23-01-2026, 11:57 PM
Los golpes combinados de Moja y Kibai lograron acertar de lleno en el enorme simio, haciendo que el Gigantopithecus rugiera con una furia que sacudó el claro entero. La criatura dio varios pasos torpes, arrancando raíces y quebrando el suelo bajo su peso, pero lejos de caer, se irguió con una violencia renovada. Sus ojos se clavaron entonces en Moja, brillando con una ira casi consciente.
Con un bramido ensordecedor, el mono gigante se lanzó contra él y descargó dos puñetazos consecutivos, uno con cada brazo, ambos potenciados por una técnica que concentraba su fuerza en los impactos. El aire estalló alrededor de sus puños, creando una onda de presión capaz de pulverizar troncos. Pero esta vez Moja lo vio venir. Su cuerpo reaccionó antes incluso de que su mente terminara de procesarlo. Haciendo uso de su velocidad felina, giró sobre sí mismo, deslizándose fuera de la trayectoria del primer golpe, y se impulsó con un salto bajo y preciso para esquivar el segundo por escasos centímetros. El suelo explotó donde había estado un instante antes, dejando un cráter humeante.
El Gigantopithecus, dio un poderoso salto hacia atrás para ganar espacio, levantando una nube de polvo y hojas. Fue entonces cuando Moja, aún en movimiento, captó algo por el rabillo del ojo. Kibai había alzado su espada. Con un movimiento limpio y preciso, ejecutó su técnica y, además, canalizando el poder de su Akuma no Mi surgieron dos enjambres de avispas, formados por energía y voluntad, que salieron disparados hacia el coloso, zumbando con furia mientras buscaban clavarse en su objetivo desde distintos ángulos.
Moja no dejó pasar la oportunidad. Creó ocho flechas vectoriales que aparecieron a su alrededor y las lanzó contra el mono gigante, sincronizando el ataque con los enjambres de Kibai. Mientras las flechas surcaban el aire, Moja se desplazó con rapidez hacia el costado del Gigantopithecus y descargó un puñetazo certero con su guante de combate, golpeando con precisión antes de que la criatura pudiera reaccionar. En el mismo instante, Moja dio un salto hacia atrás, alejándose con agilidad y regresando a su posición inicial. Antes de romper por completo la distancia, lanzó un nuevo ataque con sus flechas vectoriales, obligando al simio a mantenerse a la defensiva, atrapado entre impactos y distracciones constantes.
Cuando Moja volvió a su lugar, Kibai apareció a su lado casi sin hacer ruido, como si ambos compartieran el mismo ritmo de combate. Moja extendió ligeramente la mano y atrajo de nuevo sus flechas vectoriales, que regresaron hacia él obedientes, quedándose flotando en el aire, girando lentamente a su alrededor como un arsenal silencioso, listo para ser usado de nuevo. Frente a ellos, el Gigantopithecus seguía en pie, herido y enfurecido, consciente ahora de que no luchaba contra un solo enemigo, sino contra dos combatientes perfectamente sincronizados, capaces de presionar sin darle un solo respiro.
Con un bramido ensordecedor, el mono gigante se lanzó contra él y descargó dos puñetazos consecutivos, uno con cada brazo, ambos potenciados por una técnica que concentraba su fuerza en los impactos. El aire estalló alrededor de sus puños, creando una onda de presión capaz de pulverizar troncos. Pero esta vez Moja lo vio venir. Su cuerpo reaccionó antes incluso de que su mente terminara de procesarlo. Haciendo uso de su velocidad felina, giró sobre sí mismo, deslizándose fuera de la trayectoria del primer golpe, y se impulsó con un salto bajo y preciso para esquivar el segundo por escasos centímetros. El suelo explotó donde había estado un instante antes, dejando un cráter humeante.
El Gigantopithecus, dio un poderoso salto hacia atrás para ganar espacio, levantando una nube de polvo y hojas. Fue entonces cuando Moja, aún en movimiento, captó algo por el rabillo del ojo. Kibai había alzado su espada. Con un movimiento limpio y preciso, ejecutó su técnica y, además, canalizando el poder de su Akuma no Mi surgieron dos enjambres de avispas, formados por energía y voluntad, que salieron disparados hacia el coloso, zumbando con furia mientras buscaban clavarse en su objetivo desde distintos ángulos.
Moja no dejó pasar la oportunidad. Creó ocho flechas vectoriales que aparecieron a su alrededor y las lanzó contra el mono gigante, sincronizando el ataque con los enjambres de Kibai. Mientras las flechas surcaban el aire, Moja se desplazó con rapidez hacia el costado del Gigantopithecus y descargó un puñetazo certero con su guante de combate, golpeando con precisión antes de que la criatura pudiera reaccionar. En el mismo instante, Moja dio un salto hacia atrás, alejándose con agilidad y regresando a su posición inicial. Antes de romper por completo la distancia, lanzó un nuevo ataque con sus flechas vectoriales, obligando al simio a mantenerse a la defensiva, atrapado entre impactos y distracciones constantes.
Cuando Moja volvió a su lugar, Kibai apareció a su lado casi sin hacer ruido, como si ambos compartieran el mismo ritmo de combate. Moja extendió ligeramente la mano y atrajo de nuevo sus flechas vectoriales, que regresaron hacia él obedientes, quedándose flotando en el aire, girando lentamente a su alrededor como un arsenal silencioso, listo para ser usado de nuevo. Frente a ellos, el Gigantopithecus seguía en pie, herido y enfurecido, consciente ahora de que no luchaba contra un solo enemigo, sino contra dos combatientes perfectamente sincronizados, capaces de presionar sin darle un solo respiro.
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