28-01-2026, 09:54 AM
(Última modificación: 28-01-2026, 10:01 AM por Stroud Nanashi.)
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Tras la estampida, el grupo ha quedado dividido en dos, y como tal vamos a actuar: el A (compuesto por Mahou y Kay) y el B (compuesto por Bai y Lan). Mis posts estarán divididos en estos dos grupos hasta que ambos vuelvan a convergir, incluyendo parte de la información off. Evidentemente, ambos grupos pierden contacto al estar separados.
Grupo A (Mahou y Kayseira)
Grupo A
Lentamente, la polvareda empezaba a disiparse, y en cuestión de unos instantes, el cielo grisáceo empezaba a ser visible otra vez, sin el marrón terroso levantado por el paso de la catástrofe. Las dos habían acabado empapadas en sudor, más de lo que ya lo estuviesen debido al bochorno de la isla, y rebozadas en tierra y polvo. Teniendo en cuenta los poderes que le proporcionaba su fruta, la avispada Kayseira había optado por la estrategia más sencilla, y también más efectiva: esperar a que pasase todo (poniendo siempre a salvo, eso sí, su preciado tabaco). Pasó toda la estampida convertida, esencialmente, en una masa de hielo que era despedazada para recomponerse inmediatamente bajo el peso de los triceratops, en una suerte de granizado perpetuo que iba rodando de aquí para allá. En algún momento, sin ella darse cuenta, había acabado alejándose ligeramente del punto de partida. La macaquil Mahou había sucumbido, física pero no psicológicamente, al horror de la estampida, dado su bajo peso y lo grácil de su físico. Fue precisamente esto, sin embargo, lo que le permitió, aun levemente magullada por el paso de las inclementes bestias, recomponerse y dar un fuerte salto en pleno caos, dando a aterrizar con gracejo sobre el hocico de uno de los triceratops, logrando agarrarse al cuerno que de allí emergía. Sin embargo, el monstruo prehistórico no había tardado en reaccionar y, en plena carrera, aterrorizado a su vez por un salpicón de magma que había pisado en alguna parte, había sacudido violentamente la cabeza hasta lograr deshacerse de la primate. Esta había salido disparada así de la estampida, cayendo no lejos de la misma Kayseira; por suerte, el denso follaje selvático había amortiguado su caída, impidiendo que esta fuese demasiado grave.
Era difícil decir cuánto tiempo había pasado; podrían haber sido minutos, podrían haber sido horas. El mundo entero parecía haberse sumergido en el más espantoso caos en cuestión, como siempre ocurría, de un instante. Las dos piratas se dieron cuenta de que el temblor de la tierra, tal y como había venido, se alejaba gradualmente en alguna dirección. El último de los triceratops de la manada ya parecía haber pasado. Los insectos se habían comenzado a dispersar también, y aquellas espantosas nubes que habían cegado a Kayseira hasta hacía unos instantes empezaban a deshacerse en zumbidos. Ambas se habían desplazado, aunque no demasiado, desde su punto de partida, y habían dado con un área del monte en que no habían reparado anteriormente. Allí no había ni rastro de triceratops, y no parecía siquiera que se hubiesen acercado a esa zona, aunque sí había algunas huellas en el lodo que parecían más o menos recientes, si bien no de gran tamaño. Parecían dirigirse con claridad hacia el este, aunque lo nublado del cielo y lo denso de la selva hacían más difícil la orientación. Entre las rocas del suelo, atascado entre dos pedruscos cubiertos de verdín, se podía ver un hueso con lo que parecían ser algunos jirones de carne putrefacta colgando.
Al cabo de algunos minutos, desde el oeste, ambas pudieron oír algo extraño. ¿Pisadas? A medida que pasaron los segundos, se empezó a volver evidente que iban en su dirección. Por el sonido, no parecía algo demasiado grande, ni demasiado pequeño. No sonaba como un dinosaurio, aunque ninguna de ellas tenía la suficiente experiencia con aquellas criaturas como para estar plenamente segura. Se hizo la tensión en el ambiente. Los pasos se acercaban. Sonaban llenos de confianza, como si lo que fuese aquello no estuviese preocupado por llamar la atención. Y sonaba algo más, agudo, por encima de las pisadas. Eso era… ¿un silbido? ¿Alguien estaba silbando una canción?
