27-01-2026, 10:32 PM
Las palabras de Kibai, pronunciadas con urgencia mientras advertía que algo más se acercaba y que dejaba el combate contra el mono gigante en manos de Moja, hicieron que este último tensara todo su cuerpo de inmediato. Su postura cambió por completo, bajando el centro de gravedad y abriendo ligeramente los brazos mientras las flechas vectoriales flotaban a su alrededor, girando con lentitud controlada, listas para reaccionar a la menor amenaza. No había duda ni vacilación en su mirada.
-Yo me encargo del mono- respondió Moja con firmeza, sin apartar los ojos del coloso.
No hubo tiempo para más palabras. El Gigantopithecus se abalanzó de nuevo con un rugido ensordecedor, lanzando dos puñetazos consecutivos, uno con cada brazo, cargados con toda su fuerza bruta. El aire se comprimió alrededor de los golpes, levantando polvo y haciendo vibrar el suelo bajo los pies de Moja. Sin embargo, esta vez estaba preparado. Aprovechando que sus flechas vectoriales ya orbitaban a su alrededor, las desplazó al frente en una fracción de segundo, interponiéndolas como un escudo geométrico.El impacto fue brutal.
La fuerza de los puñetazos destrozó seis de las flechas, que estallaron en fragmentos de energía antes de disiparse por completo. Aun así, habían cumplido su función: el ataque quedó bloqueado y Moja permaneció en pie. Sin perder un solo segundo, volvió a crearlas. Las flechas reaparecieron una tras otra, vibrando con intensidad, obedientes a su voluntad.
Con una sola mirada, Moja las lanzó todas al unísono. Las ocho flechas vectoriales impactaron con violencia contra el costado del mono gigante, obligándolo a torcer el cuerpo mientras soltaba un rugido de dolor. Al mismo tiempo, Moja se impulsó hacia adelante y descargó un puñetazo devastador directamente en el pecho del Gigantopithecus, reforzado por sus guantes de combate y por el impulso de su propio movimiento.
Moja escuchó la voz de Kibai gritarle que le hiciera sitio. Sin dudarlo, Moja dio un salto hacia atrás, alejándose con agilidad y dejando el espacio necesario. Aprovechó el momento exacto en el que Kibai ejecutó su ataque para ordenar a sus flechas que volvieran a golpear, presionando al mono gigante desde distintos ángulos y evitando que pudiera reaccionar con claridad.
Tras el ataque, Moja giró la cabeza y su vista se abrió a una escena todavía más caótica. Kibai había acabado ya con la mitad de los cien monos que habían acudido en ayuda del Gigantopithecus. El suelo estaba cubierto de cuerpos y la manada restante dudaba, agitada, pero aún peligrosa. Moja apretó los dientes.
-Yo me encargo de los que quedan- le dijo a Kibai con determinación.
Nada más pronunciar esas palabras, se lanzó hacia las bestias que aún seguían en pie. Utilizando sus ocho flechas vectoriales como plataformas móviles, Moja se desplazó por el campo de batalla con una velocidad imposible de seguir, saltando, girando y cambiando de dirección en pleno aire. Las flechas lo impulsaban hacia adelante mientras otras se lanzaban como proyectiles, golpeando a los monos con precisión brutal.
Entre salto y salto, Moja descargaba puñetazos certeros, combinando su fuerza física con la movilidad que le otorgaba su Akuma no Mi. Cada impacto era limpio, rápido y definitivo. La manada, incapaz de coordinarse ante un enemigo tan veloz y cambiante, comenzó a caer una tras otra, hasta que el rugido de la batalla fue sustituido por un silencio tenso y cargado de ecos.
Moja aterrizó finalmente entre los cuerpos derrotados, respirando con calma, con las flechas vectoriales flotando de nuevo a su alrededor, mientras la jungla de Little Garden parecía observar en silencio a aquel mink que había demostrado, una vez más, que no era una presa… sino un depredador. Finalmente, quedó mirando de nuevo al Gigantopithecus, a unos diez metros de el.
-Yo me encargo del mono- respondió Moja con firmeza, sin apartar los ojos del coloso.
No hubo tiempo para más palabras. El Gigantopithecus se abalanzó de nuevo con un rugido ensordecedor, lanzando dos puñetazos consecutivos, uno con cada brazo, cargados con toda su fuerza bruta. El aire se comprimió alrededor de los golpes, levantando polvo y haciendo vibrar el suelo bajo los pies de Moja. Sin embargo, esta vez estaba preparado. Aprovechando que sus flechas vectoriales ya orbitaban a su alrededor, las desplazó al frente en una fracción de segundo, interponiéndolas como un escudo geométrico.El impacto fue brutal.
La fuerza de los puñetazos destrozó seis de las flechas, que estallaron en fragmentos de energía antes de disiparse por completo. Aun así, habían cumplido su función: el ataque quedó bloqueado y Moja permaneció en pie. Sin perder un solo segundo, volvió a crearlas. Las flechas reaparecieron una tras otra, vibrando con intensidad, obedientes a su voluntad.
Con una sola mirada, Moja las lanzó todas al unísono. Las ocho flechas vectoriales impactaron con violencia contra el costado del mono gigante, obligándolo a torcer el cuerpo mientras soltaba un rugido de dolor. Al mismo tiempo, Moja se impulsó hacia adelante y descargó un puñetazo devastador directamente en el pecho del Gigantopithecus, reforzado por sus guantes de combate y por el impulso de su propio movimiento.
Moja escuchó la voz de Kibai gritarle que le hiciera sitio. Sin dudarlo, Moja dio un salto hacia atrás, alejándose con agilidad y dejando el espacio necesario. Aprovechó el momento exacto en el que Kibai ejecutó su ataque para ordenar a sus flechas que volvieran a golpear, presionando al mono gigante desde distintos ángulos y evitando que pudiera reaccionar con claridad.
Tras el ataque, Moja giró la cabeza y su vista se abrió a una escena todavía más caótica. Kibai había acabado ya con la mitad de los cien monos que habían acudido en ayuda del Gigantopithecus. El suelo estaba cubierto de cuerpos y la manada restante dudaba, agitada, pero aún peligrosa. Moja apretó los dientes.
-Yo me encargo de los que quedan- le dijo a Kibai con determinación.
Nada más pronunciar esas palabras, se lanzó hacia las bestias que aún seguían en pie. Utilizando sus ocho flechas vectoriales como plataformas móviles, Moja se desplazó por el campo de batalla con una velocidad imposible de seguir, saltando, girando y cambiando de dirección en pleno aire. Las flechas lo impulsaban hacia adelante mientras otras se lanzaban como proyectiles, golpeando a los monos con precisión brutal.
Entre salto y salto, Moja descargaba puñetazos certeros, combinando su fuerza física con la movilidad que le otorgaba su Akuma no Mi. Cada impacto era limpio, rápido y definitivo. La manada, incapaz de coordinarse ante un enemigo tan veloz y cambiante, comenzó a caer una tras otra, hasta que el rugido de la batalla fue sustituido por un silencio tenso y cargado de ecos.
Moja aterrizó finalmente entre los cuerpos derrotados, respirando con calma, con las flechas vectoriales flotando de nuevo a su alrededor, mientras la jungla de Little Garden parecía observar en silencio a aquel mink que había demostrado, una vez más, que no era una presa… sino un depredador. Finalmente, quedó mirando de nuevo al Gigantopithecus, a unos diez metros de el.
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