[EVENTO LOCAL - MUSHOKU] Una jauría de perros III - Terror Alado
#2
Interior de Calavera Haibu — Sala de la Nariz


[Imagen: uBN5fJG.png]


Ugama había caído.
Esas eran las palabras de los que llegaron los primeros a la Calavera Haibu, temblorosos y aterrados de trasladar esta noticia.
Mi único ojo los observaba desde mi posición, el trono caoba de la sala, haciendo que me levantara y caminase los pocos pasos que me separaban de la gran mesa del lugar. Esa era una afirmación demasiado contundente como para que se atrevieran a mentirme. Mi segundo al mando ¿muerto? Me costaba creer que alguien hubiera podido derrotar tan fácilmente a Ugama, y menos aun los pimpinelas que se suponía que estaban atacando la isla. Terminé la jarra de grog y la dejé sobre la mesa, sin exabruptos ni exageraciones. Arrugué la frente cuando, al dejarla sobre la mesa, vi los carteles de aquellos cinco hombres, agarrándolos con la mano y revisándolos de uno en uno.
[Imagen: 0xexBRf.png]
Ciento cincuenta millones de berries, ciento cincuenta y dos millones quinientos mil berries, trescientos cincuenta millones de berres, cuatrocientos millones de berries y seiscientos millones de berries. Ese tenía que ser el capitán, Ashura... y hacía aun más irónica la situación porque Ugama valía lo mismo que ese tipo. Conociéndole, debería haber aplastado a ese quinteto con facilidad. No comprendía como alguien... 'normal' había podido acabar con él — Marchaos — dije imperante, rebotando mi voz en las cámaras de mi estancia en aquel castillo calavera tallado en la piedra, siendo obedecido al instante y en silencio, saliendo ambos hombres de la habitación y dejándome sólo observando aquellos carteles.
Se oían cañonazos y gritos en la lejanía, como si las tropas más mundanas de Hachinosu hubiesen salido a intentar lograr lo que Ugama no había podido antes, quizá buscando acabar con los heridos y mal gastados visitantes y escalar el puesto que acababa de quedar vacante. Ilusos.
Planeaba ni inmiscuirme en esto creyendo que mi propio lugarteniente de más confianza iba a ser capaz de terminar con el problema, pero con su muerte, esto ahora era un tema personal.

Volví a mirar los wanteds observando con dedicación sus rostros, memorizándolos, clavando en mis retinas las cinco almas que tenía que segar... y tras unos segundos, los guardé en el bolsillo de mi chaqueta, girándome y recogiendo junto a mi sillón, el gran trono caoba que gobernaba en el extremo de la mesa de aquella sala, mis dos mejores acompañantes en la batalla, Kurozansai y Kōkaku, poniendo uno en la cadera derecha y otro a mi espalda respectivamente. A continuación pasé hacia la espalda de aquel trono, al inmenso ventanal redondo que había en él, que era la nariz de aquella calavera, y lo abrí de par en par para después precipitarme al vacío.

~ Unos minutos después ~



Desgarradores graznidos y gritos retumbaban en Hachinosu, mi tierra, proclamando la llegada de su rey al campo de batalla.
— Pronto-uhm — dije mientras sobrevolaba la isla observando que el foco del conflicto se estaba desarrollando en Rocky Port. Ugama no les había dejado ni salir del puerto. Iba a echar de menos su fuerza.
Con la primera pasada por encima de donde estaban la sombra que se proyectaba de mi vuelo hizo que los presentes huyeran conocedores de que estar ahí podría suponer su muerte en cuanto estuviera en tierra. El polvo se levantaba con cada aleteo y preparaba una cortina perfecta para entrar en escena, dramática y épicamente, pues las derrotas comienzan con la aparición de una fuerza mayor.
Tras descender y posarse en el suelo, estando completamente cubiertos por el polvo que se disipaba lentamente, Raida estiró una vez más sus alas de lado a lado para sacudir aquella tormenta y eliminarla, antes de plegarlas y agacharse levemente. Yo, agarré los wanteds de aquellos tipos y los saqué de mi bolsillo mientras el polvo se disipaba y nos revelaba a ambos, pudiendo por mi parte verlos también a ellos, expandiendo mi Kenbunshoku con fluidez.