Repentinamente, un hombre apareció entre la maleza. Era rubio, alto, y vestía un uniforme de aspecto militar de aspecto antiguo, pero pulcramente planchado y perfectamente limpio, sin una sola arruga ni la más mínima mancha de sudor. Llevaba un cigarrillo encendido en los labios, que dejaba tras de sí una delgada estela allá por donde caminaba. En sus manos, un bate con las siglas “R. R.”, y una mochila cargada a la espalda. ¡Parecía tan ocupado como dispuesto para el combate! De su cinturón colgaba un walkie talkie que emitía estática.
“¡Vaya, vaya!,” dijo con sorpresa el hombre cuando llegó al claro. La presencia de Mahou y Kayseira realmente parecía haberlo pillado desprevenido. Se reajustó la visera de la gorra, observándolas con detenimiento, como sin creerse mucho que allí pudiera haber nadie, entornando los ojos. Dio una calada al cigarrillo pausadamente y, sorprendentemente, cuando fue a darle un par de toquecitos para dejar caer las cenizas, lo hizo en el bolsillo de su propia chaqueta, de forma que no cayesen en el suelo. Acto seguido, se dio un par de palmaditas sobre el mismo bolsillo. “¿Y vosotras quiénes sois? ¿Os habéis perdido?,” inquirió, colocándose el bate sobre el hombro de forma amenazadora.
Era difícil decir cuánto tiempo había pasado; podrían haber sido minutos, podrían haber sido horas. El mundo entero parecía haberse sumergido en el más espantoso caos en cuestión, como siempre ocurría, de un instante. Las dos piratas se dieron cuenta de que el temblor de la tierra, tal y como había venido, se alejaba gradualmente en alguna dirección. El último de los triceratops de la manada ya parecía haber pasado. Los insectos se habían comenzado a dispersar también, y aquellas espantosas nubes que habían cegado a Kayseira hasta hacía unos instantes empezaban a deshacerse en zumbidos. Ambas se habían desplazado, aunque no demasiado, desde su punto de partida, y habían dado con un área del monte en que no habían reparado anteriormente. Allí no había ni rastro de triceratops, y no parecía siquiera que se hubiesen acercado a esa zona, aunque sí había algunas huellas en el lodo que parecían más o menos recientes, si bien no de gran tamaño. Parecían dirigirse con claridad hacia el este, aunque lo nublado del cielo y lo denso de la selva hacían más difícil la orientación. Entre las rocas del suelo, atascado entre dos pedruscos cubiertos de verdín, se podía ver un hueso con lo que parecían ser algunos jirones de carne putrefacta colgando.
Al cabo de algunos minutos, desde el oeste, ambas pudieron oír algo extraño. ¿Pisadas? A medida que pasaron los segundos, se empezó a volver evidente que iban en su dirección. Por el sonido, no parecía algo demasiado grande, ni demasiado pequeño. No sonaba como un dinosaurio, aunque ninguna de ellas tenía la suficiente experiencia con aquellas criaturas como para estar plenamente segura. Se hizo la tensión en el ambiente. Los pasos se acercaban. Sonaban llenos de confianza, como si lo que fuese aquello no estuviese preocupado por llamar la atención. Y sonaba algo más, agudo, por encima de las pisadas. Eso era… ¿un silbido? ¿Alguien estaba silbando una canción?
Repentinamente, un hombre apareció entre la maleza. Era rubio, alto, y vestía un uniforme de aspecto militar de aspecto antiguo, pero pulcramente planchado y perfectamente limpio, sin una sola arruga ni la más mínima mancha de sudor. Llevaba un cigarrillo encendido en los labios, que dejaba tras de sí una delgada estela allá por donde caminaba. En sus manos, un bate con las siglas “R. R.”, y una mochila cargada a la espalda. ¡Parecía tan ocupado como dispuesto para el combate! De su cinturón colgaba un walkie talkie que emitía estática.
