20-01-2026, 09:54 AM
Su mandíbula se tensaba, el placer que le estaba generando ascendía a la vez que trataba de introducir un segundo dedo, moverlo en el interior. La explosión de emociones todavía peleaba en su interior, unas que seguía sin comprender, todo estaba siendo demasiado confuso, demasiado intenso. No, eso ya no era solo el sexo, era algo más, algo desconocido, algo que le oprimía el pecho con una intensidad que no recordaba previamente. Era cálido, doloroso, agradable, punzante... todo tan contradictorio como único. ¿Qué diantres estaba siendo esa maldita sensación? Solo... lo quería junto a él, era el único que parecía darle semejantes sensaciones. No quería huir de él, no quería alejarse de él. Tenía la clara convicción de que si lo apartaba de su vida... No sería lo mismo. ¿Podría siquiera vivir sin él? Algo que nunca antes había pensado con nadie más, algo tan íntimo, demasiado profundo. ¿Cómo alguien como él había alcanzado a ser tan profundo? ¿A llenarlo tanto en su interior? No le encontraba explicación, no lo comprendía.
Sus dedos siguieron moviéndose, acelerándose, sus caderas se movían al ritmo que marcaban las manos ajenas, sus labios jugueteaban con sus botones, primero el de un pecho, luego el otro, procurando que ambos tuvieran la misma atención. Su mirada no se apartaba sin embargo del rostro ajeno. No había pedido nunca tener sexo sin protección con nadie y la primera vez fue con él... Maldición... Ahora solo lo deseaba de vuelta, tenerlo, poseerlo, marcarlo como suyo. Sí... Tezca era suyo. El recuerdo de la llegada aquella primera noche de los eventos lo volvió a cegar, mordiendo su pecho con firmeza, dejando una nueva marca de sus dientes en el mismo. No iba a permitir que nadie más lo poseyera, no de nuevo.
No podía aguantarlo más, y más ante la confirmación del contrario. Retiró sus dedos con cierta urgencia, apartando sus manos, ahora sosteniendo las piernas por debajo de sus rodillas, elevando el cuerpo ajeno. El sudor recorría su frente, sus ojos cargados de emociones que ni él comprendía solo lo observaban desde su posición. Maldita sea... ¿cómo era posible ver semejante belleza y obra de arte frente a sus ojos? Sus temblores ahora no eran debidos al shock de su recuerdo, sino más bien la excitación, las emociones que se mezcaban entre sí mientras apartaba sus manos.
El vaho salía de entre sus labios, el calor ascendía por todo su cuerpo, la emoción de volver a sentirlo después de tantísimo tiempo. Se había contenido por demasiado, alguien como él, que casi a diario tenía este tipo de emociones, y ahora solo lo deseaba.
Su miembro se acercó a su entrada, la excitación incrementaba, su lengua jugueteando en el cuello ajeno. Se relamió, sintiendo entonces los dedos ajenos en su propio cuello. Elevó la mirada una vez más, momento en que sintió el apretón, la falta de aire, el dolor... Ah, mierda... Su erección se sacudió, ahora insistente, no esperó, no podía soportarlo más. Entró, trató de controlarse, ir despacio, lento... pero fue incapaz. Entró la mitad de una sola estocada, requiriendo de una voluntad demasiado elevada para no terminarlo todo de un solo golpe. Esperó, trató de hacerlo, en serio que lo interntó, pero su interior era tan cálido, su tacto único. Su cuerpo se adelantó, empujando un poco más, esta vez despacio. —Lo siento... No puedo... Lo siento... Te necesito... — Maldita sea, no podía mantener su mente serena. Tantas cosas, todo tan repentino, todo tan consistente. Sus labios se entreabrían de puro placer, su cuerpo se contraía, sus músculos se tensaban.
La sola idea de imaginar que alguien más lo tomaba lo llenaba de furia. Era suyo, era solo suyo. Su Tezca, su... su querido Tezca. Maldita sea. Tomó ambos glúteos, apretándolos más hacia sí, buscando penetrarlo por completo.
Sus dedos siguieron moviéndose, acelerándose, sus caderas se movían al ritmo que marcaban las manos ajenas, sus labios jugueteaban con sus botones, primero el de un pecho, luego el otro, procurando que ambos tuvieran la misma atención. Su mirada no se apartaba sin embargo del rostro ajeno. No había pedido nunca tener sexo sin protección con nadie y la primera vez fue con él... Maldición... Ahora solo lo deseaba de vuelta, tenerlo, poseerlo, marcarlo como suyo. Sí... Tezca era suyo. El recuerdo de la llegada aquella primera noche de los eventos lo volvió a cegar, mordiendo su pecho con firmeza, dejando una nueva marca de sus dientes en el mismo. No iba a permitir que nadie más lo poseyera, no de nuevo.
Tezca era suyo.
No podía aguantarlo más, y más ante la confirmación del contrario. Retiró sus dedos con cierta urgencia, apartando sus manos, ahora sosteniendo las piernas por debajo de sus rodillas, elevando el cuerpo ajeno. El sudor recorría su frente, sus ojos cargados de emociones que ni él comprendía solo lo observaban desde su posición. Maldita sea... ¿cómo era posible ver semejante belleza y obra de arte frente a sus ojos? Sus temblores ahora no eran debidos al shock de su recuerdo, sino más bien la excitación, las emociones que se mezcaban entre sí mientras apartaba sus manos.
![[Imagen: EX5Zc3a.png]](https://i.imgur.com/EX5Zc3a.png)
—No te atrevas a arrepentirte...
El vaho salía de entre sus labios, el calor ascendía por todo su cuerpo, la emoción de volver a sentirlo después de tantísimo tiempo. Se había contenido por demasiado, alguien como él, que casi a diario tenía este tipo de emociones, y ahora solo lo deseaba.
Su miembro se acercó a su entrada, la excitación incrementaba, su lengua jugueteando en el cuello ajeno. Se relamió, sintiendo entonces los dedos ajenos en su propio cuello. Elevó la mirada una vez más, momento en que sintió el apretón, la falta de aire, el dolor... Ah, mierda... Su erección se sacudió, ahora insistente, no esperó, no podía soportarlo más. Entró, trató de controlarse, ir despacio, lento... pero fue incapaz. Entró la mitad de una sola estocada, requiriendo de una voluntad demasiado elevada para no terminarlo todo de un solo golpe. Esperó, trató de hacerlo, en serio que lo interntó, pero su interior era tan cálido, su tacto único. Su cuerpo se adelantó, empujando un poco más, esta vez despacio. —Lo siento... No puedo... Lo siento... Te necesito... — Maldita sea, no podía mantener su mente serena. Tantas cosas, todo tan repentino, todo tan consistente. Sus labios se entreabrían de puro placer, su cuerpo se contraía, sus músculos se tensaban.
![[Imagen: s3nRuMH.png]](https://i.imgur.com/s3nRuMH.png)
—Tezca... No dejes... que nadie más te haga esto... Nadie más que yo...
La sola idea de imaginar que alguien más lo tomaba lo llenaba de furia. Era suyo, era solo suyo. Su Tezca, su... su querido Tezca. Maldita sea. Tomó ambos glúteos, apretándolos más hacia sí, buscando penetrarlo por completo.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
