19-01-2026, 06:21 PM
Luego me eché hacia atrás, acomodándome mejor en la silla roja y acolchada cuando escuché que al otro lado algo crujió, no podía ver lo que estaba haciendo la otra mujer del otro lado, solo podía imaginarlo mientras escuchaba el ruido que causaba. Era molesto. Mientras intentaba reconstruir la situación y los movimientos de la mujer con mi mente lo poco que podía percibir, pero también seguí con la mirada la silueta difusa que se marcaba a tramen de la luz del ambiente, un brillo dibujaba los movimientos y contornos, sin dar mas detalles, y vi como a medida que se movía más se acercaban hasta que de pronto se detuvo justo frente a la puerta, mi puerta, esa maldita puerta que antes se habia negado a abrirse, entonces, con ironía la puerta se abrió dejando entrar la luz que parecía que no la había visto por mucho tiempo.
Levanté el brazo para cubrirme la cara, sintiendo como la luz chocaba con mis ojos mientras intentaba enfocar, entrecerrando los párpados con cuidado, y bajé el brazo lentamente trataba de acostumbrar la vista y distinguir ¿quien demonios me salvó de estar encerrada en este maldito mueble? Finalmente vi a una mujer blanca, con cabello rojizo, no era una monja, al menos ¿pero qué quería? Me quedé mirándola desde el asiento y me levante con la botella aun en la mano, sin apurarme, pero su presencia me tenía molesta. Avancé lentamente hasta salir del mueble y me dirigí hacia donde estaba ella —No que te creias tan inteligente… Estaba tan, pero tan tranquila y luego llegaste tú. Nadie te invitó aquí. ¿Viniste a confesarte o para qué… exactamente?— Le dije con una sonrisa ladeada. Y me detuve frente a ella, analizándola de pies a cabeza, tenía ganas de empujarla, distanciarla, pero sabía que podía matarla así de fácil… aunque fuese un poco más alta que yo. Pero no quería matarla, eso no importaba. Lo que importaba es que ahora podía escaparme.