Imagen
“¡Vaya, vaya!,” dijo con sorpresa el hombre cuando llegó al claro. La presencia de Mahou y Kayseira realmente parecía haberlo pillado desprevenido. Se reajustó la visera de la gorra, observándolas con detenimiento, como sin creerse mucho que allí pudiera haber nadie, entornando los ojos. Dio una calada al cigarrillo pausadamente y, sorprendentemente, cuando fue a darle un par de toquecitos para dejar caer las cenizas, lo hizo en el bolsillo de su propia chaqueta, de forma que no cayesen en el suelo. Acto seguido, se dio un par de palmaditas sobre el mismo bolsillo. “¿Y vosotras quiénes sois? ¿Os habéis perdido?,” inquirió, colocándose el bate sobre el hombro de forma amenazadora.
Grupo B (Bai y Lan)
Grupo B
En mitad del caos, cuando uno es llevado por su mero instinto de supervivencia, casi a ciegas, resulta sencillo acabar en algún lugar extraño, tal vez rodando ladera abajo, o corriendo al intentar alejarte del ruido, o gateando hasta algún sitio que percibes como seguro. Tras lograr permanecer en pie cual reseñable escultura y plantar cara a la estampida, impasible, Bai había acabado por descender por la ladera de la elevación en que se habían reunido originalmente, alejándose instintivamente del peligro y dando a parar en un nuevo lugar. Lan, por otro lado, aún enormemente emocionada por el deseo de exploración y la idea de tener toda una nueva isla por explorar, había sido abrumada por las enormes avispas, que se habían acumulado a su alrededor y la habían cegado, zumbando sin cesar en un enjambre enloquecido. Lo magmático de su cuerpo había hecho aún más caótica la estampida, si cabía, encabritando más a los triceratops y provocando que algunos entrasen en pánico, atacando a ciegas a su alrededor y desviándose de la trayectoria original. Su sentido de orientación, excelente como solía ser, sin embargo, le falló ligeramente cuando intentó caminar a ciegas, asfixiada por la densa polvareda y en mitad del ensordecedor ruido, sin referencia alguna de la realidad. Al echar a andar, había acabado precipitándose ladera abajo. Cuando Bai y Lan se quisieron dar cuenta, en el momento en que la adrenalina empezó a bajar y pudieron permitirse prestar atención a su entorno de una manera algo más calmada, era como si, en pleno caos, hubiesen aterrizado repentinamente en otra zona de la isla, como si hubieran viajado durante mucho rato. ¡Incluso tenían algo de hambre! Estaban rodeadas por todas partes de la densísima vegetación que hacía gran parte de Little Garden casi intransitable para los humanos; resultaba difícil decir cómo de lejos se habían ido respecto a su ubicación original. Tal vez apenas unos metros, tal vez decenas.
Fuera como fuere, no parecía haber nadie más a su alrededor. Mahou y Kayseira no parecían estar cerca, y ni rastro del resto de la tripulación. Había una enorme quietud en el ambiente. Reinaba el silencio, un silencio inquietante para un lugar tan salvaje y lleno de vida como aquel. El aire ni siquiera se movía lo suficiente como para balancear las jugosas frutas, de colores vivos y llamativos, que colgaban de algunas ramas, a varios metros sobre ellas. Tampoco los enormes helechos, altos como los propios árboles, se movían ni un centímetro. En la lejanía, más allá de los árboles, podía oírse el rumor del mar, ahogado por la vegetación, por lo que no podían estar muy lejos de la costa. El follaje sobre ellas era tan denso que casi no dejaba pasar la luz, y entre los árboles colgaban multitud de lianas retorcidas entre sí, lo que hacía que aquel espacio, pese a ser tan amplio, se sintiese opresivo y cerrado, casi como si estuvieran en mitad de una telaraña. Más allá de las primeras hileras de árboles, hacia el oeste, se situaba lo que parecía ser una enorme formación de rocas que formaban una gran pared.
