08-02-2026, 07:25 AM
(Última modificación: 08-02-2026, 07:27 AM por Tezca Norova.)
“Yo también te amo a ti, Tezca...”
Escuchar esas palabras había sido reconfortante, extraño en sentimiento, pues aun así sentía como si mi corazón fuera a estallar. Y al notar cómo guiaba mi mano hasta su cicatriz, no pude evitar sonreír con una ternura suave, casi silenciosa, como si cualquier movimiento brusco pudiera romper aquel instante.
Mis dedos recorrieron la marca con el mismo cuidado de siempre, apenas rozándola, como si aún doliera. No era miedo, sino respeto: respeto por lo que había significado, por lo que había sobrevivido. La piel bajo mis yemas estaba tibia, viva, y ese simple detalle me ancló más a él que cualquier palabra, iba a tomar tiempo, por supuesto. Cualquier cicatriz tarda más en sanar de lo que parece.
Mi pulgar describió un pequeño arco sobre la cicatriz antes de detenerse, quedándose allí unos segundos. Podía sentir su respiración, cercana, constante, y cada latido parecía acompasarse con el mío de una manera inquietantemente íntima.
Levanté la mirada finalmente, encontrándome con sus ojos, y aunque una parte de mí quería apartarse, por costumbre, por defensa, no lo hice. Permanecí allí, con la mano todavía apoyada sobre su pecho, como si ese contacto fuese una promesa silenciosa de que, pese a todo, no pensaba soltarlo tan fácilmente.
Al sentir el frio que dejaba gemí en una especie de ruido confundido hasta que escuché sus palabras, sonriendo ladinamente e inclinando ligeramente la cabeza ¿Cambiaria algo esta vez? Parecía ir mucho más lento, sus movimientos eran meditados y aún así no sentía ni la más ligera añoranza. Era diferente, si, pero a la par de expectante y lo más importante en ese momento: Parecía estar encantado y decidido con el ritmo que llevaba. Nunca me había molestado que hiciera lo que quisiera.


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