Sonreí sacando la lengua al ver cómo aquel hombre retrocedía ante mi golpe. Su mano se amparó en mi pecho tangible al estar recubierto con haki, cuando me preparé para seguir con la acometida mientras su sangre me empapaba. Apreté con fuerza el mango de mi espada y me lancé hacia él cuando su grito desgarró mi piel.
Mi haki me avisó, fui capaz de sentir aquel filo negro moverse entre nuestros cuerpos, pero mi cuerpo no fue capaz de reaccionar de ninguna manera, la velocidad del golpe superó a mis manos y mi esgrima. Su espada sesgó mi piel, hueso y ojo, partiéndolo por la mitad, sentí como si me lo hubieran arrancado, un dolor punzante acuchilló mis terminaciones nerviosas faciales y mi menté se nubló, por un momento pensé que había partido mi craneo en dos. La sangre salió disparada de mi cuerpo, como si escapara de una cárcel, como si mi ser nunca hubiera sido su sitio y cayó a borbotones sobre el terreno regando en frente de mis pies el jardín de guerra que nosotros y él habíamos creado.
Aguanté un grito de dolor desgarrador que se retorció en mi esófago mientras mis pies temblaban y retrocedía mirando incrédulo su cara, ahora con mi único ojo. Apreté mis espadas dispuesto a morir contra él cuando
Algo me llevó por delante. No tenía mis hakis activos, ni siquiera entendía qué pasaba. Solo sabía que iba a morir contra aquel hombre. ¿Acaso ya había muerto y no me había dado cuenta?
- ES UN ÁNGEL CHURRITA ¡UN ÁNGEL QUE NOS LLEVA A VER A SAN PEDRO! POR QUÉ DE ESTA SI QUE NOS HAN MATAO. NOS HAN MATAO PERO BIEN - Silencio - ¡ESPERA! Si nosotros vamos a ir al infierno ¿no? -
El dolor me martilleaba la cabeza mientras el mundo giraba, sentí que iba a vomitar mientras nos movíamos a una velocidad vertiginosa. Resoplaba con fuerza aguantando el dolor. Cuando mi vista volvió nos encontrábamos parados, un joven caía al suelo del agarre una mano.
- A LA COLA PRINGAO QUE NOS HEMOS MURIDO NOSOTROS PRIMERO -
Un brazo me giró y vi una gran espalda, una espalda que ya conocía. Aquello que me había llevado por delante no era un ángel… Era un Águila, el Águila de oro y plata.
Moví la cabeza abruptamente hacia el chico, el cual pudo ver mi herida, mi cara partida por la espada de Shinji, la sangre gotear cálida sobre el blanco lomo de Quetzalli. Mi mente volvió a ordenarse.
- BUSCA VENDAS Y BOTIQUINES ¡YA! - Le ordené a aquel chico moreno, que era igual de grande que yo. Y volví a girar hacia el objetivo mientras escuchaba a Quetzalli.
Mi espada respondió al sonido, como si entendiera lo que el hombre alado acababa de decir. Como si esperase que la invocaran. Sentí el frío que sentí en aquel archipiélago.
Una mano suave se posó sobre mi hombro, completamente congelada o por lo menos eso fue lo que sentí.
-Ashura… -
-Ashura… -
Oía un susurro desde la lejanía, una voz que conocía, una voz que llevaba mucho tiempo sin escuchar. Era Lily.
- Ya casi amor mío… Te siento cerca… Aguanta… - La voz clavaba pequeñas agujas en mis manos mientras el filo de espada se empezaba a congelar nutriéndose de ella, partiéndose y agrietándose, recomponiéndose y volviéndose a partir. Mi espada chispeaba con el frío que ella misma producía, estallando en pequeños pedazos cada vez que se congelaba y volviendo a formar escarcha sobre su hoja, aquella espada estaba conectada a otro mundo, no era una espada normal, esa espada invocaba el frío del infierno, el frío del dolor de la pérdida, el frío de los cuerpos sin vida, el frío de la soledad, ese frío era un augurio, esa espada era especial porque era el augurio de una muerte. El augurio de mi propia muerte porque esa espada era mía “La Hoja del Luto”.
La “Hoja del luto” ordenó y obedecí como su siervo fiel. Drenó mi haki de armadura hasta tiznarse de un negro oscuro, mucho más oscuro de lo que ella ya era. Pero el hielo, el hielo no paraba de estallar. Clavé con furia mi ojo sobre aquel hombre mientras mi herida no dejaba de sangrar. Esta sería mi última batalla, tenía que darle aquella tierra a mis hombres para que la disfrutaran. Porque aquel lugar se iba a edificar sobre mi muerte, la de todos mis compañeros y la de aquel hombre. Al unísono de Quetzalli mi voz retumbó en el puerto.
Los cascos de su forma equina estallaron contra el suelo y activé mi haki de nuevo 15 metros a nuestro alrededor. Mi herida era tan severa que dejamos una estela de sangre tras nuestro despegue mientras nuestras distancias se acortan. El dolor se convirtió en furia e ira, mis manos apretaron con fuerza, mis músculos se volvieron más duros, mis manos se volvieron más hábiles. Mi vida estaba puesta en aquel golpe y yo solo había vivido para esto. Cuando la distancia se esfumó, por el lado izquierdo, al otro lado del que mi tripulante estaba impactando mi espada danzó con un brillo azul, más que rasgando congelando todo su lado izquierdo de la cara y una vez terminé el arco que mi golpé describía una fría bocanada de hielo avanzó tras el cuerpo de Shinji, por un momento la ví, vi a mi amada, vi la forma de Lily tras el hielo, que se desvaneció devorando el suelo tras la espalda de Shinji y congeló todo a su paso, como un paseo que llevaba hacia el infierno rodeado por las llamas que Quetzalli había dejado con su golpe.
