29-01-2026, 12:42 AM
Dejé escapar una risita cuando explicó, con mucho sentido, por qué el buccaner en cuestión era novato. La verdad es que yo misma no sabía que las comidas estuvieran restringidas a un único plato, así que quizás se aprovecharon para pedir más precisamente porque yo era nueva, pero ahora que sabía esto, me aseguraría de preguntar por la normativa al respecto y leerla por mí misma. Total, si el Sargento Mayson no me había regañado ya al respecto, seguramente sería porque al tipo que le serví de más le convenía que no se enterara para que yo pudiera seguir haciéndole ese “favor”. Solo había ocurrido un par de veces, así que esperaba que nadie más a quien le pudiera importar pudiera haberlo visto. Por suerte, no es que tampoco sea algo por lo que te puedan despedir.
Esperé unos segundos y, solo cuando lo escuché entrando en la cocina y comenzó a hablar con Kael, me atreví a salir de allí lo más sigilosamente que pude con aquella gran mopa…
Asentí cuando me dijo lo de las patatas y todo transcurrió con normalidad durante la lección del cuchillo. Mientras yo terminaba con el pollo, él… ¿qué?
Lo escuché acercarse por detrás y me puse algo rígida por un segundo, alerta por cualesquiera que pudieran ser sus intenciones, pero enseguida noté cómo me recogía el cabello en lo que por el tacto en la nuca identifiqué con una redecilla. No me moví, al menos hasta que la malla rozó mis orejas y se me plegaron por puro instinto con un par de pequeñas sacudidas al hacerme cosquillitas. ¡Es muy raro que un completo desconocido te haga cosquillas, aunque sea sin querer! A pesar de su argumento del ahorro de tiempo, intervine.
—N-no te preocupes, yo termino —atajé al tiempo que me alejaba un par de pasos para alcanzar un paño con el que secarme las manos y terminar de colocarme la parte de las orejas. Menos mal que lo tenía fácil para darle la espalda, porque tengo algo de calor ¡y no me gustaría que me notara un ligero sonrojo o algo así!
Por suerte, enseguida volvió manos a la obra, y yo hice lo mismo. No mucho después nos pusimos con las legumbres, y la verdad es que no pude evitar sonreír con su halago.
—No, a veces las legumbres tienen restos de polvo, tierra o suciedad, así que solo me gusta reutilizar el agua en el que se han cocido, en el caso de que se hayan cocinado aparte —respondí a su pregunta mientras agarraba el siguiente recipiente, planteándome que quizás, la próxima vez que me tocara estar en la cocina, podría hacer de hecho una ensalada de habichuelas y arroz y utilizar el agua de cocción para otra elaboración.
Todo fue avanzando bien hasta que sonó el silbato del fin del entrenamiento. Me di entonces aún más prisa si cabía.
—Tendremos que ir deprisa; no creo que tarden más de… —Mis orejas se movieron, erguidas y en alerta, hacia el pasillo. Alguien se acercaba, y a juzgar por el sonido metálico de las botas, era el Sargento Mayson—. Mierda… —murmuré.
Me quité la redecilla de inmediato y la tiré donde las demás casi al mismo tiempo que me quitaba el delantal y lo colgaba en su lugar.
—Vale, sabes lo que hemos cocinado; deberías poder responder sus preguntas —expuse apresuradamente en voz baja mientras recojo el cubo y la fregona—. Gáname algo de tiempo; entretenlo mientras yo intento dejar perfecta la habitación de enfrente. Si la gente llega antes de que se vaya, no le dará tiempo a revisar el comedor antes de que lo ensucien.
Salí de inmediato con todo aquello hacia la sala de limpieza antes de que me viera. Al menos, sabiendo que hoy me tocaría la limpieza y que seguramente me retrasaría por no haberlo hecho nunca antes, tomé la precaución de limpiar bien la cocina la noche anterior, así que esperaba que no se hubiera ensuciado mucho durante aquel turno.
