20-01-2026, 03:04 PM
Aunque el animal prehistórico poseía reflejos formidables, lamentablemente no tenía ojos en la espalda, y el doble corte propinado por Kibai no fue en absoluto insignificante. La criatura lanzó un rugido de dolor al sentir el filo de las hojas del mink desgarrando su piel en un ataque ejecutado por sorpresa, preciso y calculado. El golpe no solo hirió su cuerpo, sino que quebró por un instante la seguridad con la que dominaba el terreno.
Intentó girarse de inmediato para responder, pero no llegó a completar el movimiento. Un enjambre de insectos surgió del mismo mink que lo había atacado y voló directo hacia su rostro, cubriéndolo en cuestión de segundos. Las picaduras se multiplicaron sin tregua, clavándose en ojos, hocico y zonas sensibles, provocando una reacción violenta y descontrolada. Para una criatura de su tamaño, acostumbrada a soportar embates físicos, aquel ataque resultó inesperadamente insoportable. Little Garden volvía a demostrar que incluso los gigantes podían caer en desventaja cuando el entorno mismo se volvía contra ellos.
Como si no bastaran los cortes ni las picaduras, ni siquiera la sensación creciente de ardor y entumecimiento que recorría su cuerpo, la criatura ancestral sintió de pronto una serie de impactos perforantes, breves pero precisos, que se hundieron en su carne antes de que pudiera reaccionar. Apenas tuvo tiempo de comprender el origen de aquella nueva agresión cuando un puñetazo se estrelló contra su torso. A pesar de su tamaño colosal y de la resistencia que lo había mantenido erguido hasta ese momento, la combinación de todas esas dolencias terminó pasándole factura. El aire abandonó sus pulmones en un solo golpe seco, y durante un instante peligroso el Gigantopithecus quedó privado de aliento, obligado a retroceder mientras su cuerpo luchaba por responder. Incluso aquí, donde los gigantes reinan, hay momentos en los que la fuerza bruta se ve superada por la acumulación de ataques bien ejecutados.
En un intento desesperado por librarse de los insectos que cubrían su rostro, el titán retrocedió un par de metros y, acto seguido, lanzó un puñetazo a toda velocidad. El golpe atravesó el aire con violencia, y su fuerza fue tal que acabó aplastando a cada una de las criaturas que se interponían, reduciéndolas a restos dispersos entre hojas y polvo. El gesto no solo fue una reacción instintiva, sino una demostración cruda de poder, una forma de recuperar espacio y control en medio del caos que lo rodeaba.
Libre ya del enjambre que le nublaba la vista, el animal no perdió un segundo más. Con un salto potente y preciso, acortó la distancia hasta quedar justo frente a Kibai, alzándose sobre él como una sombra colosal. Sin vacilar, cerró ambos puños y los descargó de forma simultánea, un golpe doble cargado con toda su masa y furia, buscando infligir el mayor daño posible al mink que lo había atacado desde el inicio. El aire se comprimió alrededor del impacto inminente, dejando claro que la criatura no pensaba contenerse ni conceder margen alguno a su adversario, aunque claramente el animal querria atacar a ambos no podria lograrlo, Moja estaba fuera de su radar por el momento y lo Kibai tenia toda su atención.
Intentó girarse de inmediato para responder, pero no llegó a completar el movimiento. Un enjambre de insectos surgió del mismo mink que lo había atacado y voló directo hacia su rostro, cubriéndolo en cuestión de segundos. Las picaduras se multiplicaron sin tregua, clavándose en ojos, hocico y zonas sensibles, provocando una reacción violenta y descontrolada. Para una criatura de su tamaño, acostumbrada a soportar embates físicos, aquel ataque resultó inesperadamente insoportable. Little Garden volvía a demostrar que incluso los gigantes podían caer en desventaja cuando el entorno mismo se volvía contra ellos.
Como si no bastaran los cortes ni las picaduras, ni siquiera la sensación creciente de ardor y entumecimiento que recorría su cuerpo, la criatura ancestral sintió de pronto una serie de impactos perforantes, breves pero precisos, que se hundieron en su carne antes de que pudiera reaccionar. Apenas tuvo tiempo de comprender el origen de aquella nueva agresión cuando un puñetazo se estrelló contra su torso. A pesar de su tamaño colosal y de la resistencia que lo había mantenido erguido hasta ese momento, la combinación de todas esas dolencias terminó pasándole factura. El aire abandonó sus pulmones en un solo golpe seco, y durante un instante peligroso el Gigantopithecus quedó privado de aliento, obligado a retroceder mientras su cuerpo luchaba por responder. Incluso aquí, donde los gigantes reinan, hay momentos en los que la fuerza bruta se ve superada por la acumulación de ataques bien ejecutados.
En un intento desesperado por librarse de los insectos que cubrían su rostro, el titán retrocedió un par de metros y, acto seguido, lanzó un puñetazo a toda velocidad. El golpe atravesó el aire con violencia, y su fuerza fue tal que acabó aplastando a cada una de las criaturas que se interponían, reduciéndolas a restos dispersos entre hojas y polvo. El gesto no solo fue una reacción instintiva, sino una demostración cruda de poder, una forma de recuperar espacio y control en medio del caos que lo rodeaba.
Libre ya del enjambre que le nublaba la vista, el animal no perdió un segundo más. Con un salto potente y preciso, acortó la distancia hasta quedar justo frente a Kibai, alzándose sobre él como una sombra colosal. Sin vacilar, cerró ambos puños y los descargó de forma simultánea, un golpe doble cargado con toda su masa y furia, buscando infligir el mayor daño posible al mink que lo había atacado desde el inicio. El aire se comprimió alrededor del impacto inminente, dejando claro que la criatura no pensaba contenerse ni conceder margen alguno a su adversario, aunque claramente el animal querria atacar a ambos no podria lograrlo, Moja estaba fuera de su radar por el momento y lo Kibai tenia toda su atención.
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![[Imagen: PKQ9XAI.png]](https://i.imgur.com/PKQ9XAI.png)