07-02-2026, 07:34 AM
Los cotos de caza de reptiles era algo común en esta isla, llena de cazadores furtivos, y eso hacia que las pieles, escamas y otras cosas que los grandes reptiles se vendiera a precio de huevo. No era a un negocio rentable menos aun con tantos marines vigilando la zona y atrapando a cuanto cazador estuviera por esos lares sin permiso. Por ello quien rondaba esta zona era celosa y malvada, maquiavélica y brutal. Sus armas eran devastadoras y tenían una particular forma de atacar. Quien la sentía ya no vivía. Pues su velocidad era de rayo e imparable. Se decía que sus alas negras eran malvadas, malditas y nunca podrían ser atrapadas.
Cazadores de sombras, de aves y de sueños rotos rondaban por todos lados, pero nadie en este pequeño claro. Aparte de aves, mataba indiscriminadamente arañas. Cada una de ellas era atravesada por barras de acero de casi cincuenta kilos. Las grandes colonias en este claro estaban hambrientas y cada ve que detectaban alguien cerca de sus fauces inyectaban sus venenos, deseosas de comer y de infectar a los desgraciados que se descuidaban, La hermandad de la triple amargura eran tres hombres entrenados para cazar, pero no para enfrentarse a esto. Caído en el suelo, estaba uno, perdido en el bosque otro y el único y más experimentado de los tres había ido por ayuda. Una que esperaba fuera efectiva.
Sobre el camino superior donde las cuevas infestadas de arañas eran perfectas para ocultarse se movía apenas se le acercaba una araña, aunque era gigantesca, se movía con un aletear rasante plano y bajo. Era una sombra aliada del viento. Habían llegado en la montura de Petyr y apenas descabalgaron el hombre se agacho instintivamente.
Parecía ser experto… claro. Era un cazador, su misión era ser un cobarde valiente, es decir, desconfiar, analizar, estar caminando sobre seguro, era su prioridad sobrevivir y en cambio matar a los que le enfrente. Un portador de la muerte. Petyr sintió desdicha y desolación y cayo apretado contra el árbol, sentado en el suelo llego al suelo y se abrazó las piernas con resignación. —Si… no merezco vivir. Pero vengue a mi hermano… por favor.— Dijo mientras permanecía inmóvil al parecer destinado a morir ahí de pena y con el corazón roto en mil pedazos.
Cuando la piedra cae en el claro parece que solo perturba las arañas cercanas… de casi un metro de largo parecen huir de todo lo que cae… el silencio entona una canción desesperada en el vacío interminable de hojas y nada parece romperlo… el ambiente era amenazante y pesado. Quietud que entonces fue rota por una voz. Parecía venir de todos lados y de ninguno. —Cazador… cambia tu estúpido color de pelo, no te viene Darling… se supone que debes ser el sigilo, la oscuridad… la noche eterna. Tienes que ser como yo… Darling… jejeje…— La oscura aparición se movió rauda como un bólido al siguiente árbol y entonces se revelo… la criatura una bestia de casi tres metros de alto… oscura de cabellos albos y resplandecientes su sonrisa era amplia. En sus manos cargaba un par de lanzas. Ningún arma de fuego. El arma giro en sus manos lentamente al inicio… poco a poco mas y mas rápido… —Si vienes por presas, son todas mías, me ha costado mucho lidiar con las arañas como para también tener que lidiar contigo y otros imbéciles como estos… así que Darling, desaparece o te sacare el jugo rojo de las entrañas… que esto te sirva de advertencia Darling… HAAAAA— Grito finalmente mientras sus manos se volvieron rayos de poder tan feroces que seguro pareció un relámpago… no se detuvo, su inmensa agilidad era clave y en su carrera —HHHYYYYYAAAAA— Cada grito era un destello fulgurante que se lanzaba contra el cazador de cabellos carmesí. Cada una de ellas violentas y llenas de malicia. Aunque por el momento eran solo advertencias. Cuando su carrera le hizo llegar al siguiente árbol… sus alas comenzaron a tomar el viento y pareció rebotar en la corteza del árbol… siguió moviéndose, entre los cuatro arboles para ocultarse y siempre manteniéndose en movimiento siempre atenta a la bandera roja que acechaba con quitarle sus presas… aves… aves preciosas. Las lanzas si bien son pesadas, grandes de casi dos metros de alto, eran verdaderas balas de muerte… afortunadamente estas eran algo delgadas e impactaron en el cuerpo de su enemigo aparentemente como advertencias… si bien eran golpes certeros, el daño no era algo que le matarían de una vez. pero esta desgraciada mantenía cosas en secreto aún. —Soy Flora la cazadora de trofeos y no dejare que un pelele como tu me capture Darling, menos una basura sin experiencia como tu y esos tontos que ya están muertos.— Se burlo sin detenerse corriendo de árbol en árbol a una velocidad apabullante. Buscando siempre mantenerse entre los dos árboles que sostenían la gran telaraña sobre sus cabezas. En su equipo portaba dos espadas gigantescas para un hombre común y en cada mano una lanza... al moverse con velocidad por el campo es capaz de ir recuperando jabalinas que hay desperdigadas por todos lados.
