11-02-2026, 05:05 AM
(Última modificación: 11-02-2026, 05:08 AM por Miyori Hoshino.)
Nunca olvidaría esta noche tan preciosa. Mi corazón se sentía dichoso, como si al fin hubiera encontrado la libertad para dejar atrás el temor a equivocarme. El ambiente rebosaba de ferviente alegría serena, de esas que no hacen ruido ni incomodan, te hacen querer quedarte para siempre.
No lo negaré, una parte de mí deseaba volver a casa, no tanto por la comodidad ni por qué una parte de mí extrañaba a mi familia, si no, por un miedo pequeño y ambiguo que arraigaba en mi corazón, un miedo que, en silencio, me hacía dudar cada día si de verdad sería capaz de ver, comprender y abrazar todo lo que la música tiene para ofrecerme. Esta noche lo descubrí, fuí iluminada a la verdad, y las ataduras de mi temor fueron desechadas con solo las palabras dichas por Cill. Entendí que incluso el temor puede caminar de la mano con la esperanza, y que avanzar también es una forma de amarte a ti mismo.
Mis ojos azules se quedaron un instante más observando el cielo nocturno, soñando con la verdad que me había sido entregada, y quise hacerme dueña de tan bello concepto. En ese instante, mil preguntas albergaron en mi cabeza, ¿Por donde podía comenzar?, ¿hacia dónde debería ir?, ¿estaría lista para afrontar lo que sea que se me cruzara en el camino? La ansiedad me rozaba con suavidad, pero, era una ansiedad llena de claridad camuflada con felicidad desbordante. Mis manos seguían reposando sobre mi pecho, como si sostuviera con cuidado los latidos de un corazón hambriento de deseos.
Bajé la mirada entonces; mi atención había sido atraída por la cercanía del chico de cabello alborotado en color azabache. Su mirada se encontró con la mía, y en un gesto silencioso de complicidad, ambos no sonreímos con suavidad. Bastó ese instante para saber que estábamos en la misma página Me quedé allí, expectante, aguardando a que se incorporara a mi lado.
Y de manera imprevista, su mano se posicionó sobre mi cabeza. La sentí cálida, suave, con un toque que trataba de transmitirme confianza. No me aparté en ningún momento, nunca aparté mi mirada de sus ojos marrones, incluso cuando tuvo que inclinarse un poco para estar a mi altura. Nunca dejé de verlo. Aprovechó ese momento para regresarme entre sus manos el violín que había dejado a su cuidado.
—Tienes razón, tendré más cuidado…- Dije entre pequeñas risas, aceptando mi culpa sin más. Tome el estuche de mi violín y lo coloqué de nuevo en mi hombro derecho, ajustando la correa para que no se deslizará, mientras lo hacía, lo escuchaba con suma atención. — ¡Si, suena muy emocionante! —Afirmé con brillo en mis ojos, él tenía razón, el mundo es enorme y se debía explorar.
Jamás habría imaginado que aquella noche el destino ataría mi camino al de un chico al que no llevaba ni treinta minutos de conocer. Parecía el inicio de una historia imposible y chistosa, casi irreal. Papadeé un par de veces, todavía sorprendida, intentando comprender la magnitud de lo que Cill me acababa de proponer. Quería decir decir que si, lo deseaba con tanto anhelo que quemaba mi pecho. ¿Pedo podía?.
—¿En verdad puedo?...- Pregunté incrédula de lo que me estaba proponiendo. Avanzando hacia él, tratando de encararlo. Mis ojos se llenaron de felicidad, casi al borde de querer llorar, pero no lo hice. —¿No te estorbaría?.
Y no pude resistirme en lo más mínimo. Lo abracé, estrechando mis brazos alrededor de su cuello, casi colgandome de él, estaba eufórica de tanta felicidad, y no se cuantas veces le dije. —Si, si, si si, ¡SI!.
—¡Seamos piratas!
No lo negaré, una parte de mí deseaba volver a casa, no tanto por la comodidad ni por qué una parte de mí extrañaba a mi familia, si no, por un miedo pequeño y ambiguo que arraigaba en mi corazón, un miedo que, en silencio, me hacía dudar cada día si de verdad sería capaz de ver, comprender y abrazar todo lo que la música tiene para ofrecerme. Esta noche lo descubrí, fuí iluminada a la verdad, y las ataduras de mi temor fueron desechadas con solo las palabras dichas por Cill. Entendí que incluso el temor puede caminar de la mano con la esperanza, y que avanzar también es una forma de amarte a ti mismo.
Mis ojos azules se quedaron un instante más observando el cielo nocturno, soñando con la verdad que me había sido entregada, y quise hacerme dueña de tan bello concepto. En ese instante, mil preguntas albergaron en mi cabeza, ¿Por donde podía comenzar?, ¿hacia dónde debería ir?, ¿estaría lista para afrontar lo que sea que se me cruzara en el camino? La ansiedad me rozaba con suavidad, pero, era una ansiedad llena de claridad camuflada con felicidad desbordante. Mis manos seguían reposando sobre mi pecho, como si sostuviera con cuidado los latidos de un corazón hambriento de deseos.
Bajé la mirada entonces; mi atención había sido atraída por la cercanía del chico de cabello alborotado en color azabache. Su mirada se encontró con la mía, y en un gesto silencioso de complicidad, ambos no sonreímos con suavidad. Bastó ese instante para saber que estábamos en la misma página Me quedé allí, expectante, aguardando a que se incorporara a mi lado.
Y de manera imprevista, su mano se posicionó sobre mi cabeza. La sentí cálida, suave, con un toque que trataba de transmitirme confianza. No me aparté en ningún momento, nunca aparté mi mirada de sus ojos marrones, incluso cuando tuvo que inclinarse un poco para estar a mi altura. Nunca dejé de verlo. Aprovechó ese momento para regresarme entre sus manos el violín que había dejado a su cuidado.
—Tienes razón, tendré más cuidado…- Dije entre pequeñas risas, aceptando mi culpa sin más. Tome el estuche de mi violín y lo coloqué de nuevo en mi hombro derecho, ajustando la correa para que no se deslizará, mientras lo hacía, lo escuchaba con suma atención. — ¡Si, suena muy emocionante! —Afirmé con brillo en mis ojos, él tenía razón, el mundo es enorme y se debía explorar.
Jamás habría imaginado que aquella noche el destino ataría mi camino al de un chico al que no llevaba ni treinta minutos de conocer. Parecía el inicio de una historia imposible y chistosa, casi irreal. Papadeé un par de veces, todavía sorprendida, intentando comprender la magnitud de lo que Cill me acababa de proponer. Quería decir decir que si, lo deseaba con tanto anhelo que quemaba mi pecho. ¿Pedo podía?.
—¿En verdad puedo?...- Pregunté incrédula de lo que me estaba proponiendo. Avanzando hacia él, tratando de encararlo. Mis ojos se llenaron de felicidad, casi al borde de querer llorar, pero no lo hice. —¿No te estorbaría?.
Y no pude resistirme en lo más mínimo. Lo abracé, estrechando mis brazos alrededor de su cuello, casi colgandome de él, estaba eufórica de tanta felicidad, y no se cuantas veces le dije. —Si, si, si si, ¡SI!.
—¡Seamos piratas!
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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