07-02-2026, 06:24 AM
(Última modificación: 07-02-2026, 06:35 AM por Tezca Norova.)
Lo sentía por todos lados, por completo, sus repetidas mordidas y sus manos por todo mi ser dejando un sentimiento ardiente sobre mi piel mientras intentaba controlar mi respiración: Se sentía como la primera vez, tan diferente que con trabajo podía actuar con astucia. Podía sentir su intensidad y la presión sobre mi cuerpo solo me lo confirmaba: Algo había cambiado. Mi mano libre subió a su nuca, acariciando la parte trasera de su cabeza mientras aumentaba la velocidad del vaivén de mi mano cuando se sentó sobre mí, sus movimientos me hacían sentir torpe, desesperado, mirándolo con deseo mientras intentaba atraerlo aún más cerca de mí, besarlo una vez más.

Al separarme estaba completamente ruborizado, gimiendo ligeramente ante el tacto ajeno sobre mi intimidad, intentando imitar sus movimientos. Sentí mi cuerpo temblar mientras movía la cadera para intentar sentir más de él. No pude evitarlo, aferrarme a su cuerpo con la esperanza de calmarme, algo que claramente era imposible en esa situación. Finalmente bajé ambas manos a su pantalón bajándolo para finalmente mirarlo un tanto pensativo. —¿Nos dará tiempo? Todavía tenemos que descansar y ver a ese hombre ¿me entiendes? Además, estas marcas…—No quería quejarme, claro que no. Aunque si palabras pretendían detenerlo bajé a dejar algunos cálidos besos sobre su cuello, respirando nerviosamente y cerré los ojos para volver a hablar. — Te amo…— murmuré, regresando a sus labios una vez más con mucha más calma, sin besarlo, todavía no, solamente respirando a su altura en calma.
El corazón me latía con rapidez, haciendo mi respiración mucho más agitada, y aun así me esforzaba por mantener la postura, esa que poco a poco se iba quebrando en una suavidad tan extraña como nueva. Era como si algo dentro de mí cediera sin resistencia, como si por primera vez no tuviera que sostenerme con fuerza. Nunca me había sentido así y nunca creí sentirme así: vulnerable, expectante, vivo de una forma distinta.
Cada latido parecía empujarme un paso más lejos de lo conocido, y aunque el vértigo me erizaba la piel, no quería retroceder. Había un calor silencioso instalándose en el pecho, una certeza tímida pero insistente que me obligaba a aceptar que ya no era la mismo, que algo había cambiado sin pedir permiso. Y en medio de esa confusión dulce, entendí que no todo temblor era miedo… algunos eran el anuncio de algo que apenas comenzaba.

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