[EVENTO LOCAL - MUSHOKU] Una jauría de perros III - Terror Alado
#11
La dupla montada decidió lanzarse a por mi a la celeridad que el hombre caballo podía permitirse con sus alas, con sus puños envueltos en fuego. Dejé de verlos en cuanto se movieron pues sin duda el corcel era rápido, pero los sentía. Sentía sus movimientos. Estaban dirigiéndose hacia mi, para darme un impacto... ¡en el corazón!. Mi Busoshoku se reunió en ese punto para proteger la zona del impacto pero Shindo hizo efecto sin tener que pedirlo, al tenerlo activado previamente, reduciendo grotescamente la diferencia de poder de aquel golpe que se efectuaba, con unos guantes de metal.
Aun así, consiguió romper esa barrera electromagnética e impactar en la zona que había protegido de ante mano, y fue un golpe del que no sentí más allá de una caricia, un leve contacto. ¿Eso era todo? ¿Esa era su idea de una jugada inicial maestra? Eran patéticos. Probablemente me había preocupado por demás al activar el Busoshoku, empezaba a dudar que pudieran hacerme un daño significativo o un dolor suficiente como para ser disfrutado.


— Daikōzui — y la viruta de hierro de mi Kōkaku salió de su interior para empezar a danzar a mi alrededor con calma y elegancia mientras aquel oni minúsculo lanzaba hacia mi una mano de humo grisáceo bastante grande, permitiéndole que envolviera mi torso con ella y palpando su humo mientras le observaba alejarse a lomos de aquel centauro de cuatro alas después del impacto infructuoso que me había dado.
El capitán de aquel grupo de don nadies pronunciaba amenazas vacías, diciendo que usaría mi cráneo como una taza y mis trenzas como una esponja. Vulgar y sin gracia, un pirata más del montón con ínfulas de grandeza que no llegaba a absolutamente nada. Un perro rabioso que ladraba desde el otro lado de la reja de la casa de su amo. Se sentía seguro montando aquel caballo raudo. Se sentía con el control porque me había agarrado... Pero no sabía que acababa de perder el combate conmigo.

— He dicho que podemos empezar cuando queráis-uhm — dije mirándoles con mi único ojo, agarrado por aquel humo y relajado completamente — ¡RAIDA! — grité, comandando a mi ave que graznó con fuerza y se alzó perdiéndose en las nubes, volando abandonando el campo de batalla y preparándose, como toda ave de presa, para descender y cobrarse una víctima. La letalidad de las aves Fuza era algo conocido para cualquier cazador de bestias que se precie, o domador en el mejor de los casos, pero Raida no era un ave Fuza normal. Era la enorme reina de una gran colonia de ellas que encontré un par de décadas atrás y a la que dominé después de matar a todas sus hermanas y crías. Y con el pasar de los años, se había hecho más grande, y más poderosa que entonces. No estaban peleando contra un oponente cualquiera. Estaban peleando contra Shinju Kagayaku, La Catástrofe, y su temible Fuza de batalla Raida, la Sombra Púrpura. Y nuestra combinación a diferencia de la suya sí que era letal.

Las virutas de hierro que danzaban a mi alrededor cubrían el área por más de cien metros y sentenciaban el principio del fin para estos imbéciles, demostrándome que esto no iba a ser un reto para mi al punto de poder permitirme emitir mi Kenbunshoku a una tan corta distancia como sólo diez metros de mi. No merecían más.
Iban a morir ahora.




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RE: [EVENTO LOCAL - MUSHOKU] Una jauría de perros III - Terror Alado - por Shinju Kagayaku - 30-01-2026, 03:48 AM

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