26-01-2026, 11:03 PM
(Última modificación: 26-01-2026, 11:13 PM por Kael Omuyaga.)
Incluso con la tensión de la contraria, el encargado de la cocina en aquella tarde aún mantenía bastante la calma. Seguía las indicaciones de la que, a grandes rasgos, tenía mejor mano y más experiencia en la cocina y el arte de los fogones. Él no perdería ni un solo instante, pues sabe que su ritmo es lento y seguro, por lo que su curso de acción era sin duda el efectivo si seguía así.
—Oh, así que comió tres platos. Tal y como mencionas está claro que era novato, sin duda. Más de un comodoro pondría el grito al cielo si se enterase de eso. Cada raza tiene un plato a medida para su estómago, y ese es el que tienen acceso a comer.—Por supuesto, no sería él quién preguntaría lo obvio. Si había sido ella quién lo sirvió, entonces el buccaner no sería el único en asumir las consecuencias, y él no quería involucrarse en posibles problemas.—Tienes toda la razón en cuanto a las verduras, pero quería asegurarme de tener listas las patatas antes de continuar con ningún otro ingrediente. Lo tendré en cuenta para la siguiente ocasión.
No es que no estuviese de acuerdo, pero sus palabras callaban su idea de querer centrar su mente en aprender a pelar correctamente las patatas en lugar de distraerse con las siguientes verduras.
La habilidad con el cuchillo de aquella vulpina fue sin duda algo que elogiar. Para él, cortar ese pollo era lo último que esperaba hacer, la tarea más complicada que se le había presentado, y que seguramente terminaría dejando un hueso en la olla si de él hubiese dependido. Ahora que ella había no solo tomado el control, sino además preparado a la perfección aquellos pedazos de carne, sentía como un peso que hasta ese momento no había sentido se esfumaba de sus hombros.
Durante unos segundos, escuchó con atención las indicaciones de la morena con el cuchillo en mano, tratando de recordar cada paso, pero tras unos instantes, comprobó que ella había omitido un detalle importante debido a la presión de esa nueva actividad. Estaba dejando su tarea de lado para ayudarle, e incluso esta ya iba a contrarreloj por lo poco que había conseguido avanzar en todo ese tiempo.
Se apartó de la encimera mientras ella seguía cortando, lavándose las manos una vez más, tratando de no distraerla para finalmente acercarse a una de las esquinas de la sala. De la misma, tomó una redecilla para el pelo humana, cortando dos trozos de donde esperaba, de haber hecho correctamente el hueco, poder hacer entrar las orejas a la de cabello cenizo. Se acercó por la espalda, estirando la tela mientras caminaba hasta tener un tamaño ideal.
—Discúlpame un momento.
A pesar de su ritmo silencioso, esperaba mostrar clara sus intenciones frente a sus ojos, pues apenas terminó de pronunciar aquellas palabras, acercó la redecilla hasta el pelo contrario, colocando la misma desde la nuca para recoger la larga coleta cuidadosamente, enredándola en un moño tal y como había hecho con el suyo propio, para luego terminar de cubrir su cabeza intentando respetar sus orejas sin tocarlas directamente. Esperaba, al menos, que hubiese detenido momentáneamente el movimiento del cuchillo para no entorpecerla.
—Si vamos a contar cada segundo, es preferible que sea yo quién pierda el tiempo lavándome las manos.—Y de nuevo, si no tenía ninguna objeción que hacer, volvería a colocarse manos a la obra, acercándose una vez más a lavarse las manos para, una vez más, continuar preparando los ingredientes.
A cada momento, se veía más sorprendido por la preparación de Nyra. Había dejado legumbres bajo el agua el día anterior, incluso cuando sabía que ese día no sería su turno de cocina. Para Kael, aquello escapaba a su conocimiento culinario, y de no ser por la misma Humink, se habrían quedado sin usar para la comida de hoy.
—Eres de gran ayuda, gracias. Agradezco que te tomes el tiempo para esto; tienes mejor mano para la cocina que yo.—Tomó entonces uno de los recipientes con garbanzos, llevándolos cerca de las ollas que comenzaban a hervir.—¿Aprovechas el líquido de los garbanzos, o lo desechamos?
Desconoce siquiera si eso se realiza, pero sabe al menos que en la pasta algunos cocineros mantienen el agua de cocción, y quiere asegurarse si este agua tiene algún tipo de uso antes de cometer un error.
Todo parecía avanzar a buen ritmo, hasta que el sonido del silbato de entrenamiento daba el aviso de finalización. Los marines empezarían a converger en el comedor, y la comida, apenas comenzando a calentar en la olla, aún tenía que reposar el tiempo suficiente como para tomar el sabor en el líquido. Tienen el tiempo muy justo, el descuento conseguido por la necesidad de asearse antes de asistir a la comida.
—Patatas, legumbres, tomate, zanahoria y pollo. Esa era la idea del potaje, y no creo que podamos enredarnos mucho más.
La comida ahora solo debe hacerse, pero aún así, los suelos siguen teniendo que fregarse, y por la falta de ritmo, junto con el tiempo perdido por ayudar al humano, ahora sí tienen que ponerse las pilas.
—Ven, vamos a fregar el comedor. La cocina tendrá que esperar hasta después de comer.—Ella ya había hecho suficiente con su tarea adicional, por lo que no iba a cargarla con limpiar después de todo.—Yo me encargaré después.
