22-01-2026, 09:58 PM
Nuestros cuerpos cayeron desde 38 metros de altura. El viento sonó en mis orejas como un murmullo apagado, elevando mis pelos en la caída. El humo se perdió mientras descendía, dando paso a mis piernas mortales.
Caí primero.
Después Rapax.
Su cuerpo sonó roncó contra la tierra agrietada que su poder había dejado tras nuestro enfrentamiento.
- ¿QUÉ TE IBAS A COMER A QUIÉN? Hijo de puta. Nadie puede con mi churrita ¿me entiendes? - Nicolás estaba eufórico, juraría que le notaba la respiración agitada, como si estuviera cansado.
Espera… Ese era yo.
Rebusque entre mis ropajes hasta que dí con un trozo de carne curtida de la despensa del niebla. Era dura y áspera al tacto, tenía pelos del gorrino que había servido como incubadora de la comida. Me la metí en la boca con mi mano libre mientras caminaba un par de metros hacia mi espada “La Daña Almirantes”, que había caído junto a nosotros, a un metro del cuerpo de Rapax
- Si, lo sé - Le susurré, mientras la enfudaba y seguía mascando aquella carne del demonio. El arma estaba enfadada porque la había dejado caer, pero el cerdo curtido estaba rancio y bueno, no sabría explicarlo, una vez lo destroce con mi mandíbula tragué y sentí como mi estómago agradecía el bocado. Fue entonces cuando me giré, mi vista estaba un poco nublada, pero se enfocó en Rapax.
Su cuerpo yacía sin vida, sesgado por severos cortes, su cara ensangrentada, su torso chorreaba sangre y sus piernas también estaban completamente amoratados.
- ¿Sabes? - Dije mientras me acercaba a él y sacaba un kit de primeros auxilios para empezar a curarme - Yo nunca había querido esto - Saqué las vendas y me dejé caer a su lado sobre las rodillas. Deje mi espada “La hoja del luto” junto a nosotros y con ambas manos libres empecé a untar las vendas con un ungüento, debería reducir la hinchazón de los dos golpes que me había soltado mientras ascendía - Siempre quise que destruyeras el mundo para mi - le miraba sentado sobre mis rodillas, mientras mi mano derecha rodeaba completamente con vendas mi antebrazo izquierdo - Siempre quise, que esa rabia acumulada la enfocaras contra el mundo… - Suspiré mientras apretaba con fuerza la venda y sentía el alivio que me producía - Yo no soy el enemigo… Soy una víctima - proseguí tras asegurarme de que el vendaje había quedado bien fijado y pasaba a hacer lo mismo con el otro antebrazo - Yo también soy un cachorro de este mundo. Yo también fui hijo… También pude ser padre - Elevé mi mirada al cielo aguantando las lagrimas y apretando los dientes - Soy una consecuencia, Rapax… Una consecuencia del odio. Yo estoy destinado a equilibrar las cosas. Mi destino es reinar este mundo y hacer a todo sus seres sufran una vida miserable. Convertir esta tierra en un infierno para todos, dónde todos sufran como hemos sufrido nosotros. Solo así… Solo así todos seremos iguales - Apreté con fuerza el vendaje del antebrazo, casi tanto que por un momento dolió más que curó mientras bajaba la mirada para volver a ver su cuerpo sin vida - Al final esta ha sido tu elección, ¿no? Tú decidiste seguir a Eaa hasta esa isla desierta. Fuiste tú quien mató a Zarek. Fuiste tú quien se obligó a sí mismo a pagar por la vida que había arrebatado. Fuiste tú quien me ayudó a destruir aquella base de la marine. Fuiste tú quién me atacó. Yo solo soy la consecuencia de tus elecciones - Apoyé mi mano libre sobre su espalda y giré su cuerpo sin vida por completo - Conquistaras esta isla - dije mientras quitaba su guante derecho de sus manos inertes - Quieras o no - después le quité el izquierdo. Convertí ambas manos en humo y lo introduje en los guantes, que chirriaron cuando mis manos volvieron a tomar su forma, pues eran más grandes que las suyas, los cueros se expandieron y se hicieron más grandes y los pliegues entre los metales que lo conformaban se esparcieron dejando más espacio. Cuando a él le cubrían el antebrazo entero, a mi me subían hasta un poco por encima de las muñecas. Moví las muñecas y los guantes cedieron, permitiendo moverse con naturalidad a las mismas - No puedo devolverte la vida, pero si puedo defender la de tus compañeros - Ahora con sus guantes enfundados, rebusque sobre su cuerpo sin vida, manchando con su sangre el azul de sus guantes, que sobre los lugares que se mojaron se tornaron de un color violeta oscuro. Saqué todo lo que tenía de valor, el dinero, otros botiquines y algún que otro comestible parecido al que me había comido que llevaba encima. Una vez terminé de saquearle me levanté.
Utilicé uno de los botiquines que le acababa de sustraer para empezar a vendarme también toda la zona lumbar, recubriendo mis abdominales en el efecto, sujetando bien el lugar donde me había pegado el primer golpe traicionero. Y con Rapax a mi espalda levanté la vista hacia la ciudad que me esperaba. Extendí mi haki 150 metros, sentí a Quetzalli y Korg, parecían bien, la otra aura había desaparecido. Habían ganado.
Caí primero.
Después Rapax.
