09-02-2026, 10:32 PM
Leyenda (Guía de color)
El tipo de los pocos amigos le dio un machetazo al tipo del poco pelo. O por lo menos eso parecía desde mi posición, pues le congeló media cara. Después el amigo se puso a gritar y a hablar de su padre, que para ser sincero no tenía ni la más mínima idea de a cuento de qué había entrado ese señor a la conversación. Lo normal suele ser hablar de madres, y en concreto de las madres ajenas, no las propias. Los únicos que mencionan a sus padres suelen ser los niños del colegio cuando están en una pelea, y he de decir que, si bien no puedo asegurar que ese señor haya ido al colegio o a cualquier tipo de lugar en el que le ofrezcan una educación de calidad mínimamente aceptable, sí que puedo afirmar que el tipo tiene demasiados pelos en los huevos como para andar amenazando con que su padre va a pegar a nadie. O bueno, viendo lo mucho que reluce su cabeza, tampoco puedo asegurar que tenga pelos ahí abajo - Supongo que tendré que preguntarle a Ashura si le da por machetearle las bolas - pensé, rascándome la cabeza pensativo. Si bien no veía un pimiento de lo que estaba pasando, sí que pude ver lo que parecía un nuevo ataque del tipo de los cuernos, en el que le escupía sangre al otro señor con un potente rugido. Era un ataque de lo más extraño, pero tampoco me sorprendía lo más mínimo, viendo quien lo estaba ejecutando.
Mientras esos dos energúmenos estaban ahí liados en su competición de ver quien machetea más fuerte, pude escuchar los gritos de varios tipos que parecían bastante animados por lo que estábamos haciendo. Estábamos era posiblemente una forma muy generosa de hablar, contando que yo estaba dedicándome a mirar lo que estaba pasando, aunque bueno, después de la pelea contra el horrendo señor que se transformaba en adorable chihuahua, yo creo que me había ganado un merecido descanso. Aquellos tipos se retroalimentaron al punto de ponerse a cargar contra el más bajo de los competidores de la Copa Macheteación. Parecían muy animados con la libertad, aunque conociendo a Ashura, no estaba yo muy seguro de que él entendiera el significado de aquella palabra.
Estaban pasando un sinfín de cosas a mi alrededor. De hecho, estaban sucediendo muchas más cosas de las que podía procesar, y el sobreesfuerzo de intentar enterarme de lo que acontecía hizo que me empezara a picar el gusanillo. Como que no quiere la cosa, deslicé mi mano izquierda dentro de la bolsa que portaba. Rebusqué un poco, con cierta dificultad, antes de sacar una de las mandarinas que me habían sobrado. Con cuidado y sin dejar de mirar al lugar en el que parecía estar sucediendo toda la acción, comencé a pelarla despacio, antes de empezar a comerme aquella delicia.
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