[Pasado] Serenidad
#7
Seguí lanzando puñetazos al aire, uno tras otro, sintiendo cómo los músculos de mis hombros ardían con esa calidez familiar que anuncia progreso, mientras las raíces gigantes del manglar se retorcían sobre mi cabeza como columnas vivas sosteniendo la noche de Sabaody. Las burbujas flotaban a nuestro alrededor, explotando en silencios diminutos, y el olor salado del mar se mezclaba con la humedad espesa que hacía que cada respiración pesara un poco más. Entonces Triana habló de su familia. Su madre, marine. Su hermano, pirata. Temibles, dijo. Me detuve en seco. El último golpe quedó suspendido en el aire, el puño temblando antes de bajarlo despacio. La miré con los ojos muy abiertos, sintiendo esa chispa eléctrica que me recorre cuando algo huele a historia grande. -¿De verdad que son temibles? ¿Cómo se llama tu hermano? ¿Es fuerte? ¿Tiene tripulación? ¿Es capitán? ¿Cuánto tiene de wanted?- Las preguntas se me escaparon atropelladas, casi infantiles, pero no podía evitarlo; los piratas son como insectos rarísimos para mí, cada uno con colores y comportamientos distintos, dignos de estudio en mi futura enciclopedia. Me sequé el sudor con el antebrazo y sonreí, incapaz de ocultar la emoción. Pensar que la Vicecapitana de los Alas Negras tiene sangre dividida entre la justicia oficial y la libertad del mar… eso explica tantas cosas. Tal vez esa tensión sea lo que la hace tan firme, tan peligrosa, tan ella. Sentí una punzada de curiosidad casi científica: ¿Qué clase de carácter forja una familia así? Mis nudillos crujieron cuando los cerré otra vez. Si su hermano es fuerte, quiero saberlo. Si es capitán, quiero enfrentarlo algún día.

Mientras aún sentía el cosquilleo de la curiosidad en el pecho, algo se ajustó en mi interior. La vi a ella. No como la Vicecapitana temible de los Alas Negras, no como la estratega fría que puede leer un campo de batalla con un solo vistazo… sino como Triana. Una mujer hablando de su madre y de su hermano bajo la luz nocturna de Sabaody. Me quedé quieto. El manglar crujía suavemente con la brisa, y mi respiración, antes agitada por los golpes, empezó a acompasarse con un ritmo más consciente. ¿Y si había sido imprudente? Yo veía “marine” y “pirata” y mis ojos brillaban. Pero para ella podían ser heridas, decisiones imposibles, despedidas que no se cuentan. Di un paso hacia atrás, clavé los pies en la tierra húmeda y flexioné el torso en una media reverencia torpe, sincera. -Perdón, Triana. No sé si te duele hablar de tu familia. Pero… ¡es que me encantan los piratas!- Levanté la cabeza con una sonrisa que intentaba ser ligera, aunque por dentro me sentía como un niño que ha tocado algo frágil sin darse cuenta. Mi pasión a veces es un incendio que no mide lo que quema. Apreté los puños otra vez, esta vez no para golpear, sino para afirmar algo que llevaba mucho más peso que mis preguntas. -¡Y por supuesto que podré protegerte! ¡A ti y a toda la tripulación!- Lo dije con una convicción que me atravesó como un rayo. No era arrogancia. Era promesa. Cada flexión, cada entrenamiento en la oscuridad, cada gota de sudor bajo estos manglares… todo tiene ese propósito.

La pregunta de Triana sobre Kumatetsu me golpeó con más fuerza que cualquiera de mis propios puñetazos. Bajé los brazos, dejando que el sudor resbalara por mis antebrazos mientras miraba un punto perdido entre las raíces iluminadas por las burbujas. -Pues, lo único que sé es que escapó de la Marina, y le dijo a un vecino que me dijera que lo buscara en el Grand Line.- Respondí, encogiéndome de hombros con una naturalidad que no era del todo real. Decirlo en voz alta siempre lo hace sonar más simple de lo que fue. Una fuga. Un mensaje indirecto. Un “búscame”. Nada más. Y, sin embargo, ese “nada más” ha sido el motor de media vida. -Pero seguro que está bien. Y él sabe que estoy bien. Me entrenó él mismo. Somos fuertes. Él más que yo, muuuucho más que yo, así que estará bien.- Intenté sonreír. La imagen de Kumatetsu entrenándome hasta que los huesos me dolían apareció nítida: su voz áspera, sus golpes certeros, su manera brutal de demostrar afecto. Si el mundo es una selva, él me enseñó a ser depredador y no presa. Aun así… suspiré. -Aunque siempre me pregunto dónde demonios estará.- La noche parecía escucharme. Me dejé caer de culo sobre el césped húmedo, notando el frío filtrarse a través del pantalón. Miré el cielo entre las ramas retorcidas. El Grand Line es inmenso. Absurdamente inmenso. Pensar en buscar a alguien allí es como intentar localizar una hormiga específica en una tormenta. Y, sin embargo, lo haré. Luego fruncí el ceño, apoyando los codos en las rodillas. -También te digo que ahora mi preocupación es Yamamura. ¿Por qué es tan idiota y no nos ha dicho nada de donde está?- Sentí una punzada de frustración más amarga que la nostalgia. El silencio de un enemigo se soporta. El silencio de un aliado… ese duele distinto.
[Imagen: oSgdXs8.png]
Alas Negras
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[Pasado] Serenidad - por Kenzo D. Fujiwara - 13-03-2025, 08:49 PM
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