06-02-2026, 10:42 PM
El jadeo no tardó en salir de entre sus labios, su cuerpo temblando. Ciertamente lo había extrañado también de esa forma. Sus besos eran hambrientos, pero la sensación no era la misma. Ya no era solo sexo, era algo más. Sus muslos temblaron al tacto indirecto bajo la tela de su ropa interior, su erección no hizo más que solo incrementar. Los labios no podían apartarse de él en ningún momento. Sus ojos, clavados en él, no hicieron más que solo observarlo.
Él era una obra de arte. Y solo era suyo... Nadie más que suyo. Las caderas comenzaron a moverse buscando la fricción, el calor del momento, la necesidad de unificarse no hacía más que saturarlo. Sus dedos acariciaban ahora el abdomen ajeno, con un cuidado nunca antes hecho. Sus labios lo besaban sin cesar, solo separándose para poder respirar unos segundos.
Sus labios descendieron, buscando lentamente el cuello del rubio. Lo besó, primero bajo la mandíbula, luego paseando por su nuez, con un cuidado quirúrgico, un cariño nunca antes revelado. Sus emociones se estaban desbordando, su corazón seguía latiendo de forma dolorosa. Sin duda, no se sentía igual que otras veces, era más bien... ¿Especial?
Siguió descendiendo, hasta que sus dientes reclamaron su cuello, la misma zona en la que, en la otra isla, había visto aquel condenado chupetón. Su sangre hervía solo de recordar que alguien más había osado reclamarlo.
Elevó sus manos, sin dejar de morderlo una y otra vez, cada vez con más fuerza, buscando dejarle la marca. No, no solo sería en esa zona, se encargaría de marcar todo su maldito cuerpo, reclamarlo entero.
Se separó unos segundos, respirando. El vaho salía de entre sus labios, sus ojos seguían fijos en el contrario, sentándose sobre él, facilitando los movimientos de la mano ajena en su miembro. Aprovechó la postura para retirar las prendas superiores, desvelando su cuerpo, si torso completo, el tatuaje que no podría ver al hallarse en su espalda. Lanzó su chaleco y camisa a un lado de la cama, volviendo a su cuello, inclinando su cuerpo. Su otra mano desabrochaba el pantalón del contrario al momento que sus besos descendían ahora hasta su pecho. Su propia lengua buscó un recorrido, desde el centro de sus pectorales hasta la zona del cuello que había marcado, plantando un beso en la zona. La otra mano se peleaba para terminar de descender los pantalones del contrario, buscando la desnudez.
Su corazón lo oprimía, la sensación en efecto era extraña, nueva, incluso si había hecho eso miles de veces con otros muchos, incluso si con el rubio lo había hecho varias veces, se sentía como la primera vez. Un nerviosismo único, las manos temblanan como si fuera un novato, a duras penas podía enfocarse, concentrarse. Solo quería clamar todo su cuerpo como propio. —No entiendo... Qué mierda me pasa... — quería todo de él, y su cuerpo temblaba en desesperación, ansioso por tenerlo, poseerlo... Quería decir algo, pero no sabía qué. ¿Era en ese momento que debía decir que lo amaba? ¿Quizás con besarlo era suficiente? Tantas cosas que antes no había tenido ni que pensar.
La mano alcanzó el miembro ajeno, por el interior de los boxers, los pantalones a medio bajar, no le importaba, quería hacerlo sentir bien, quería que aquel momento fuera especial. Sus labios volvieron a los del contrario, su mano iniciando el vaivén. Si eso era amar, no quería que nunca terminara. El rojo no desaparecía de sus mejillas, por el contrario, solo se acentuaba más, mostrando una extraña y silenciosa felicidad con aquel color bajo su piel tan pálida.
Él era una obra de arte. Y solo era suyo... Nadie más que suyo. Las caderas comenzaron a moverse buscando la fricción, el calor del momento, la necesidad de unificarse no hacía más que saturarlo. Sus dedos acariciaban ahora el abdomen ajeno, con un cuidado nunca antes hecho. Sus labios lo besaban sin cesar, solo separándose para poder respirar unos segundos.

—Mierda... También te extrañé así...
Sus labios descendieron, buscando lentamente el cuello del rubio. Lo besó, primero bajo la mandíbula, luego paseando por su nuez, con un cuidado quirúrgico, un cariño nunca antes revelado. Sus emociones se estaban desbordando, su corazón seguía latiendo de forma dolorosa. Sin duda, no se sentía igual que otras veces, era más bien... ¿Especial?
Siguió descendiendo, hasta que sus dientes reclamaron su cuello, la misma zona en la que, en la otra isla, había visto aquel condenado chupetón. Su sangre hervía solo de recordar que alguien más había osado reclamarlo.
Pero ahora Tezca era enteramente suyo.
Elevó sus manos, sin dejar de morderlo una y otra vez, cada vez con más fuerza, buscando dejarle la marca. No, no solo sería en esa zona, se encargaría de marcar todo su maldito cuerpo, reclamarlo entero.
Se separó unos segundos, respirando. El vaho salía de entre sus labios, sus ojos seguían fijos en el contrario, sentándose sobre él, facilitando los movimientos de la mano ajena en su miembro. Aprovechó la postura para retirar las prendas superiores, desvelando su cuerpo, si torso completo, el tatuaje que no podría ver al hallarse en su espalda. Lanzó su chaleco y camisa a un lado de la cama, volviendo a su cuello, inclinando su cuerpo. Su otra mano desabrochaba el pantalón del contrario al momento que sus besos descendían ahora hasta su pecho. Su propia lengua buscó un recorrido, desde el centro de sus pectorales hasta la zona del cuello que había marcado, plantando un beso en la zona. La otra mano se peleaba para terminar de descender los pantalones del contrario, buscando la desnudez.

—Eres... Tan hermoso, tan único... Mierda... No puedo cansarme de ti.
Su corazón lo oprimía, la sensación en efecto era extraña, nueva, incluso si había hecho eso miles de veces con otros muchos, incluso si con el rubio lo había hecho varias veces, se sentía como la primera vez. Un nerviosismo único, las manos temblanan como si fuera un novato, a duras penas podía enfocarse, concentrarse. Solo quería clamar todo su cuerpo como propio. —No entiendo... Qué mierda me pasa... — quería todo de él, y su cuerpo temblaba en desesperación, ansioso por tenerlo, poseerlo... Quería decir algo, pero no sabía qué. ¿Era en ese momento que debía decir que lo amaba? ¿Quizás con besarlo era suficiente? Tantas cosas que antes no había tenido ni que pensar.
La mano alcanzó el miembro ajeno, por el interior de los boxers, los pantalones a medio bajar, no le importaba, quería hacerlo sentir bien, quería que aquel momento fuera especial. Sus labios volvieron a los del contrario, su mano iniciando el vaivén. Si eso era amar, no quería que nunca terminara. El rojo no desaparecía de sus mejillas, por el contrario, solo se acentuaba más, mostrando una extraña y silenciosa felicidad con aquel color bajo su piel tan pálida.

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