Stick to the status quo :: Privado :: Pasado
#7
Narrador / María Merlot

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Tenía que irse…
Debía irse…
¿Quería irse?

La presencia del perfecto marine pelirrojo cayó en los sedimentos de sus recuerdos, levantando memorias aprisionadas que le gritaban porque era una mujer desterrada de la sociedad, marginada de una vida normal. La mayoría de las veces los grillos en su cabeza, tan ruidosos, ocultaban la realidad de su esencia, pero, hoy, Bertram Gaufrid los había apagado dejándola a merced de sus fantasmas.

¡Debería hacerse responsable!
¡Debería consolarla!
¿Por qué tendría que hacerlo?

Él no tenía ninguna obligación o lazo con ella. El marine solo se vio arrastrado en su “manera” loca de solucionar los problemas. María en su inocencia pensó que nunca más se cruzaría con él, después de todo estaban en lados opuestos de la balanza. Eso sí, siempre intentaba cumplir sus promesas, aunque fueran simples o causaran risas a otros; ella le había dicho que le escribiría postales, entonces, la celeste lo hizo, claro no tenía como enviárselas porque no conocía su nombre. Ese día, decidió simplemente enviarla a cualquier base de la marina, después de todo… ¿Cuántos pelirrojos con esposas pelicelestes podrían existir en esa facción? En su cabeza, pocos, quizás solo él. Claro, ahora conocía su nombre, un nombre que encajaba muy bien con su aura, eso haría que las próximas postales llegaran más rápido y, por supuesto, al destino correcto.

Los orbes ámbar de María estaban enfocados en los sobres coloridos extendidos hacia Bertram. El tiempo pareció ralentizarse a la espera de que este los tomara. Cuando lo hizo, sus manos quedaron en lados opuestos del papel. Las de ella delicadas, las de él, como alguien que ciertamente practicaba mucho con un arco. ¡Hasta en eso eran diferentes! Ella tenía sus dagas y tantos, pero aunque practicaba con estos, siempre protegía sus manos con guantes, y la verdad, le gustaba más usar sus puños y piernas… porque cuando eres esclava, solo tu cuerpo puedes usar para defenderte.

Cuando soltó los sobres, sabia que el tiempo se había acabado y que ese breve encuentro estaba llegando a su fin. Y posiblemente, nunca más se volverían a encontrar, el mundo era demasiado grande como para toparse por casualidad, dos veces. Ese pensamiento la hizo sentir un poco de decepción, aunque sus emociones, seguían revoloteando descontroladas, siendo el miedo y asco, las que se sobreponían a todos; no hacia él, porque el pelirrojo siempre fue un perfecto caballero, y hasta un breve confidente, sino hacia si misma, su pasado, y su vida.

María nunca subió la mirada, no volvió a verlo a los ojos. Dio un paso atrás, no había palabras que decirle, no había más que intercambiar, ahí finalizaba cualquier encuentro físico. Solo quedarían sus palabras plasmadas en postales de las aventuras que tuviera con sus nakamas… el arquero siempre sabría de ella, de una u otra forma, lo triste, y que en algún momento María entendería, es que él seguiría siendo un misterio porque no habrían respuestas, nunca leería una carta suya refutando, riéndose o contándole una anécdota, historia o algo, cualquier cosa. Lo único que sabría del marine pelirrojo, es lo que descifro en esos instantes robados.

Los ojos viajaron al animal detrás de Bertram, el peluche gigante. Actuando más por corazón, que, por lógica, paso a un lado del hombre, extendió los brazos y abrazo al Walkie Blanco, metiendo su cara entre su suave pelaje. Antes la había calmado, aunque ahora no buscaba consuelo, sino despedirse, la joven semi sirena, quizás por su herencia pez, sentía sintonía natural hacia los animales — … pórtate bien, Rassmusen. Come todas tus comidas, hasta las que no te gusten para que crezcas más grande y fuerte, y tu pelaje se mantenga tan bonito como mi cabello… aunque tiene que ir acompañado de peinarlo cada noche con un cepillo de celdas suaves, cien veces por mechón ¿Si? Cuida de tu amigo, aunque si se porta mal, como su esposa de mentiras, te doy permiso de morderlo, pero no tan fuerte que luego puede dolerle, queremos darle una lección, no hacerle daño ¿Ok? — la dulce voz de la chica, sonaba baja, no tan divertida como antes, solo… resignada al adiós.

Se separo de Rasmussen, dándole una última caricia, se giró y paso al lado del pelirrojo, aun sin verlo a los ojos, no quería observarlo viéndola en un momento tan patético, porque algo le decía que él había visto a través de ella — … Gracias — musito hacia sus pies. ¿A que le daba las gracias? ¿Dejarla ir? ¿Ayudarla en el foso? ¿Haber sido amable? ¿Darle un momento “normal”? Tal vez todas, tal vez ninguna —  Adiós, Bertram Gaufrid — se despidió, con un tono indescifrable, pero sin dejar de lado el encanto en su voz. Su nombre, nunca podría olvidarlo, quizás fue lo vivido juntos en el foso, pero no había cabida en su cabeza para un apodo, no por ahora, y quien sabe por siempre sería solo, y todo, Bertram Gaufrid.

Así dio un paso más, y otro más. Hasta que empezó a correr a ningún lugar, porque ella siempre se perdía, así que dejaba que su rota brújula la llevara a donde quisiera, eventualmente conseguiría el camino al mar, dónde pensaba lavarse hasta arrancarse la piel, y luego escribir en su diario secreto lo que había aprendido sobre su Esposo de Mentiras, y sobre todo porque el Estatus Quo nunca debía romperse, siempre mantenerse, seguir la línea establecida…

THE END


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RE: Stick to the status quo :: Privado :: Pasado - por Maria Merlot - 09-02-2026, 01:27 AM

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