09-02-2026, 01:48 AM
Kael no es de los que abandonen el reino de Sorbet. Puede contar con los dedos de ambas manos las veces que ha abandonado aquel lugar y visitado otros territorios. ¿Y abandonar el South Blue? De eso mejor no hablemos el día de hoy. La razón por la que excepcionalmente se encuentra en la isla de Kárate, no es sino la misma que tienen casi todos los que van allí en épocas lejanas al torneo anual: entrenar, y hacerse más fuerte.
Durante años en la marina, no ha sido sino un soldado de la más baja categoría, relegado a tareas de limpieza durante los primeros años, pasando por la cocina, la gestión de inventario, limpieza de armamento, y en general, relegado siempre a las líneas de abastecimiento de la Marina. Es un trabajo que alguien debe hacer, pero desde luego, no es algo que quiera mantener durante el resto de sus días. Tuvo la oportunidad de abandonar ese mundo, de alistarse en una división dentro de la Marina, y tener unos compañeros que lo acompañarían durante el resto de sus días. Quizás, si hubiese tenido la capacidad de protegerlos, si hubiese tenido la capacidad de salvarlos...
Ahora solo tiene a su capitán, y este solo le tiene a él para seguir adelante. Es por eso que Kael entrena.
Lleva meses entrenando, preparando su cuerpo en silencio en el arte del combate cercano. Ha abandonado el camino de la espada por completo, y ahora se centra en un estilo que le permita ser su propio arma, algo que le permita estar preparado incluso cuando se supone que baja la guardia. Eso...es lo único que los protegerá.
Cuando quiso darse cuenta, a su espalda, una mujer se había levantado de no sabe bien donde, caminando en el lugar con tranquilidad sin prestarle mucha atención. Kael estaba sin camisa, tal y como le habían recomendado los maestros de la isla, entrenando con su renovada figura bastante esculpida por la dedicación expresada en los entrenamientos. La isla entera es un campo de entrenamiento en su totalidad, por lo que ver a alguien vagueando era algo demasiado insólito, y por supuesto, Kael no se lo creía.
—Disculpa...¿no tendrás algo de hierba para el mate, cierto?—No es la petición más usual que se suele hacer, pero intenta adivinar si puede aprender algo de esa mujer, o si sencillamente podía considerarse algo grosero e ignorarlo con una sencilla pregunta que, de haber estado en cualquier otro reino o isla, posiblemente jamás habría hecho tan abiertamente.—Es que la mía se ha acabado hace ya tiempo.
No se acercaría, pero enseñaría su bombilla vacía con tal de eliminar sospechas. No está muy acostumbrado a esa bebida, pero al menos sabe que en ese lugar, por alguna razón, es una bebida más usual que en el resto de lugares. Ha aprendido un par de cosas o tres en este sitio, y está dispuesto a aprender cuantas más le sean posibles.
La chica, de cabello albino, no parecía estar muy atento a lo que él pudiese decir. Si tuviera que adivinar, se le alejaría la idea de pensar que se trataba de una pirata, por lo que de tratarse de un turista como él, sería quizás una civil con ánimo de entrenar, o si tenía algo de suerte, también sería una marine como él.
Durante años en la marina, no ha sido sino un soldado de la más baja categoría, relegado a tareas de limpieza durante los primeros años, pasando por la cocina, la gestión de inventario, limpieza de armamento, y en general, relegado siempre a las líneas de abastecimiento de la Marina. Es un trabajo que alguien debe hacer, pero desde luego, no es algo que quiera mantener durante el resto de sus días. Tuvo la oportunidad de abandonar ese mundo, de alistarse en una división dentro de la Marina, y tener unos compañeros que lo acompañarían durante el resto de sus días. Quizás, si hubiese tenido la capacidad de protegerlos, si hubiese tenido la capacidad de salvarlos...
Ahora solo tiene a su capitán, y este solo le tiene a él para seguir adelante. Es por eso que Kael entrena.
Lleva meses entrenando, preparando su cuerpo en silencio en el arte del combate cercano. Ha abandonado el camino de la espada por completo, y ahora se centra en un estilo que le permita ser su propio arma, algo que le permita estar preparado incluso cuando se supone que baja la guardia. Eso...es lo único que los protegerá.
Cuando quiso darse cuenta, a su espalda, una mujer se había levantado de no sabe bien donde, caminando en el lugar con tranquilidad sin prestarle mucha atención. Kael estaba sin camisa, tal y como le habían recomendado los maestros de la isla, entrenando con su renovada figura bastante esculpida por la dedicación expresada en los entrenamientos. La isla entera es un campo de entrenamiento en su totalidad, por lo que ver a alguien vagueando era algo demasiado insólito, y por supuesto, Kael no se lo creía.
—Disculpa...¿no tendrás algo de hierba para el mate, cierto?—No es la petición más usual que se suele hacer, pero intenta adivinar si puede aprender algo de esa mujer, o si sencillamente podía considerarse algo grosero e ignorarlo con una sencilla pregunta que, de haber estado en cualquier otro reino o isla, posiblemente jamás habría hecho tan abiertamente.—Es que la mía se ha acabado hace ya tiempo.
No se acercaría, pero enseñaría su bombilla vacía con tal de eliminar sospechas. No está muy acostumbrado a esa bebida, pero al menos sabe que en ese lugar, por alguna razón, es una bebida más usual que en el resto de lugares. Ha aprendido un par de cosas o tres en este sitio, y está dispuesto a aprender cuantas más le sean posibles.
La chica, de cabello albino, no parecía estar muy atento a lo que él pudiese decir. Si tuviera que adivinar, se le alejaría la idea de pensar que se trataba de una pirata, por lo que de tratarse de un turista como él, sería quizás una civil con ánimo de entrenar, o si tenía algo de suerte, también sería una marine como él.