Fue entonces cuando se dieron cuenta de que, a un lado, hábilmente escondido entre la maleza, había algo que parecía un agujero en la tierra, cavado con mimo y hecho de forma que nadie lo encontrase por accidente… ¿o no? Una inspección de cerca revelaría que se trataba realmente de un enorme nido. En su interior, reposando sobre un mullido acolchado de ramitas y hierbas, descansaban cinco grandes huevos. Resultaba difícil estimar cuánto pesaba cada uno, ¡pero debían de ser al menos cuarenta o cincuenta kilos, tal vez más! Eran amarillentos, más alargados que un huevo de gallina, y tenían pequeñas manchitas naranjas y negras. ¿Qué diantres era aquello?
Como de costumbre en Little Garden, daba la impresión de que, con cierta probabilidad, ellas fuesen las primeras personas en pisar aquel sitio en décadas, o en general. Todo allí parecía inexplorado, sin cartografiar, un secreto por descubrir. Era probable que estuviesen rodeadas de plantas y árboles por doquier jamás documentadas en un solo libro, o que hubiese mil ojos observándolas desde todas partes, ojos que ellas jamás verían. Resultaba interesante cómo una isla tan rebosante de vida podía ser tan hostil a ella, y cómo un lugar tan fundamental en el paso por el Grand Line era simplemente evitado como la peste por la mayoría de navegantes.
Fuera como fuere, no parecía haber nadie más a su alrededor. Mahou y Kayseira no parecían estar cerca, y ni rastro del resto de la tripulación. Había una enorme quietud en el ambiente. Reinaba el silencio, un silencio inquietante para un lugar tan salvaje y lleno de vida como aquel. El aire ni siquiera se movía lo suficiente como para balancear las jugosas frutas, de colores vivos y llamativos, que colgaban de algunas ramas, a varios metros sobre ellas. Tampoco los enormes helechos, altos como los propios árboles, se movían ni un centímetro. En la lejanía, más allá de los árboles, podía oírse el rumor del mar, ahogado por la vegetación, por lo que no podían estar muy lejos de la costa. El follaje sobre ellas era tan denso que casi no dejaba pasar la luz, y entre los árboles colgaban multitud de lianas retorcidas entre sí, lo que hacía que aquel espacio, pese a ser tan amplio, se sintiese opresivo y cerrado, casi como si estuvieran en mitad de una telaraña. Más allá de las primeras hileras de árboles, hacia el oeste, se situaba lo que parecía ser una enorme formación de rocas que formaban una gran pared.
Fue entonces cuando se dieron cuenta de que, a un lado, hábilmente escondido entre la maleza, había algo que parecía un agujero en la tierra, cavado con mimo y hecho de forma que nadie lo encontrase por accidente… ¿o no? Una inspección de cerca revelaría que se trataba realmente de un enorme nido. En su interior, reposando sobre un mullido acolchado de ramitas y hierbas, descansaban cinco grandes huevos. Resultaba difícil estimar cuánto pesaba cada uno, ¡pero debían de ser al menos cuarenta o cincuenta kilos, tal vez más! Eran amarillentos, más alargados que un huevo de gallina, y tenían pequeñas manchitas naranjas y negras. ¿Qué diantres era aquello?
Como de costumbre en Little Garden, daba la impresión de que, con cierta probabilidad, ellas fuesen las primeras personas en pisar aquel sitio en décadas, o en general. Todo allí parecía inexplorado, sin cartografiar, un secreto por descubrir. Era probable que estuviesen rodeadas de plantas y árboles por doquier jamás documentadas en un solo libro, o que hubiese mil ojos observándolas desde todas partes, ojos que ellas jamás verían. Resultaba interesante cómo una isla tan rebosante de vida podía ser tan hostil a ella, y cómo un lugar tan fundamental en el paso por el Grand Line era simplemente evitado como la peste por la mayoría de navegantes.
