10-02-2026, 08:29 AM
Mierda... Maldición... ¿Cómo era posible que todo se torciera de esa forma? Solo podía verlo a él, llegando casi a olvidar por un momento que en el otro lado de la línea se encontraba uno de los mayores peligros a los que se enfrentaba. Tuvo que apretar su mandíbula con fuerza, tanta que se marcaba. Estuvo a punto de eyacular allí mismo, en ese mismo instante. Requirió de toda su maldita fuerza de voluntad para no hacerlo allí mismo, en ese mismo instante. El vaho salía de entre sus labios, sus muslos temblaban. —Ya veo que te estás tomando tu tiempo. — Sus ojos se volvieron al Den-Den Mushi al escuchar la voz del contrario. Dudaba que a su jefe le sorprendiera ese momento, pero ahora todo estaba en un momento demasiado peligroso para pasarlo por alto. Instintivamente buscó reacomodar la mano en los labios de Tezca. ¿Acaso no veía que intentaba salvarlo?
Mordió su labio inferior ahora con fuerza, muy severa. Mierda... No... Se sentía demasiado bien. Las venas se marcaron en su cuello cuando la atención a su botón se hizo más perceptible. Su mano descendió al miembro ajeno, masturbándolo de nuevo, sus ojos descendían buscando su mirada. Abrió sus piernas por la nueva posición. Elevó inconscientemente su cabeza, sumido en el placer, peleando internamente por no emitir demasiado ruido. ¿Acaso alguna vez se había contenido de esa forma? Lo dudaba...
Las palabras salían temblorosas, usando ahora el caracol de modo que ambos pudieran escucharlo. Los labios del Den-Den Mushi ahora simulaban un altavoz, donde la voz Raigo, algo más firme y amenazante, hablaba. —No es ese el tipo de castigo que esperaba para el Norova. También sé que no volviste anoche. — Los muslos de Jin temblaban violentamente. Se estaba desesperando quizás tanto como Tezca. Se suponía que tenía que ser especial, pero estaba deseando penetrarlo de golpe, hacerlo enteramente suyo, llenarlo hasta que no pudiera más. Mierda, mierda... Se sentía demasiado bien. Un momento. ¿Qué le había dicho Raigo? El silencio era demasiado largo, tratando de centrarse y regresar en la mente las palabras del Gran Jefe de su propio clan. —¿De qué te preocupas tanto? A veces no me gusta que me estés vigilando el... Haahh... Trasero, maldito viejo... — mierda, lo necesitaba. Los susurros de Tezca lo convencían, el cuerpo que lo estaba convenciendo de solo tomarlo enteramente suyo. Ambas manos rodearon las caderas del contrario, tratando de frenarlo. Si lo penetraba su autocontrol se iría en... A saber dónde, maldición. ¿Invitar a alguien? Como si fuera a dejar que alguien más pusiera sus asquerosas zarpas sobre él.
—Esa invitación parece tentadora, Jin. — el fastidio llenó el rostro y expresión de Jin, quien volvió la mirada al caracol, ahora molesto. Ah no, eso sí que no. Ya no le importó que los escucharan, lo sujetó firmemente en aquel abrazo, tensando sus músculos, entrando sin avisar de una sola estocada, penetrándolo sin el cuidado inicial. Ahora eso se había convertido en una guerra de pertenencias.
—Dime la maldita hora viejo y cierra el pico, puto viejo... — Sus labios fueron al hombro ajeno, mordiéndolo sin cuidado alguno, ni siquiera cuando sintió el sabor de la sangre frenó. No. Eso sí que no. ¿Raigo con su ahora amado? No, nunca. Por encima de su cadáver. No esperó a que Tezca se adaptara. Ahora ni siquiera pensaba en las posibles consecuencias, solo buscó penetrarlo, moviendo sus caderas, deshaciendo el abrazo, sosteniendo sus glúteos y empujándolo hacia abajo para seguir moviéndose más profundo en él. Ni siquiera teniéndolo sentado frente a él, o estimulándolo. Apretó ambos glúteos con más firmeza, solo haciendo que lo sintiera más ante la tensión. Sus ojos solo podían buscar la mirada del contrario, ahora sí, separando sus labios entre jadeoos.
Mordió su labio inferior ahora con fuerza, muy severa. Mierda... No... Se sentía demasiado bien. Las venas se marcaron en su cuello cuando la atención a su botón se hizo más perceptible. Su mano descendió al miembro ajeno, masturbándolo de nuevo, sus ojos descendían buscando su mirada. Abrió sus piernas por la nueva posición. Elevó inconscientemente su cabeza, sumido en el placer, peleando internamente por no emitir demasiado ruido. ¿Acaso alguna vez se había contenido de esa forma? Lo dudaba...

—¿Qué mierda quieres, viejo? Ve al grano.
Las palabras salían temblorosas, usando ahora el caracol de modo que ambos pudieran escucharlo. Los labios del Den-Den Mushi ahora simulaban un altavoz, donde la voz Raigo, algo más firme y amenazante, hablaba. —No es ese el tipo de castigo que esperaba para el Norova. También sé que no volviste anoche. — Los muslos de Jin temblaban violentamente. Se estaba desesperando quizás tanto como Tezca. Se suponía que tenía que ser especial, pero estaba deseando penetrarlo de golpe, hacerlo enteramente suyo, llenarlo hasta que no pudiera más. Mierda, mierda... Se sentía demasiado bien. Un momento. ¿Qué le había dicho Raigo? El silencio era demasiado largo, tratando de centrarse y regresar en la mente las palabras del Gran Jefe de su propio clan. —¿De qué te preocupas tanto? A veces no me gusta que me estés vigilando el... Haahh... Trasero, maldito viejo... — mierda, lo necesitaba. Los susurros de Tezca lo convencían, el cuerpo que lo estaba convenciendo de solo tomarlo enteramente suyo. Ambas manos rodearon las caderas del contrario, tratando de frenarlo. Si lo penetraba su autocontrol se iría en... A saber dónde, maldición. ¿Invitar a alguien? Como si fuera a dejar que alguien más pusiera sus asquerosas zarpas sobre él.
—Esa invitación parece tentadora, Jin. — el fastidio llenó el rostro y expresión de Jin, quien volvió la mirada al caracol, ahora molesto. Ah no, eso sí que no. Ya no le importó que los escucharan, lo sujetó firmemente en aquel abrazo, tensando sus músculos, entrando sin avisar de una sola estocada, penetrándolo sin el cuidado inicial. Ahora eso se había convertido en una guerra de pertenencias.
Tezca era solo suyo. De nadie más.
—Dime la maldita hora viejo y cierra el pico, puto viejo... — Sus labios fueron al hombro ajeno, mordiéndolo sin cuidado alguno, ni siquiera cuando sintió el sabor de la sangre frenó. No. Eso sí que no. ¿Raigo con su ahora amado? No, nunca. Por encima de su cadáver. No esperó a que Tezca se adaptara. Ahora ni siquiera pensaba en las posibles consecuencias, solo buscó penetrarlo, moviendo sus caderas, deshaciendo el abrazo, sosteniendo sus glúteos y empujándolo hacia abajo para seguir moviéndose más profundo en él. Ni siquiera teniéndolo sentado frente a él, o estimulándolo. Apretó ambos glúteos con más firmeza, solo haciendo que lo sintiera más ante la tensión. Sus ojos solo podían buscar la mirada del contrario, ahora sí, separando sus labios entre jadeoos.

Tezca Norova no podía ser de nadie más. No lo iba a compartir ni muerto.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