Mi haki me avisó, fui capaz de sentir aquel filo negro moverse entre nuestros cuerpos, pero mi cuerpo no fue capaz de reaccionar de ninguna manera, la velocidad del golpe superó a mis manos y mi esgrima. Su espada sesgó mi piel, hueso y ojo, partiéndolo por la mitad, sentí como si me lo hubieran arrancado, un dolor punzante acuchilló mis terminaciones nerviosas faciales y mi menté se nubló, por un momento pensé que había partido mi craneo en dos. La sangre salió disparada de mi cuerpo, como si escapara de una cárcel, como si mi ser nunca hubiera sido su sitio y cayó a borbotones sobre el terreno regando en frente de mis pies el jardín de guerra que nosotros y él habíamos creado.
Aguanté un grito de dolor desgarrador que se retorció en mi esófago mientras mis pies temblaban y retrocedía mirando incrédulo su cara, ahora con mi único ojo. Apreté mis espadas dispuesto a morir contra él cuando
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Algo me llevó por delante. No tenía mis hakis activos, ni siquiera entendía qué pasaba. Solo sabía que iba a morir contra aquel hombre. ¿Acaso ya había muerto y no me había dado cuenta?
- ES UN ÁNGEL CHURRITA ¡UN ÁNGEL QUE NOS LLEVA A VER A SAN PEDRO! POR QUÉ DE ESTA SI QUE NOS HAN MATAO. NOS HAN MATAO PERO BIEN - Silencio - ¡ESPERA! Si nosotros vamos a ir al infierno ¿no? -
El dolor me martilleaba la cabeza mientras el mundo giraba, sentí que iba a vomitar mientras nos movíamos a una velocidad vertiginosa. Resoplaba con fuerza aguantando el dolor. Cuando mi vista volvió nos encontrábamos parados, un joven caía al suelo del agarre una mano.
- A LA COLA PRINGAO QUE NOS HEMOS MURIDO NOSOTROS PRIMERO -
Un brazo me giró y vi una gran espalda, una espalda que ya conocía. Aquello que me había llevado por delante no era un ángel… Era un Águila, el Águila de oro y plata.
Moví la cabeza abruptamente hacia el chico, el cual pudo ver mi herida, mi cara partida por la espada de Shinji, la sangre gotear cálida sobre el blanco lomo de Quetzalli. Mi mente volvió a ordenarse.
- BUSCA VENDAS Y BOTIQUINES ¡YA! - Le ordené a aquel chico moreno, que era igual de grande que yo. Y volví a girar hacia el objetivo mientras escuchaba a Quetzalli.
Mi espada respondió al sonido, como si entendiera lo que el hombre alado acababa de decir. Como si esperase que la invocaran. Sentí el frío que sentí en aquel archipiélago.
Una mano suave se posó sobre mi hombro, completamente congelada o por lo menos eso fue lo que sentí.
-Ashura… -
-Ashura… -
Oía un susurro desde la lejanía, una voz que conocía, una voz que llevaba mucho tiempo sin escuchar. Era Lily.
- Ya casi amor mío… Te siento cerca… Aguanta… - La voz clavaba pequeñas agujas en mis manos mientras el filo de espada se empezaba a congelar nutriéndose de ella, partiéndose y agrietándose, recomponiéndose y volviéndose a partir. Mi espada chispeaba con el frío que ella misma producía, estallando en pequeños pedazos cada vez que se congelaba y volviendo a formar escarcha sobre su hoja, aquella espada estaba conectada a otro mundo, no era una espada normal, esa espada invocaba el frío del infierno, el frío del dolor de la pérdida, el frío de los cuerpos sin vida, el frío de la soledad, ese frío era un augurio, esa espada era especial porque era el augurio de una muerte. El augurio de mi propia muerte porque esa espada era mía “La Hoja del Luto”.
La “Hoja del luto” ordenó y obedecí como su siervo fiel. Drenó mi haki de armadura hasta tiznarse de un negro oscuro, mucho más oscuro de lo que ella ya era. Pero el hielo, el hielo no paraba de estallar. Clavé con furia mi ojo sobre aquel hombre mientras mi herida no dejaba de sangrar. Esta sería mi última batalla, tenía que darle aquella tierra a mis hombres para que la disfrutaran. Porque aquel lugar se iba a edificar sobre mi muerte, la de todos mis compañeros y la de aquel hombre. Al unísono de Quetzalli mi voz retumbó en el puerto.
ÁGUILA DESOLADA
Los cascos de su forma equina estallaron contra el suelo y activé mi haki de nuevo 15 metros a nuestro alrededor. Mi herida era tan severa que dejamos una estela de sangre tras nuestro despegue mientras nuestras distancias se acortan. El dolor se convirtió en furia e ira, mis manos apretaron con fuerza, mis músculos se volvieron más duros, mis manos se volvieron más hábiles. Mi vida estaba puesta en aquel golpe y yo solo había vivido para esto. Cuando la distancia se esfumó, por el lado izquierdo, al otro lado del que mi tripulante estaba impactando mi espada danzó con un brillo azul, más que rasgando congelando todo su lado izquierdo de la cara y una vez terminé el arco que mi golpé describía una fría bocanada de hielo avanzó tras el cuerpo de Shinji, por un momento la ví, vi a mi amada, vi la forma de Lily tras el hielo, que se desvaneció devorando el suelo tras la espalda de Shinji y congeló todo a su paso, como un paseo que llevaba hacia el infierno rodeado por las llamas que Quetzalli había dejado con su golpe.
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