[EVENTO LOCAL - MUSHOKU] Una jauría de perros III - Terror Alado
#37
efectivamente sonó el opening

Aunque sentía que me movía, Quetzalli no pudo sacarme de allí. Pero aún así, el filo de mi hoja se disparó hacia la cara de Shinju. El frío de los vientos helados del inframundo se cristalizó en su cara, congelándose por completo y haciendo que cada una de sus respiraciones, fruto del esfuerzo y el cansancio de la batalla, salieran en forma de vaho por la congelación que había conseguido conectar en su rostro.

Me abalancé hacia él, no había tiempo, su golpe iba a matarme tarde o temprano. Tenía los suficientes conocimientos sobre medicina como para saber que aquella herida era fatal. Mientras Shinju vociferaba presa de la ira, mi haki me permitió ver como su espada se movía, reflejando el movimiento de una estocada y cargando su golpe. Lancé mi mano izquierda hacia la punta de su filo mientras gritaba sus sueños. El filo de la Escultora chocó contra la punta de su arma soltando un leve tañido que se perdió entre sus gritos. Cuando terminó y desplegó su golpe, que sin duda a estas alturas sería letal, con el filo de aquella hoja me preparé para parar sus sueños, pues ante los sueños de los demás yo solo podía ofrecer

- DEFERENCIA - Grité con fuerza apretando la mordida y aguantado el envite de su fuerza demoledora con aquella pequeña arma frente a su descomunal espada. La hoja de aquella pequeña espada aguantó el envite sostenida por mis últimos estertores de confianza mientras elevaba la postura de mi mano derecha ascendiendo sobre nuestras cabezas con la “Hoja del Luto” que parecía completamente ajena al dolor que sentía y estaba enfocada completamente en el que podía generar.

Aquel hombre, Shinju, era un rival terrible. Mucho más terrible que Yugu, era más mortal y devastador,  más voraz y ambicioso. Aquel hombre era un hombre capaz de matarme. NO. Aquel hombre me estaba matando, y no sólo a mí, también a mis hombres. Y en aquel intercambio de golpes, agarrándonos tanto nosotros como él a la vida, solo pude encontrar una cosa en el fondo de la ira que me mantenía de pies a duras penas, en el fondo de mi ser, me vi respetando a Shinju, “La catástrofe”.

La Escultora de Marfil era un buen arma, pero no era mía. En ella estaban los sueños de Gaeru por convertirse en el mejor espadachín del mundo… Pero esos sueños, junto a los de Shinju, no eran los míos. Yo tenía otros planes y metas. Aquel arma era demasiado agradecida para mi esgrima poco ortodoxa de movimientos amplios y demoledores sin gracia, aspavientos o florituras. Mi estilo era brutal, caótico y sin descanso para el oponente ni para mi. No era un estilo estético, era un estilo óptimo. Pero por un momento, aquel pequeño gyojin que un día intentó aprender de mí el arte de la espada estuvo con nosotros. Le sentí apretando junto a mi en el agarre de su espada. Y no sentía que quisiera defenderme a mi, si no que quería defender a Quetzalli, sabía que si yo sobrevivía él también lo haría.

Patético. Aquella alucinación debía ser debido a la anemia, el cansancio o Nicolás tocando cables que no debería en mi cabeza. No había momento para niñadas, ni cosas parecidas. Éramos un pirata contra otro luchando por un territorio, la parte más animal del ser humano, y a parte de un peñasco perdido en el mar más peligroso del mundo, lo que estaba en juego, eran nuestras vidas.

Mientras nuestras espadas chocaban, mi postura por la derecha terminó su ascenso y elevando mi espada por encima de su cabeza y solté la carga del golpe con velocidad de manera diagonal.

- DESESPERACIÓN -

Del lado opuesto al choque de nuestras espadas, la mía, mi fiel amada - ahora que Lily no me acompañaba - surcó el aire con un movimiento parecido a una bofetada rasgando la cara de Shinju de manera descendente, cortando su boca por completo. Rugí como una bestia escupiendo sangre por doquier mientras mi hombro rechinaba por el golpe y mi sangre empapaba el suelo desde la visceral herida que cubría media parte de mi cara, completamente abierta.

Rugí por la rabia del combate, por la euforia y la vorágine que se arremolinaba en mi interior. Pero también rugí porque en el fondo, tras aquel intercambio de golpes, tras haber sentido la espada de Shinju partirme la cara, sentía muy dentro de mi que no quería que aquel combate terminase, que no quería que la adrenalina se esfumara, que un hombre como él me matase o muriera, porque aquel pedazo de hijo de puta, a un paso de mi muerte, me estaba haciendo sentir más vivo que nunca. Porque yo salí al mar para gobernar el mundo, pero sobre todo para vivir esto en el proceso. Porque yo nací para la guerra y sentía que nuestros golpes nos conectaban, dado que su espada me hablaba de los mismo, independientemente del cuerpo, la guerra… La guerra nunca cambia.

resumen

Bélico

gastos


inventario
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2925 - 1000 = 1925
Energia: 651 + 1898 = 2549
Espiritu: 497 + 253 = 750


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RE: [EVENTO LOCAL - MUSHOKU] Una jauría de perros III - Terror Alado - por Ashura - 09-02-2026, 08:56 PM

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