Cazadores de sombras, de aves y de sueños rotos rondaban por todos lados, pero nadie en este pequeño claro. Aparte de aves, mataba indiscriminadamente arañas. Cada una de ellas era atravesada por barras de acero de casi cincuenta kilos. Las grandes colonias en este claro estaban hambrientas y cada ve que detectaban alguien cerca de sus fauces inyectaban sus venenos, deseosas de comer y de infectar a los desgraciados que se descuidaban, La hermandad de la triple amargura eran tres hombres entrenados para cazar, pero no para enfrentarse a esto. Caído en el suelo, estaba uno, perdido en el bosque otro y el único y más experimentado de los tres había ido por ayuda. Una que esperaba fuera efectiva.
Sobre el camino superior donde las cuevas infestadas de arañas eran perfectas para ocultarse se movía apenas se le acercaba una araña, aunque era gigantesca, se movía con un aletear rasante plano y bajo. Era una sombra aliada del viento. Habían llegado en la montura de Petyr y apenas descabalgaron el hombre se agacho instintivamente.
Parecía ser experto… claro. Era un cazador, su misión era ser un cobarde valiente, es decir, desconfiar, analizar, estar caminando sobre seguro, era su prioridad sobrevivir y en cambio matar a los que le enfrente. Un portador de la muerte. Petyr sintió desdicha y desolación y cayo apretado contra el árbol, sentado en el suelo llego al suelo y se abrazó las piernas con resignación. —Si… no merezco vivir. Pero vengue a mi hermano… por favor.— Dijo mientras permanecía inmóvil al parecer destinado a morir ahí de pena y con el corazón roto en mil pedazos.
Cuando la piedra cae en el claro parece que solo perturba las arañas cercanas… de casi un metro de largo parecen huir de todo lo que cae… el silencio entona una canción desesperada en el vacío interminable de hojas y nada parece romperlo… el ambiente era amenazante y pesado. Quietud que entonces fue rota por una voz. Parecía venir de todos lados y de ninguno. —Cazador… cambia tu estúpido color de pelo, no te viene Darling… se supone que debes ser el sigilo, la oscuridad… la noche eterna. Tienes que ser como yo… Darling… jejeje…— La oscura aparición se movió rauda como un bólido al siguiente árbol y entonces se revelo… la criatura una bestia de casi tres metros de alto… oscura de cabellos albos y resplandecientes su sonrisa era amplia. En sus manos cargaba un par de lanzas. Ningún arma de fuego. El arma giro en sus manos lentamente al inicio… poco a poco mas y mas rápido… —Si vienes por presas, son todas mías, me ha costado mucho lidiar con las arañas como para también tener que lidiar contigo y otros imbéciles como estos… así que Darling, desaparece o te sacare el jugo rojo de las entrañas… que esto te sirva de advertencia Darling… HAAAAA— Grito finalmente mientras sus manos se volvieron rayos de poder tan feroces que seguro pareció un relámpago… no se detuvo, su inmensa agilidad era clave y en su carrera —HHHYYYYYAAAAA— Cada grito era un destello fulgurante que se lanzaba contra el cazador de cabellos carmesí. Cada una de ellas violentas y llenas de malicia. Aunque por el momento eran solo advertencias. Cuando su carrera le hizo llegar al siguiente árbol… sus alas comenzaron a tomar el viento y pareció rebotar en la corteza del árbol… siguió moviéndose, entre los cuatro arboles para ocultarse y siempre manteniéndose en movimiento siempre atenta a la bandera roja que acechaba con quitarle sus presas… aves… aves preciosas. Las lanzas si bien son pesadas, grandes de casi dos metros de alto, eran verdaderas balas de muerte… afortunadamente estas eran algo delgadas e impactaron en el cuerpo de su enemigo aparentemente como advertencias… si bien eran golpes certeros, el daño no era algo que le matarían de una vez. pero esta desgraciada mantenía cosas en secreto aún. —Soy Flora la cazadora de trofeos y no dejare que un pelele como tu me capture Darling, menos una basura sin experiencia como tu y esos tontos que ya están muertos.— Se burlo sin detenerse corriendo de árbol en árbol a una velocidad apabullante. Buscando siempre mantenerse entre los dos árboles que sostenían la gran telaraña sobre sus cabezas. En su equipo portaba dos espadas gigantescas para un hombre común y en cada mano una lanza... al moverse con velocidad por el campo es capaz de ir recuperando jabalinas que hay desperdigadas por todos lados.
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