06-02-2026, 06:05 AM
Se permitió el lujo de alargar el beso un rato más, solo un poco más, sentir sus labios, sentir su calidez, su propio estrés, todo aquello que se había acumulado disminuyendo drásticamente. Para cuando se separaron, sus ojos buscaban los ajenos. No podía soltarlo, no podía... No después de todo lo que claramente estaba ocurriendo y no podía ignorar. Lo sintió incorporarse, lo dejó hacer, le dejó su espacio. Seguía de rodillas a él, casi como una forma de súplica.
¿Usar su cama...? Se sintió frío por un instante mientras se levantaba. No sabía cómo responderle, no sabía qué hacer, era la primera vez que-...
El abrazo lo tomó por sorpresa. Ese gesto hablaba mucho más que las palabras. desesperación, confianza, añoranza, miedo... ¿Amor? Cerró los ojos, elevando sus brazos, aplastándolo contra sí mismo como si fuera lo más precioso que tuviera en el mundo. ¿Es que acaso no lo era? ¿Es que a caso no había sido el único hombre que lo había llevado a un límite que ni él comprendía? No quiso soltarlo, no quiso hacerlo. Sus brazos se apretaban en ese gesto, su zurda acariciaba la nuca ajena con el máximo cuidado, uno que no pensó que existiera.
Sus labios reposaron un beso sobre la cabeza ajena, descendiendo su mano con cuidado hasta el mentón ajeno, buscando su mirada. Volvió a pensar en las palabras, esas que quería volver a escuchar de sus labios... Era surrealista toda la sensación, como si solo ellos dos fueran protagonistas de todo el mundo que los rodeaba. —Muchos me lo han dicho antes y siempre fue fácil rechazarlos, no sentir nada. Eran palabras vacías para mí... — ¿Por qué lo admitía? No lo comprendía, no podía comprenderlo. Sus dedos se deslizaron con dulzura por el cabello ajeno, con cuidado. —Nunca me he sentido amado, no sé qué es el amor, pero... — cerró sus ojos, reposando sus labios sobre la frente ajena en señal de respeto. —No entiendo qué mierda me pasa contigo. Mi pecho duele, mis pensamientos solo me llevan a ti, solo siento que quiero protegerte del mundo. La sola idea de imaginarte con alguien más me vuelve loco, quiero estar a tu lado, en las buenas y en las malas, quiero protegerte incluso de quien me dio un apellido que jamás pensé cuestionar hasta conocerte. — sus brazos se rodearon más firmemente al contrario, hundiendo su rostro al contrario, juntando su frente a la del contrario. —No sé si estos sentimientos son los mismos que el amor, solo sé que nunca antes los he sentido por nadie más que contigo... — una nueva pausa, abriendo sus ojos, que todavía estaban cansados, pero más seguros.
Sonaba tan surrealista, lejano... Maldita sea, no entendía por qué, no podía, pero solo quería corresponder esos sentimientos, devolviéndole la misma sinceridad. Volvió a plantar un beso en su frente, con cuidado y cariño. Lo tomó con cuidado, sosteniendo su mano, cruzando sus dedos con los ajenos, uniéndolos en uno solo. Caminó por el pasillo, guiándolo hasta su dormitorio, abriendo la puerta y dejándolo con cuidado sobre la cama, besando sus labios una vez más con el mismo gesto inicial; desesperado, cariñoso, único, delicado... Sabía que ahora aquello que sentían y tenían cambiaba, sus emociones se desbordaban, su pecho se sentía doloroso, su corazón latía de forma que le dolía. ¿Quizás había hablado de más? No le importaba, solo... Quería estar a su lado un poco más. Posicionó la otra mano del contrario sobre su pecho, donde se suponía que su corazón latía de forma tan intensa que todo su cuerpo vibraba. —Si esto no es amarte, no sé qué es... Enséñame para hacerlo bien contigo, Tezca...
¿Usar su cama...? Se sintió frío por un instante mientras se levantaba. No sabía cómo responderle, no sabía qué hacer, era la primera vez que-...
El abrazo lo tomó por sorpresa. Ese gesto hablaba mucho más que las palabras. desesperación, confianza, añoranza, miedo... ¿Amor? Cerró los ojos, elevando sus brazos, aplastándolo contra sí mismo como si fuera lo más precioso que tuviera en el mundo. ¿Es que acaso no lo era? ¿Es que a caso no había sido el único hombre que lo había llevado a un límite que ni él comprendía? No quiso soltarlo, no quiso hacerlo. Sus brazos se apretaban en ese gesto, su zurda acariciaba la nuca ajena con el máximo cuidado, uno que no pensó que existiera.

—Creo que... Los dos lo necesitamos.
Sus labios reposaron un beso sobre la cabeza ajena, descendiendo su mano con cuidado hasta el mentón ajeno, buscando su mirada. Volvió a pensar en las palabras, esas que quería volver a escuchar de sus labios... Era surrealista toda la sensación, como si solo ellos dos fueran protagonistas de todo el mundo que los rodeaba. —Muchos me lo han dicho antes y siempre fue fácil rechazarlos, no sentir nada. Eran palabras vacías para mí... — ¿Por qué lo admitía? No lo comprendía, no podía comprenderlo. Sus dedos se deslizaron con dulzura por el cabello ajeno, con cuidado. —Nunca me he sentido amado, no sé qué es el amor, pero... — cerró sus ojos, reposando sus labios sobre la frente ajena en señal de respeto. —No entiendo qué mierda me pasa contigo. Mi pecho duele, mis pensamientos solo me llevan a ti, solo siento que quiero protegerte del mundo. La sola idea de imaginarte con alguien más me vuelve loco, quiero estar a tu lado, en las buenas y en las malas, quiero protegerte incluso de quien me dio un apellido que jamás pensé cuestionar hasta conocerte. — sus brazos se rodearon más firmemente al contrario, hundiendo su rostro al contrario, juntando su frente a la del contrario. —No sé si estos sentimientos son los mismos que el amor, solo sé que nunca antes los he sentido por nadie más que contigo... — una nueva pausa, abriendo sus ojos, que todavía estaban cansados, pero más seguros.

—¿Me enseñarías a amarte de vuelta?
Sonaba tan surrealista, lejano... Maldita sea, no entendía por qué, no podía, pero solo quería corresponder esos sentimientos, devolviéndole la misma sinceridad. Volvió a plantar un beso en su frente, con cuidado y cariño. Lo tomó con cuidado, sosteniendo su mano, cruzando sus dedos con los ajenos, uniéndolos en uno solo. Caminó por el pasillo, guiándolo hasta su dormitorio, abriendo la puerta y dejándolo con cuidado sobre la cama, besando sus labios una vez más con el mismo gesto inicial; desesperado, cariñoso, único, delicado... Sabía que ahora aquello que sentían y tenían cambiaba, sus emociones se desbordaban, su pecho se sentía doloroso, su corazón latía de forma que le dolía. ¿Quizás había hablado de más? No le importaba, solo... Quería estar a su lado un poco más. Posicionó la otra mano del contrario sobre su pecho, donde se suponía que su corazón latía de forma tan intensa que todo su cuerpo vibraba. —Si esto no es amarte, no sé qué es... Enséñame para hacerlo bien contigo, Tezca...
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