02-02-2026, 10:02 PM
El triceratops que Moja había salvado hacía apenas un rato apareció de la nada, irrumpiendo en el claro con un bramido atronador. Sin dar margen de reacción, embistió al enorme mono gigante con una fuerza brutal, clavando sus cuernos y lanzándolo varios metros antes de rematarlo contra el suelo. El impacto fue definitivo. El Gigantopithecus quedó inmóvil entre la vegetación destrozada, su amenaza extinguida en un instante tan violento como inesperado.
Tras el ataque, el enorme herbívoro se calmó. Se giró lentamente y se acercó a Moja con pasos pesados pero controlados, observándolo con atención, sin hostilidad. Durante un segundo, ambos se miraron en silencio, como si el animal reconociera en él algo más que a un simple extraño.
No había, sin embargo, tiempo para detenerse. Aún quedaban los cazarecompensas que habían pedido auxilio, y cada segundo perdido podía ser crucial.
Kibai, aún con la adrenalina del combate, rompió el silencio preguntando qué hacía Moja allí y por qué había terminado enfrentándose a un monstruo como aquel. Moja respondió sin rodeos, mientras mantenía los sentidos alerta.
-Recibí una llamada de auxilio de uno de los cazarecompensas y salí a ayudarles- explicó con voz firme. -Encontré su campamento, pero estaba vacío. Allí solo hallé a este triceratops, encerrado, y decidí liberarlo. Siguiendo las huellas que dejaron quienes se los llevaron, llegué hasta aquí… y fue entonces cuando ese enorme mono me atacó sin previo aviso.-
Mientras hablaban, el triceratops emitió un resoplido grave y comenzó a caminar unos metros en dirección a la jungla, deteniéndose y girando la cabeza como si esperara que lo siguieran. Kibai señaló el gesto, y Moja lo entendió al instante.
-Quiere que vayamos tras él- dijo, asintiendo. -Supongo que intenta devolverme el favor por haberlo liberado.-
Moja entrecerró los ojos y señaló un sendero apenas visible, oculto entre la maleza y las raíces gigantes.
-Creo que nos está indicando ese camino. Apenas se distingue, pero conduce hacia el interior de la selva. Si quieres, acompáñame. Averigüemos qué les ha ocurrido a los cazarecompensas. No podemos quedarnos aquí.-
Sin esperar más, Moja se puso en marcha, avanzando en la dirección que marcaba el triceratops y adentrándose de nuevo en la espesura de Little Garden, confiando en que Kibai lo seguiría mientras la jungla volvía a cerrarse a su alrededor.
Tras el ataque, el enorme herbívoro se calmó. Se giró lentamente y se acercó a Moja con pasos pesados pero controlados, observándolo con atención, sin hostilidad. Durante un segundo, ambos se miraron en silencio, como si el animal reconociera en él algo más que a un simple extraño.
No había, sin embargo, tiempo para detenerse. Aún quedaban los cazarecompensas que habían pedido auxilio, y cada segundo perdido podía ser crucial.
Kibai, aún con la adrenalina del combate, rompió el silencio preguntando qué hacía Moja allí y por qué había terminado enfrentándose a un monstruo como aquel. Moja respondió sin rodeos, mientras mantenía los sentidos alerta.
-Recibí una llamada de auxilio de uno de los cazarecompensas y salí a ayudarles- explicó con voz firme. -Encontré su campamento, pero estaba vacío. Allí solo hallé a este triceratops, encerrado, y decidí liberarlo. Siguiendo las huellas que dejaron quienes se los llevaron, llegué hasta aquí… y fue entonces cuando ese enorme mono me atacó sin previo aviso.-
Mientras hablaban, el triceratops emitió un resoplido grave y comenzó a caminar unos metros en dirección a la jungla, deteniéndose y girando la cabeza como si esperara que lo siguieran. Kibai señaló el gesto, y Moja lo entendió al instante.
-Quiere que vayamos tras él- dijo, asintiendo. -Supongo que intenta devolverme el favor por haberlo liberado.-
Moja entrecerró los ojos y señaló un sendero apenas visible, oculto entre la maleza y las raíces gigantes.
-Creo que nos está indicando ese camino. Apenas se distingue, pero conduce hacia el interior de la selva. Si quieres, acompáñame. Averigüemos qué les ha ocurrido a los cazarecompensas. No podemos quedarnos aquí.-
Sin esperar más, Moja se puso en marcha, avanzando en la dirección que marcaba el triceratops y adentrándose de nuevo en la espesura de Little Garden, confiando en que Kibai lo seguiría mientras la jungla volvía a cerrarse a su alrededor.
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