Sólo tres. Ashura, Quetzalli el enmascarado en una forma cuadrúpeda, y una pulga que debía de ser el tal Korg. No había ni rastro del chico negro o del hombre feo de pelo blanco, pero ahí estaba Ugama tendido en el suelo, sin vida.
Lancé los wanteds al aire y estos se dispersaron cayendo como hojas en otoño — Dos a uno-uhm — dije, siendo mi voz lo único que resonaba en el lugar, desmontando a Raida y cayendo sobre mis pies con fuerza al lado del animal — Voy ganando — y me quedé mirándoles desde ahí, palmeando con mi mano derecha el cuello emplumado de Raida y dándole unas palabras a su oído que sólo escucharía ella.

Raida era un ave Fuza colosal. Más grande, más fuerte y mucho más agresiva que un ave Fuza normal y corriente. Estas criaturas originarias de Birka no eran fáciles de encontrar, y mucho menos de cazar. Pero domesticarlas... eso era algo que sólo las verdaderas fuerzas de la naturaleza podían hacer. La criatura medía siete metros de alto estando agachada, y diez si se estiraba, seis metros de ancho con las alas plegadas, y treinta de ala a ala. Del pico a la cola medía veinte metros que estaban distribuidos de la siguiente manera: Su cabeza eran cuatro metros, su cuello otros seis, su cuerpo ocho y su cola dos. Cada uno de los dedos de sus garras medía lo mismo que el brazo de un humano de unos tres metros de alto, y sus garras particularmente eran más largas que una katana promedio.
Su pico era una conjunción ósea con el resto de su cráneo, donde no tenía nada de piel, y parecía una armadura predispuesta. Su emplumado cuello rojo gritaba soberanía por todas partes y casaba con las pequeñas puntas rojizas de la cola del animal, que diferenciaban el púrpura cenizo de su plumaje general. Era una bestia magnífica, una montura poderosa y rauda, y un compañero de guerra excepcional.

Avanzancé caminando despacio, con la mano derecha apoyada sobre el pomo de la enorme nodachi que llegaba colgada a la cintura, para que esta estuviera en posición horizontal y no se arañase contra el suelo.
Podía sentirlos, no eran más fuertes que yo, ni por asomo. De hecho me sorprendía que sólo aquel oni enano y la pulga que danzaba por ahí eran de una fuerza comparable a Ugama. Quizá ese dos contra uno había sido su perdición, pero había conseguido matar a dos de sus miembros en el camino. Era un gran lugarteniente.
Terminé de caminar hasta estar delante de Raida, quien a mi posición y al dejar de moverme, extendió sus alas de par en par y graznó al aire desgarrando con su chillido el cielo mismo, estirando el cuello hacia el cielo y dando una imagen potente a mi presentación. Me llevé la mano izquierda a las trenzas del bigote y las mesé con suavidad — Uhm — dudé por unos segundos — ¿Quién es Ashura? — dije acariciando ahora la trenza de mi barba mirándoles de uno en uno con total indiferencia. Sabía perfectamente quien era, lo acababa de ver, pero quería dejar claro que no era nada para mi y que ni tan siquiera lo tenía en consideración. La pregunta fue sencilla y sucedió después del final del grito de mi montura, tras el cual se agitó un poco e incorporó reposicionándose y estirando sus alas paralelas al suelo, listo para comenzar con nuestra caza de hoy.
— Si estás dispuesto a morir, quizá seas digno de pelear conmigo — pronuncié mientras me preparaba para enfrentarlos, clavando mi único ojo en el tipo con la mayor recompensa.




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RE: [EVENTO LOCAL - MUSHOKU] Una jauría de perros III - Terror Alado - por Shinju Kagayaku - 26-01-2026, 06:46 PM

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