Su cuerpo sonó roncó contra la tierra agrietada que su poder había dejado tras nuestro enfrentamiento.
- ¿QUÉ TE IBAS A COMER A QUIÉN? Hijo de puta. Nadie puede con mi churrita ¿me entiendes? - Nicolás estaba eufórico, juraría que le notaba la respiración agitada, como si estuviera cansado.
Espera… Ese era yo.
Rebusque entre mis ropajes hasta que dí con un trozo de carne curtida de la despensa del niebla. Era dura y áspera al tacto, tenía pelos del gorrino que había servido como incubadora de la comida. Me la metí en la boca con mi mano libre mientras caminaba un par de metros hacia mi espada “La Daña Almirantes”, que había caído junto a nosotros, a un metro del cuerpo de Rapax
- Si, lo sé - Le susurré, mientras la enfudaba y seguía mascando aquella carne del demonio. El arma estaba enfadada porque la había dejado caer, pero el cerdo curtido estaba rancio y bueno, no sabría explicarlo, una vez lo destroce con mi mandíbula tragué y sentí como mi estómago agradecía el bocado. Fue entonces cuando me giré, mi vista estaba un poco nublada, pero se enfocó en Rapax.
Su cuerpo yacía sin vida, sesgado por severos cortes, su cara ensangrentada, su torso chorreaba sangre y sus piernas también estaban completamente amoratados.
- ¿Sabes? - Dije mientras me acercaba a él y sacaba un kit de primeros auxilios para empezar a curarme - Yo nunca había querido esto - Saqué las vendas y me dejé caer a su lado sobre las rodillas. Deje mi espada “La hoja del luto” junto a nosotros y con ambas manos libres empecé a untar las vendas con un ungüento, debería reducir la hinchazón de los dos golpes que me había soltado mientras ascendía - Siempre quise que destruyeras el mundo para mi - le miraba sentado sobre mis rodillas, mientras mi mano derecha rodeaba completamente con vendas mi antebrazo izquierdo - Siempre quise, que esa rabia acumulada la enfocaras contra el mundo… - Suspiré mientras apretaba con fuerza la venda y sentía el alivio que me producía - Yo no soy el enemigo… Soy una víctima - proseguí tras asegurarme de que el vendaje había quedado bien fijado y pasaba a hacer lo mismo con el otro antebrazo - Yo también soy un cachorro de este mundo. Yo también fui hijo… También pude ser padre - Elevé mi mirada al cielo aguantando las lagrimas y apretando los dientes - Soy una consecuencia, Rapax… Una consecuencia del odio. Yo estoy destinado a equilibrar las cosas. Mi destino es reinar este mundo y hacer a todo sus seres sufran una vida miserable. Convertir esta tierra en un infierno para todos, dónde todos sufran como hemos sufrido nosotros. Solo así… Solo así todos seremos iguales - Apreté con fuerza el vendaje del antebrazo, casi tanto que por un momento dolió más que curó mientras bajaba la mirada para volver a ver su cuerpo sin vida - Al final esta ha sido tu elección, ¿no? Tú decidiste seguir a Eaa hasta esa isla desierta. Fuiste tú quien mató a Zarek. Fuiste tú quien se obligó a sí mismo a pagar por la vida que había arrebatado. Fuiste tú quien me ayudó a destruir aquella base de la marine. Fuiste tú quién me atacó. Yo solo soy la consecuencia de tus elecciones - Apoyé mi mano libre sobre su espalda y giré su cuerpo sin vida por completo - Conquistaras esta isla - dije mientras quitaba su guante derecho de sus manos inertes - Quieras o no - después le quité el izquierdo. Convertí ambas manos en humo y lo introduje en los guantes, que chirriaron cuando mis manos volvieron a tomar su forma, pues eran más grandes que las suyas, los cueros se expandieron y se hicieron más grandes y los pliegues entre los metales que lo conformaban se esparcieron dejando más espacio. Cuando a él le cubrían el antebrazo entero, a mi me subían hasta un poco por encima de las muñecas. Moví las muñecas y los guantes cedieron, permitiendo moverse con naturalidad a las mismas - No puedo devolverte la vida, pero si puedo defender la de tus compañeros - Ahora con sus guantes enfundados, rebusque sobre su cuerpo sin vida, manchando con su sangre el azul de sus guantes, que sobre los lugares que se mojaron se tornaron de un color violeta oscuro. Saqué todo lo que tenía de valor, el dinero, otros botiquines y algún que otro comestible parecido al que me había comido que llevaba encima. Una vez terminé de saquearle me levanté.
Utilicé uno de los botiquines que le acababa de sustraer para empezar a vendarme también toda la zona lumbar, recubriendo mis abdominales en el efecto, sujetando bien el lugar donde me había pegado el primer golpe traicionero. Y con Rapax a mi espalda levanté la vista hacia la ciudad que me esperaba. Extendí mi haki 150 metros, sentí a Quetzalli y Korg, parecían bien, la otra aura había desaparecido. Habían ganado.
- Observa desde el cielo cómo convierto la tierra en un infierno-gin -
Me despedí de mi tripulante y empecé a caminar hacia mi destino.
resumen
ROBO, CURACIÓN Y RECUPERACIONES
revisión de inventario
![[Imagen: 51pnN8x.png]](https://imgur.com/51pnN8x.png)
