10-02-2026, 11:23 PM
Las palabras de Tezca lo alcanzaban y, aún así, no era capaz de frenar. Sus movimientos fueron mas bruscos, lanzándolo contra la cama boca arriba. Sus dientes se separaron de su hombro al momento que se atrevía a escucharlo contestarle a su jefe. ¿Se atrevía a contestar esa provocación? No, eso sí que no. Sus labios no podían apartarse de su piel, terminaron ahora en la zona de la nuez, succionando la piel de dicha zona mientras lo escuchaba contestarle. Él era suyo, maldita sea. No permitiría que Raigo pusiera un solo dedo encima de ese hombre. Por encima de su maldito cadáver. Sus caderas no cesaron, solo fueron más bruscos, solo parando un segundo para respirar, apartando sus labios de su cuello, dejando su miembro en lo más profundo del contrario para que pudiera terminar de hablar sin que la voz se le hiciera demasiado ronca. A estas alturas sospechaba que su jefe ya sabía qué estaba ocurriendo y, al menos por el momento, no le importaba.
—Venid a las doce. A medianoche. En el lugar de siempre, Jin. — El tono de la voz se había vuelto más severo, ¿acaso le importó a Jin? Estaba tentando a la suerte. Por suerte para entonces Tezca había terminado la llamada, el caracol respondió ahora con silencio hasta caer al suelo. Las manos de Jin descendieron hasta la zona posterior de su rodilla... más bien de ambas piernas, elevándolas de forma que sus rodillas casi alcanzaban los hombros ajenos. Las caderas se movieron con violencia. Si no fuera flexible quizás sería algo problemático. Dio una nueva embestida, dejando escapar un gemido de entre sus labios.
Aceptó sus labios, besándolo con la misma pasión inicial. No podía parar, se suponía que eso debía ser especial, pero algo dentro de él al escuchar a su jefe aceptar aquella invitación lo había llenado de algo... distinto. Quizás eran celos, no lo sabía, pero era lo que más encajaba en ese momento. No quería que nadie lo tocara, nadie más que él. Mierda, mierda... Sus caderas se movían sin cuidado alguno, sentía cómo lo apretaba, cómo solo buscaba más sus labios.
Dejó las piernas encima de sus hombros, ahora buscando las manos, elevándolas encima de su cabeza. El cabello desparramado por toda la cama era una visión digna de los dioses. No, el propio Tezca, desde sus ojos hasta su forma de respirar, todo eso sí era digna de dioses. Se sintió el hombre más afortunado del mundo mientras los dedos se cruzaban entre los ajenos, entrelazándose entre sí. Separó sus labios unos segundos, con los ojos fijos en el hombre, con una mirada no solo cargada de deseo, también cariño, una expresión que no sabía que era capaz de hacer nunca antes. Sus ojos enfocados en el hombre, en la belleza que se posaba frente a él. Frenó por un segundo, con sus caderas una vez más pegadas a él, toda su virilidad en el interior del hombre. El vaho escapaba de entre sus labios.
Hizo una pausa, soltando una de las manos para posicionarla en la mejilla ajena, plantando un nuevo beso en sus labios. —Me volveré loco si vuelvo a ver una marca que no es mía en tu cuerpo. Solo imaginarte con Reigo... Me cabrea. — Apenas lo murmuró, moviendo sus caderas, sin apartarlas, haciendo un movimiento circular para que pudiera sentir más toda la extensión. —No me importa hacerte tan adicto a mí como yo de ti. — Sus ojos no podían dejar de verlo. ¿Siquiera era capaz de vivir sin él? Sus labios descendieron hasta su cuello, paseando la lengua por las zonas que había marcado como suyas.
—Venid a las doce. A medianoche. En el lugar de siempre, Jin. — El tono de la voz se había vuelto más severo, ¿acaso le importó a Jin? Estaba tentando a la suerte. Por suerte para entonces Tezca había terminado la llamada, el caracol respondió ahora con silencio hasta caer al suelo. Las manos de Jin descendieron hasta la zona posterior de su rodilla... más bien de ambas piernas, elevándolas de forma que sus rodillas casi alcanzaban los hombros ajenos. Las caderas se movieron con violencia. Si no fuera flexible quizás sería algo problemático. Dio una nueva embestida, dejando escapar un gemido de entre sus labios.
Aceptó sus labios, besándolo con la misma pasión inicial. No podía parar, se suponía que eso debía ser especial, pero algo dentro de él al escuchar a su jefe aceptar aquella invitación lo había llenado de algo... distinto. Quizás eran celos, no lo sabía, pero era lo que más encajaba en ese momento. No quería que nadie lo tocara, nadie más que él. Mierda, mierda... Sus caderas se movían sin cuidado alguno, sentía cómo lo apretaba, cómo solo buscaba más sus labios.
Dejó las piernas encima de sus hombros, ahora buscando las manos, elevándolas encima de su cabeza. El cabello desparramado por toda la cama era una visión digna de los dioses. No, el propio Tezca, desde sus ojos hasta su forma de respirar, todo eso sí era digna de dioses. Se sintió el hombre más afortunado del mundo mientras los dedos se cruzaban entre los ajenos, entrelazándose entre sí. Separó sus labios unos segundos, con los ojos fijos en el hombre, con una mirada no solo cargada de deseo, también cariño, una expresión que no sabía que era capaz de hacer nunca antes. Sus ojos enfocados en el hombre, en la belleza que se posaba frente a él. Frenó por un segundo, con sus caderas una vez más pegadas a él, toda su virilidad en el interior del hombre. El vaho escapaba de entre sus labios.
—No dejes que nadie te toque así...
Hizo una pausa, soltando una de las manos para posicionarla en la mejilla ajena, plantando un nuevo beso en sus labios. —Me volveré loco si vuelvo a ver una marca que no es mía en tu cuerpo. Solo imaginarte con Reigo... Me cabrea. — Apenas lo murmuró, moviendo sus caderas, sin apartarlas, haciendo un movimiento circular para que pudiera sentir más toda la extensión. —No me importa hacerte tan adicto a mí como yo de ti. — Sus ojos no podían dejar de verlo. ¿Siquiera era capaz de vivir sin él? Sus labios descendieron hasta su cuello, paseando la lengua por las zonas que había marcado como suyas.

—No olvides que ahora eres mío...
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
