23-01-2026, 01:42 AM
La imprevisible actuación se transforma en una función conjunta: un teatro inesperado que cobra vida en el interior de la ya no tan monótona taberna, envolviendo a los presentes: presunto culpable y presunta inocente; la turba; el dueño del establecimiento; y la irrupción de un atractivo personaje que eleva la voz hasta reclamar la atención de los espectadores.
“Marine”, menciona, y la esperanza burbujea en aquellos que se regocijan al comprender que la trama ha dado un giro inesperado. ¡La justicia encarnada! Envuelta en el dulzor de una sonrisa que consigue despertar el interés de cierta morena desalmada. ¿El ligero trastabilleo no es indicio de alcohol en sangre? Los héroes tienden a olvidar que no existe descanso verdadero para aquellos que llevan el deseo de proteger en las venas. ¡Se hará cargo! Incluso piensa pagar el consumo del hombre embaucado y de la falaz mujer. No hace falta que se entere de dichos detalles. Runin bebe de su copa utilizando la mano disponible, mentalmente lanza un brindis hacia el apuesto caballero de blanca armadura.
¿Se retira? No. Ninguno de los dos lo hace. Incluso el desconocido marine siente el impulso de acercarse a ella, dando por finalizado el acto teatral. Paga la cuenta, y algo en Runin se remueve: hace hasta lo imposible para no reírse a carcajadas, incluso bebe un sorbo más de su copa y, mientras tanto, perfila con la mirada la anatomía ajena. Es alto en estándares normativos, de rostro agraciado y lo suficientemente fornido para resultar atractivo sin llegar a incomodar.
Las personas comienzan a dispersarse; la atención se concentra en la vida de cada quién. De todos, menos de ellos. Porque ahora los orbes color chocolate se cruzan con un celeste profundo que le invita a naufragar en ellos. ¿No es osado al acercarse sin contemplación aparente? La justicia tiene más de un matiz, al parecer. Imposible fingir delicadeza cuando la comisura de los labios se eleva y aquella voz resuena en las paredes de su mente. La fémina siente necesidad de entretenerse.

—Mucho más tranquila, ahora que mi héroe está junto a mí.
Parpadea, esforzándose por reflejar curiosidad y ternura, aunque es consciente de que su voz delata una melosidad inevitable: una sugerencia implícita que invita a otros a acercarse más de lo debido. —Runin Kitay. —Saluda con simpleza esperando algún tipo de acercamiento típico mas la mano de él no se extiende y la propia no tiende a buscar sino a ser encontrada. —Solo dime “Runin”. ¿Puedo llamarte Shin, salvador de blanca armadura?
Las bromas son parte innata del carácter de la amazona, al menos en primera instancia, lejos de la necesidad de mostrar la típica violencia que absorbe todo cuanto esté a su alcance. El vaso con agua es dejado sobre el mesón, de esa manera puede observar mejor a aquel que hace gala de su humanidad. La mejilla derecha ha quedado húmeda, no hace ademán de limpiarla.
—No me gustaría que me veas como alguien atrevida o aprovechada. —Sonríe con ligereza, parece pensarlo un momento. —¿Te gustaría compartir un cuenco de sopa de champiñones? Dicen que vienen bien con el pan, y que sabe mejor cuando se sirve para dos. —Mueve la pequeña cesta para que quede en medio de ambos, un tributo a su buena voluntad aunque Shin ha pagado todo en un principio.
Inmediatamente su cuerpo se gira un poco, lo suficiente para continuar sintiéndose cómoda, lo necesario para poder verlo en su totalidad. Cruza las piernas una sobre otra porque un golpe en la mejilla y el escándalo provocado no pueden arrebatar ni su seguridad, ni su ego, peor aún el deseo de verse continuamente atractiva. ¿Es su impresión o el albino juega con la misma moneda que ella? Con esa fibra interna de egocentrismo que tratan de diluír tras otras facetas con la finalidad de engañar a los demás.
El rostro se inclina, solo un poco, y ahora es ella quien se acerca, solo un poco, lo suficiente como para intentar decir algo que solo les compete a los dos.

—Por cierto, cariño, ¿Es normal arrestar personas en estado de ebriedad o he malinterpretado algo?
La máscara termina por caerse cuando el deseo de reír un poco se hace presente, aún así no parece realmente culpable, sigue siendo curiosa porque lo es, tampoco lo juzga. El brillo en la mirada de la amazona inspira a desear pasar un momento ameno luego del torbellino que ella misma ha causado.
—No quiero que aquel hombre después tome alguna represalia contra ti utilizando eso como motivo. —Se excusa y la comisura de los labios se eleva, miente, lo hace bien, lo hace con costumbre y encanto, apesta a sinceridad. Es lo peor. Relame parte de su labio inferior. —Tranquilo, oficial, si me toca testificar, diré que solo estabas en el lugar correcto y en el momento oportuno… para mi. —Una risita brota y el ambiente parece menos tenso que antes. —Gracias, Shin.