Información
Off
- Como os comentaba por privado, algunas habéis cometido pequeños fallos. No hay problema; han sido integrados en la narración. Pero tened cuidado, porque en una aventura o un evento de tier más alto os puede suponer un problema.
- Respecto a la llamada entre Lan y Alana, de momento nada os va a impedir tener una conversación y manteneros mutuamente informadas. Sin embargo, aunque sea una “aventura dual” con temas y elementos comunes que iréis descubriendo, no perdáis de vista el hecho de que, en términos mecánicos y prácticos, siguen siendo dos aventuras separadas y de tiers distintos.
Mapa
![[Imagen: L2juCul.png]](https://i.imgur.com/L2juCul.png)
Actual localización de ambos grupos, si bien ninguno de los dos sabe dónde está el otro. Cada cuadro
puede interpretarse, de manera aproximada, como unos veinticinco metros.
El grupo B cuenta con una visión bonificada del terreno por el karma Guía de Lan.
El grupo B cuenta con una visión bonificada del terreno por el karma Guía de Lan.
Notas para el grupo A
Percepciones
- Los personajes con el Oficio Explorador II o superior podrán reconocer las huellas del suelo como probablemente pertenecientes a un ejemplar joven de Deinonychus antirrhopus o una especie parecida. También podrán calificarlas como muy recientes, por la textura del lodo, y podrán darse cuenta de que seguramente fuese corriendo.
- Los personajes con el Oficio Médico II o superior se darán cuenta de que la escasa carne que queda sobre el hueso, así como el color del mismo, implican que eso debe de llevar semanas ahí, como mínimo.
Mapa
![[Imagen: 1oLWTOt.jpeg]](https://i.imgur.com/1oLWTOt.jpeg)
Stats del NPC
Nivel: 11
Stats:
Fuerza: 150
Resistencia: 120
Destreza: 140
Precisión: 34
Agilidad: 121
Reflejos: 100
Inteligencia: 34
Voluntad: 70
CH: 0
CA: 0
Vitalidad: 2581
Energía: 1767
Espíritu: 210
Inventario:
Bate Blue Tidy
Creaciones propias
2
Especificaciones
Requisitos: 45 FUE / 30 DES
Resistencia: 1000
Daño: 90
Escalado: 1,2 FUE / 0,1 DES
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 0
Descripción: Bate de aspecto desgastado empleado por uno de los sargentos de la R. R.
batebluerr001
Contenidos ocultos
Contenido Oculto
Contenido Oculto
Notas para el grupo B
Percepciones
- En caso de examinar las frutas que cuelgan de los árboles, los personajes con el Oficio Erudito II podrán recordar haber leído algo en un libro sobre la fauna y flora de Little Garden. Sabrán que es probable que al menos una de esas frutas sea la conocida como Fruta de la Belleza Interior, y es probable que otra de ellas sea la Fruta del Príncipe, ambas muy comunes y documentadas en aquella jungla. Sin embargo, no sabrán reconocerlas entre los múltiples ejemplares que cuelgan de los árboles (si es que de hecho están ahí), casi todos variados y distintos entre sí.
- Los personajes con el Oficio Erudito podrán deducir que los huevos probablemente sean de dinosaurio o algún tipo de gran reptil, y que seguramente no les quede demasiado para eclosionar. También sabrán, por sentido común, que la madre seguramente no ande lejos.
- Los personajes con el karma Guía serán capaces de determinar dónde quedan los puntos cardinales, y podrán intuir que el mar probablemente se encuentre hacia el este, aunque resulta difícil de decir con certeza, pues la frondosa vegetación y las formaciones rocosas de la isla pueden perturbar la acústica.
Contenidos ocultos
Contenido Oculto
Contenido Oculto

![[Imagen: 7oac6oR.gif]](https://i.imgur.com/7oac6oR.gif)
![[Imagen: pDWijAU.png]](https://i.imgur.com/pDWijAU.png)