Si se daban prisa, podrían tener el suelo seco antes de la llegada del cuerpo de Marines, dejándolo impoluto para la vista de los superiores.
—Con suerte, podremos no recibir ninguna queja del Sargento Mayson ni del Comodoro Drevan. Ese hombre no te traerá buenas noticias en ninguna ocasión.
—Oh, así que comió tres platos. Tal y como mencionas está claro que era novato, sin duda. Más de un comodoro pondría el grito al cielo si se enterase de eso. Cada raza tiene un plato a medida para su estómago, y ese es el que tienen acceso a comer.—Por supuesto, no sería él quién preguntaría lo obvio. Si había sido ella quién lo sirvió, entonces el buccaner no sería el único en asumir las consecuencias, y él no quería involucrarse en posibles problemas.—Tienes toda la razón en cuanto a las verduras, pero quería asegurarme de tener listas las patatas antes de continuar con ningún otro ingrediente. Lo tendré en cuenta para la siguiente ocasión.
No es que no estuviese de acuerdo, pero sus palabras callaban su idea de querer centrar su mente en aprender a pelar correctamente las patatas en lugar de distraerse con las siguientes verduras.
La habilidad con el cuchillo de aquella vulpina fue sin duda algo que elogiar. Para él, cortar ese pollo era lo último que esperaba hacer, la tarea más complicada que se le había presentado, y que seguramente terminaría dejando un hueso en la olla si de él hubiese dependido. Ahora que ella había no solo tomado el control, sino además preparado a la perfección aquellos pedazos de carne, sentía como un peso que hasta ese momento no había sentido se esfumaba de sus hombros.
Durante unos segundos, escuchó con atención las indicaciones de la morena con el cuchillo en mano, tratando de recordar cada paso, pero tras unos instantes, comprobó que ella había omitido un detalle importante debido a la presión de esa nueva actividad. Estaba dejando su tarea de lado para ayudarle, e incluso esta ya iba a contrarreloj por lo poco que había conseguido avanzar en todo ese tiempo.
Se apartó de la encimera mientras ella seguía cortando, lavándose las manos una vez más, tratando de no distraerla para finalmente acercarse a una de las esquinas de la sala. De la misma, tomó una redecilla para el pelo humana, cortando dos trozos de donde esperaba, de haber hecho correctamente el hueco, poder hacer entrar las orejas a la de cabello cenizo. Se acercó por la espalda, estirando la tela mientras caminaba hasta tener un tamaño ideal.
—Discúlpame un momento.
A pesar de su ritmo silencioso, esperaba mostrar clara sus intenciones frente a sus ojos, pues apenas terminó de pronunciar aquellas palabras, acercó la redecilla hasta el pelo contrario, colocando la misma desde la nuca para recoger la larga coleta cuidadosamente, enredándola en un moño tal y como había hecho con el suyo propio, para luego terminar de cubrir su cabeza intentando respetar sus orejas sin tocarlas directamente. Esperaba, al menos, que hubiese detenido momentáneamente el movimiento del cuchillo para no entorpecerla.
—Si vamos a contar cada segundo, es preferible que sea yo quién pierda el tiempo lavándome las manos.—Y de nuevo, si no tenía ninguna objeción que hacer, volvería a colocarse manos a la obra, acercándose una vez más a lavarse las manos para, una vez más, continuar preparando los ingredientes.
A cada momento, se veía más sorprendido por la preparación de Nyra. Había dejado legumbres bajo el agua el día anterior, incluso cuando sabía que ese día no sería su turno de cocina. Para Kael, aquello escapaba a su conocimiento culinario, y de no ser por la misma Humink, se habrían quedado sin usar para la comida de hoy.
—Eres de gran ayuda, gracias. Agradezco que te tomes el tiempo para esto; tienes mejor mano para la cocina que yo.—Tomó entonces uno de los recipientes con garbanzos, llevándolos cerca de las ollas que comenzaban a hervir.—¿Aprovechas el líquido de los garbanzos, o lo desechamos?
Desconoce siquiera si eso se realiza, pero sabe al menos que en la pasta algunos cocineros mantienen el agua de cocción, y quiere asegurarse si este agua tiene algún tipo de uso antes de cometer un error.
Todo parecía avanzar a buen ritmo, hasta que el sonido del silbato de entrenamiento daba el aviso de finalización. Los marines empezarían a converger en el comedor, y la comida, apenas comenzando a calentar en la olla, aún tenía que reposar el tiempo suficiente como para tomar el sabor en el líquido. Tienen el tiempo muy justo, el descuento conseguido por la necesidad de asearse antes de asistir a la comida.
—Patatas, legumbres, tomate, zanahoria y pollo. Esa era la idea del potaje, y no creo que podamos enredarnos mucho más.
La comida ahora solo debe hacerse, pero aún así, los suelos siguen teniendo que fregarse, y por la falta de ritmo, junto con el tiempo perdido por ayudar al humano, ahora sí tienen que ponerse las pilas.
—Ven, vamos a fregar el comedor. La cocina tendrá que esperar hasta después de comer.—Ella ya había hecho suficiente con su tarea adicional, por lo que no iba a cargarla con limpiar después de todo.—Yo me encargaré después.
Si se daban prisa, podrían tener el suelo seco antes de la llegada del cuerpo de Marines, dejándolo impoluto para la vista de los superiores.
—Con suerte, podremos no recibir ninguna queja del Sargento Mayson ni del Comodoro Drevan. Ese hombre no te traerá buenas noticias en ninguna ocasión.
