaba se me contagiaba como el calor después de entrenar. Incliné el torso desde donde estaba, sentado aún en la hierba húmeda, y le ofrecí una pequeña reverencia sincera. No exagerada. No teatral. Solo agradecida. Que alguien más confíe en tu promesa cuando tú mismo dudas en silencio… eso es un regalo extraño y poderoso. Luego habló de Yojimbo. Dijo que seguro estaría bien, que no nos había abandonado, que probablemente se habría perdido buscando coles para cenar o distraído con alguna de sus estupideces habituales. Durante un segundo intenté mantener la compostura, pero la imagen mental fue demasiado clara: Yojimbo persiguiendo una col rodando colina abajo con expresión heroica. La risa me explotó en el pecho. -¡Shajajajajajajaja! ¡Sí que es verdad! ¡Es lo típico que le pasaría a Yojimbo! ¡Menudo idiota! ¡Shajajajaja!- Me llevé una mano al estómago mientras reía, notando cómo la preocupación se transformaba en algo más ligero. A veces el miedo se combate con fuerza. Otras veces, con una carcajada compartida bajo un cielo extraño.
Cuando Triana me lanzó esa pregunta, no respondí de inmediato. Me llevé la mano al mentón, aún caliente por el ejercicio, y fruncí ligeramente el ceño mientras observaba cómo una burbuja ascendía lentamente hasta estallar en silencio sobre nuestras cabezas. ¿Por qué me gustan los piratas? Parece una pregunta sencilla, pero no lo es. -Es una buena pregunta. Miedo nunca tuve por ellos. Mi admiración supongo que sale por todas las aventuras que me contaban de ellos.- Mi voz salió más tranquila, menos impulsiva que antes. Me dejé caer hacia atrás hasta que mi espalda tocó el césped húmedo, sintiendo el frescor atravesar la tela y pegarse a mi piel sudada. Miré el cielo fragmentado entre las raíces gigantes del manglar, ese techo extraño que hace que Sabaody parezca un mundo al revés. Recordé historias escuchadas de niño: barcos desafiando tormentas imposibles, capitanes riendo frente a la muerte, tripulaciones que eran familias elegidas y no impuestas. -Quizás esa sensación de libertad, de hacer lo que quieran, de todo eso… Quizás es lo que me gustaba de ellos.- No era solo violencia ni fama. Era la idea de no pertenecer a jaulas invisibles. De elegir tu propio rumbo aunque el mar intente devorarte. Giré la cabeza hacia ella, con una media sonrisa que no podía evitar. -Y mírame. Ahora soy uno de los que admiraba.- Sentí un cosquilleo extraño en el pecho, una mezcla de orgullo y vértigo. Convertirse en lo que antes era mito tiene algo de peligroso; significa que ya no observas la historia, la escribes. -Y quién sabe a dónde podemos llegar… ¡Shajajajajaja!- Mi risa rompió la quietud nocturna, ligera pero cargada de ambición. El horizonte del Grand Line es incierto, salvaje, absurdo. Precisamente por eso quiero recorrerlo entero.
Asentí despacio mientras Triana hablaba de Kumatetsu, y algo dentro de mi pecho, que llevaba un rato tenso como cuerda de arco, empezó a aflojarse. La luz tenue de las burbujas flotando entre las raíces del manglar dibujaba reflejos suaves en su rostro, y sus palabras tenían ese tono firme que no deja espacio para el pánico. Dijo que estaría bien. Que lo encontraríamos. Que el mar es inmenso, sí, pero nosotros también cruzamos islas sin detenernos, que el mar no es infinito si uno tiene rumbo. Me quedé mirándola unos segundos más de lo normal, sintiendo cómo la seguridad que proyectaba se me contagiaba como el calor después de entrenar. Incliné el torso desde donde estaba, sentado aún en la hierba húmeda, y le ofrecí una pequeña reverencia sincera. No exagerada. No teatral. Solo agradecida. Que alguien más confíe en tu promesa cuando tú mismo dudas en silencio… eso es un regalo extraño y poderoso. Luego habló de Yojimbo. Dijo que seguro estaría bien, que no nos había abandonado, que probablemente se habría perdido buscando coles para cenar o distraído con alguna de sus estupideces habituales. Durante un segundo intenté mantener la compostura, pero la imagen mental fue demasiado clara: Yojimbo persiguiendo una col rodando colina abajo con expresión heroica. La risa me explotó en el pecho. -¡Shajajajajajajaja! ¡Sí que es verdad! ¡Es lo típico que le pasaría a Yojimbo! ¡Menudo idiota! ¡Shajajajaja!- Me llevé una mano al estómago mientras reía, notando cómo la preocupación se transformaba en algo más ligero. A veces el miedo se combate con fuerza. Otras veces, con una carcajada compartida bajo un cielo extraño.
Cuando Triana me lanzó esa pregunta, no respondí de inmediato. Me llevé la mano al mentón, aún caliente por el ejercicio, y fruncí ligeramente el ceño mientras observaba cómo una burbuja ascendía lentamente hasta estallar en silencio sobre nuestras cabezas. ¿Por qué me gustan los piratas? Parece una pregunta sencilla, pero no lo es. -Es una buena pregunta. Miedo nunca tuve por ellos. Mi admiración supongo que sale por todas las aventuras que me contaban de ellos.- Mi voz salió más tranquila, menos impulsiva que antes. Me dejé caer hacia atrás hasta que mi espalda tocó el césped húmedo, sintiendo el frescor atravesar la tela y pegarse a mi piel sudada. Miré el cielo fragmentado entre las raíces gigantes del manglar, ese techo extraño que hace que Sabaody parezca un mundo al revés. Recordé historias escuchadas de niño: barcos desafiando tormentas imposibles, capitanes riendo frente a la muerte, tripulaciones que eran familias elegidas y no impuestas. -Quizás esa sensación de libertad, de hacer lo que quieran, de todo eso… Quizás es lo que me gustaba de ellos.- No era solo violencia ni fama. Era la idea de no pertenecer a jaulas invisibles. De elegir tu propio rumbo aunque el mar intente devorarte. Giré la cabeza hacia ella, con una media sonrisa que no podía evitar. -Y mírame. Ahora soy uno de los que admiraba.- Sentí un cosquilleo extraño en el pecho, una mezcla de orgullo y vértigo. Convertirse en lo que antes era mito tiene algo de peligroso; significa que ya no observas la historia, la escribes. -Y quién sabe a dónde podemos llegar… ¡Shajajajajaja!- Mi risa rompió la quietud nocturna, ligera pero cargada de ambición. El horizonte del Grand Line es incierto, salvaje, absurdo. Precisamente por eso quiero recorrerlo entero.
![[Imagen: oSgdXs8.png]](https://imgur.com/oSgdXs8.png)
Alas Negras
- Narro - Hablo -"Pienso" -
