27-01-2026, 08:51 AM
No tenía de otra.
Desde que empezó su vida como revolucionario, Kyo no había tenido otra opción más que dedicarse a vivir según las expectativas que tenían sobre él. Aunque no quería, debía cumplir. Todo empezó por una mentira; una enorme mentira, y, ahora. No tenía de otra.
Por fortuna, ¿o desgracia? Le habrían asignado a ser compañero de una superior. No sabía mucho más allá de que era una joven promesa en la revolución, una pelirroja de nombre Elara Vangrim.
Ojalá fuese pechugona, pensó.
Cómo sea, una vez el navío llegará a la Isla Karate, Kyo no tuvo más opción de tomar su equipaje en una mochila que se montó sobre el hombro, descendiendo por la pasarela hacía la isla con su habitual serenidad, ajustándose sus lentes de sol con su mano libre al compás que desviaba ligeramente su atención por el puerto.
Mascaba chicle, desinteresado, haciendo pequeños globitos de goma de mascar que estallaban cada tanto en su caminar, hasta qué, obvio, escucharía una voz danzarina, demasiado alegre para él.
Una extrovertida chica pelirroja, con… ¿alas? Sí, podía ver un par de alas, estaba gritando, agitando los hombros, y claramente llamando la atención de todo el mundo; especialmente la de él.
Curioso.
Ladeó la cabeza, y, por un segundo, dejaría entrever una ligereza sonrisa mientras se aproximaría hacia está, deteniéndose justo a menos de un metro de la fémina, evaluando la situación de esa mujer que parecía tener exceso de energía.
—Vaya, ¿eres del comité de bienvenida? Jamás imaginé que enviarían a tal preciosidad para recibirme. Bromeó. Lo siento, lo siento. Por tu descripción, asumiré que te tratas de la mismísima Elara Vangrim, ¿o me equivocó? —diría con su tono invariable, con un deje de picardía en su voz.
Su expresión casi siempre era la misma; pícara. Como si tuviese segundas intenciones, pero sin que pudiese ser comprobado. —Hebiyama Kyo, a sus servicios. Debido a mi impecable formación en los cuarteles de la revolución, mi presencia aquí es vital para el apoyarla en sus futuras misiones; en resumen. Me enviaron para servirle. —mentiría, guiñándole un ojo.
Quería impresionarla.
No había motivo en específico para mentir. Solo, no sé, le gustaba sentirse importante.
No quería decirle que simplemente cómo no tenía demasiado que hacer, y en sencillez era un tanto inútil, le enviaron a ayudarle. No quería presentarse como un idiota; eso le dolería a su ego.
Como sea, daría un paso más hacia la fémina, permitiendo que su mirada le recorrería un poco. Nuevamente, el sonreír pícaro de Kyo se acentuaría ligeramente.
—Como sea, ”Nee-chan”... —utilizó dicho término para dirigirse a ella porque notó que la fémina repetía curiosamente dicha muletilla. —Dejaré de usar mi tremenda deducción para conocerte, ¿por qué no te presentas por ti misma, y me dices que tienes en mente? —ahora, como mínimo, quería intentar conocerla un poco mejor.
Desde que empezó su vida como revolucionario, Kyo no había tenido otra opción más que dedicarse a vivir según las expectativas que tenían sobre él. Aunque no quería, debía cumplir. Todo empezó por una mentira; una enorme mentira, y, ahora. No tenía de otra.
Por fortuna, ¿o desgracia? Le habrían asignado a ser compañero de una superior. No sabía mucho más allá de que era una joven promesa en la revolución, una pelirroja de nombre Elara Vangrim.
Ojalá fuese pechugona, pensó.
Cómo sea, una vez el navío llegará a la Isla Karate, Kyo no tuvo más opción de tomar su equipaje en una mochila que se montó sobre el hombro, descendiendo por la pasarela hacía la isla con su habitual serenidad, ajustándose sus lentes de sol con su mano libre al compás que desviaba ligeramente su atención por el puerto.
Mascaba chicle, desinteresado, haciendo pequeños globitos de goma de mascar que estallaban cada tanto en su caminar, hasta qué, obvio, escucharía una voz danzarina, demasiado alegre para él.
Una extrovertida chica pelirroja, con… ¿alas? Sí, podía ver un par de alas, estaba gritando, agitando los hombros, y claramente llamando la atención de todo el mundo; especialmente la de él.
Curioso.
Ladeó la cabeza, y, por un segundo, dejaría entrever una ligereza sonrisa mientras se aproximaría hacia está, deteniéndose justo a menos de un metro de la fémina, evaluando la situación de esa mujer que parecía tener exceso de energía.
—Vaya, ¿eres del comité de bienvenida? Jamás imaginé que enviarían a tal preciosidad para recibirme. Bromeó. Lo siento, lo siento. Por tu descripción, asumiré que te tratas de la mismísima Elara Vangrim, ¿o me equivocó? —diría con su tono invariable, con un deje de picardía en su voz.
Su expresión casi siempre era la misma; pícara. Como si tuviese segundas intenciones, pero sin que pudiese ser comprobado. —Hebiyama Kyo, a sus servicios. Debido a mi impecable formación en los cuarteles de la revolución, mi presencia aquí es vital para el apoyarla en sus futuras misiones; en resumen. Me enviaron para servirle. —mentiría, guiñándole un ojo.
Quería impresionarla.
No había motivo en específico para mentir. Solo, no sé, le gustaba sentirse importante.
No quería decirle que simplemente cómo no tenía demasiado que hacer, y en sencillez era un tanto inútil, le enviaron a ayudarle. No quería presentarse como un idiota; eso le dolería a su ego.
Como sea, daría un paso más hacia la fémina, permitiendo que su mirada le recorrería un poco. Nuevamente, el sonreír pícaro de Kyo se acentuaría ligeramente.
—Como sea, ”Nee-chan”... —utilizó dicho término para dirigirse a ella porque notó que la fémina repetía curiosamente dicha muletilla. —Dejaré de usar mi tremenda deducción para conocerte, ¿por qué no te presentas por ti misma, y me dices que tienes en mente? —ahora, como mínimo, quería intentar conocerla un poco mejor.
